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opinión

VCF: Querer, saber y poder

27/02/2019 - 

VALÈNCIA. "La voluntad de querer llegar". Así reza el lema del libro del Centenario
del Valencia CF.
Y a esa filosofía tendrán que apelar Marcelino y sus
futbolistas, para darle sentido y brillo a una fecha en la que se cumplen
cien años de éxitos, fracasos, ilusiones, decepciones, tardes épicas,
noches mágicas y momentos inolvidables, en este primer siglo de historia de
un grande de España y Europa. Y eso, la voluntad de querer llegar, tiene
que ser la motivación superior de un equipo que se encuentra en un momento
crítico para decidir, como decía Menotti, si quiere ser toro o torero.
Enfrente estará el Betis de Setién. Un equipo con un estilo reconocible, al
que le gusta sacar la pelota limpia desde la cueva, que abusa del toque y
al que le faltan dos cosas para ser temible: profundidad y pegada. Un rival
que tiene su complicación, pero que es vulnerable porque sus puntos débiles
son precisamente los fuertes de este VCF. Ante los béticos la receta pasa
por destapar todas las esencias que ha inoculado Marcelino en este equipo:
defensa fuerte, garra, robo, transición y contragolpe de vértigo.
Si el
equipo es capaz de controlar su ansiedad y transforma sus ganas en voltios,
el gran paso para convertir incertidumbre en misión cumplida.

En juego, el paso a una final. Algo que el club no consigue desde 2008, en
mi añorado Vicente Calderón, el templo rojiblanco en el que el VCF
conquistó la Copa a costa de un Getafe que realizó una gran competición,
pero se vio superado por el orden, la experiencia y la mejor versión de
aquel Valencia de Koeman, que era tan inestable como impredecible. Once
años después, este VCF tiene el objetivo en el punto de mira, tiene la
posibilidad de recuperar el crédito perdido en un solo partido y no puede
permitirse el lujo de desperdiciar una ocasión de oro. Lo ha hecho varias
veces en Liga, pero no tiene margen de error en esta Copa. Y sólo existe un
camino para poder plantar la bandera en la final del Villamarín. Vivir o
morir con las ideas que, hasta ahora, con sus errores y sus aciertos, ha
implatando Marcelino.

Ante el Betis el Valencia necesita pisotear el traje de las fatalidades y
vestirse con el de las grandes noches. Mestalla va a ser un caldero
hirviente y el equipo necesita darle a su gente lo que todavía le debe:
motivos para un sentimiento, razones para el orgullo. No es que el Valencia
tenga que salir a comerse el campo, a morir en cada balón dividido y matar
con espacios, no. No es una elección, sino una obligación. Se gane o se
pierda, lo único que este Valencia no se podrá permitir será mirar a la
cara a sus aficionados con la duda de saber qué habría pasado si hubiera
sacado todo lo que tiene dentro. Precisamente por eso el Valencia necesita
ser lo que es.
Hacer todo aquello que sabe hacer y hacerlo bien. Durante
muchos años, este equipo adornó su leyenda y su vitrina gracias a un estilo
bronco y copero, a una personalidad reconocible y a un espíritu batallador
que, al aliento de su afición, le servía para ganar a cualquier rival, se
llamase como se llamase. Eso es, precisamente, lo que el Valencia CF
necesita para alcanzar una final después de once años:
ser fiel a su
historia, al abrigo de su afición y a una historia centenaria cuyo lema no
engaña: La voluntad de querer llegar.

El club tiene un gran entrenador -el mejor que puede tener, con la venia -,
tiene un buen equipo, juega en su casa – que en las grandes noches es un
templo- y tendrá de su lado a un público entregado a una pasión
inexplicable, su amor por el escudo del murciélago. Si el fútbol es saber,
querer y poder, el Valencia CF necesita demostrarse a sí mismo que sabe,
que quiere y que, sobre todas las cosas, puede. Que sea por el alma de
Waldo. Y que, de una vez por todas, el cielo estrellado de Valencia sea el
testigo del sonido inolvidable de un trueno, de un grito firme, como un
terremoto, que haga estremecerse a un club cuya historia merece una final.
El fútbol es querer, saber y poder. Es ahora, Valencia. Ahora.

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