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opinión

"Papá, ya no me voy a la cama"

9/02/2019 - 

VALÈNCIA. Recuerdos.Un viaje de añoranza hasta hace nada pero un viaje alucinante con final feliz y alegría desbordada. Ya era hora de que los nanos se fueran a la cama  y mi hijo mediano Juan, con el dos a cero en el marcador a favor del Betis, se despidió con car triste  me dijo que se iba a dormir, que se lo contara mañana. Había marcado Joaquín de un córner directo muy mal defendido por la escuadra valenciana y todo hacía presagiar un final de partido y de Copa del Rey francamente decepcionante. Y lo grave del caso es que yo veía que el Valencia no estaba jugando mal pero dos graves cantadas con el triste sello de Jaume daban una ventaja evidente al Betis y todo daba la impresión de que ya estaba definido y muy triste para un Valencia que soñaba con esta Copa.

"¡YA VUELVO!"
Y pasó lo que todos ustedes ya conocen. Cheryshev, atento y jugando a gran altura, anotó de forma inverosímil el dos a uno que daba cierta ventaja a un buen Valencia pensando en el partido de vuelta. Y chillé, chillé como un animal en el salón de mi casa, y mi chillido se abrió paso abriendo la puerta del pasillo, me dio un pequeño abrazo celebrando ese dos a uno y me dijo con voz grave pero alegre. "Bueno, me quedo, mañana me levanto pronto, no te preocupes". Y se sentó a mi lado con la cara sonriente y en el fondo empezó a querer la magia del fútbol como nunca antes le había sucedido. Huele que va a ser, si sucede que esperemos que sí, la primera final de toda su vida y la huele de alguna forma con cara de alucinado y a la vez sonriente. Y sí, se sentó a mi lado, y no paraba de hablar de pura emoción y sin dejarme trabajar a mi como tocaba en esos momentos. Fueron unos instantes repletos de tensión y cierta emoción. Yo estaba con el ordenador abierto medio enfocando lo que iba a ser mi crónica con ese os a uno final que parecía que iba a ser definitivo y pese a todo aun tuve tiempo de decirle al nano que tranquilo, que en el partido de vuelta nos bastaba con el uno a cero para pasar a esa gran final que estaba a la vuelta de la esquina.

Y DE PRONTO...
Y sucedió lo alucinante pero merecido. Al final del duelo llegó como por encanto ese gol de Gameiro que da una ventaja evidente al Valencia y yo en mi casa, presa de los nervios y emocionado por lo que estaba viendo, me dio una alegría tremenda y mi hijo se emocionó a lo bestia y me pegó uno de los abrazos más geniales y cariñosos que yo recuerdo. El dos a dos estaba ahí, el dos a dos marcó el final del partido, yo mané a mi hijo a la cama emocionado pero de forma directa y me puse a escribir la crónica de un partido especial y apto para el recuerdo de miles de valencianistas que ahora si que están viendo a un equipo especial y peleón como parecía al principio de temporada que eso era imposible en esta temporada que empezó francamente con muy mal pié para el Valencia. Pero no, el Valencia ha renacido a lo bestia y su mensaje de equipo peleón y ágil en el ataque ha llegado a una enorme parte del valencianismo que ahora ya sí cree en Marcelino y que ahora siente que sí, que tenemos una final a la vuelta de la esquina con una pinta memorable para un Valencia que ha renacido de forma formidable en un abrir y cerrar de ojos.

Y SE MARCHÓ A LA CAMA
Con el pitido final del partido mi hijo Juan me pegó un entrañable abrazo y se marchó directamente a la cama con la sensación de que su equipo del alma, con la sensación de que su Valencia, estaba ofreciendo una imagen entrañable y rozando un fútbol francamente espectacular. Y sí, borré todo lo que tenía escrito, le de una palmada gigante a Juan mientras le señalaba que se fuera disparado a la cama y me quede cara a cara con el ordenador pensando en todas las cosas bonitas y entrañables que siempre el fútbol de toda la vida y que de alguna forma estaba empezando a heredar de forma indisimulada un Juan que pensaba que eso de llegar a una final de lo que sea no estaba hecho para un equipo como el suyo, para su Valencia que nunca él había visto que llegara a la final de nada, y que por primera vez en su historia el Valencia acaricia una final que al fin y al cabo eso es un momento extraño para alguien pequeño que no lo había sentido, si pasa, en todo lo poco que lleva de vida.

UN ÚLTIMO MENSAJE
Camino ya de su cama, contento y alucinado, me mandó un mensaje que debemos estudiar todos por lo visto en el partido del Benito Villamarín. "¿Qué le pasa a Jaume?"... y se marchó a su cama soñando con la final pero algo mosqueado por la actuación de Jaume en este partido crucial. Y yo me quedé solo cara al ordenador y soñando en ese precioso abrazo que me había dado con mi hijo. Soñando y pensando, y efectivamente me quedo con lo que dijo camino de la cama. Me quedo con la sensación de haber vivido un partido memorable tras encajar dos goles estúpidos y me quedo con la pregunta que me hizo mi hijo Juan antes de irse a la cama. ¿Qué le pasa a Jaume? Y lo comento preocupado pero realista. Jaume me cae de cine pero está jugando una Copa del Rey francamente de forma lamentable. Pese a todo yo me marché a dormir pensando de nuevo en este Valencia y con una sonrisa de oreja a oreja. Y sí, Juan tenía razón y lo de Jaume es de cierta gravedad... pero todo eso comparado con lo que deben sentir los valencianistas más jóvenes sintiendo que estamos a un paso de su primera gran final fue lo que provocó que yo durmiera feliz y contento soñando con la alegría de todos ellos. Empatazo inolviable.

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