Baloncesto

ANÁLISIS | LA CANTINA

De mis primeras Copas de Europa a esta histórica Final Four

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VALÈNCIA. 

Mis primeras Copas de Europa tuvieron el sabor del ‘Un, Dos, Tres’, ‘Cañas y Barro’ y hasta ‘Mazinger Z’. Son recuerdos en blanco y negro de aquella televisión casi prehistórica con solo dos canales. La oferta, especialmente comparada con la de ahora, era tan escasa que cuando llegaba algo que te gustaba mucho, era un motivo de celebración. Yo he llegado a ver capítulos de ‘Curro Jiménez’ por la rendija de la puerta del comedor que había cerrado mi madre porque era muy tarde. No había otra oportunidad. El deporte ayudaba a romper la rutina del Telediario, La Clave o Informe Semanal. Espacios demasiado serios para un niño como yo.

La Copa de Europa de baloncesto era un viaje por el continente. A la ruidosa Grecia, la cercana Italia, el exótico Israel, donde jugaban en un pabellón con un nombre tan sugerente como la Mano de Elías, y la siniestra Unión Soviética. Los partidos contra el CSKA, un equipo del ejército, eran de los más atípicos. Se solían jugar a las tres o las cuatro de tarde (hora en España) y eso era un problema. Ese día, como sabía que mi madre era implacable con el colegio, alargaba la comida todo lo que podía, merodeaba un rato por la cocina y en cuanto mi madre se había despistado poniendo el lavavajillas, yo encendía la tele para ver todo el rato que pudiera a aquel jugador casi mitológico llamado Vladimir Tkachenko. Aquel pívot con un gran mostacho media 2,20 y eso, en aquellos años 70, era lo más parecido a la mujer barbuda.

Los primeros años siempre la jugaba el Real Madrid. Primero con Wayne Brabender, Clyford Luyk y Rafa Rullán, y después, ya en los 80, con Corbalán, Iturriaga, Fernando Martín, Fernando Romay…

Aquellos años fueron también los del descubrimiento de los grandes rivales. Ya hemos hablado de Tkachenko, pero también de Dino Meneghin, Nikos Galis, Miki Berkovich, Panagiotis Giannakis, Zarko Paspalj, Alexander Volkov, Drazen Pretrovic, Arvidas Sabonis, Toni Kukoc… No me perdí un partido de ninguno. Si había partido de la Copa de Europa, se veía.

Luego empezó a aparecer el Barcelona de Solozábal, Epi, Sibilio, Jiménez y Norris. O el de Montero y el famoso tapón/no tapón de Vrankovic que le costó una Copa de Europa al Barça. O aquel triunfo absolutamente contracorriente de la Penya en 1994. Un equipo increíble con los hermanos Jofresa, Jordi Villacampa, Mike Smith, Ferran Martínez, Juanan Morales…

El Pamesa, como se llamaba entonces el Valencia Basket, no podía soñar con jugar la Copa de Europa. En los 80 y 90 era un equipo menor que lo único que podía hacer, como demostró el Maestro Miki Vukovic, era apurar su escaso talento con una defensa feroz que llevara los partidos a marcadores muy cortos. Así, con ese mismo modelo, ganó una Copa de Europa el Limoges de Bozidar Maljkovic en 1993. El equipo francés se impuso en la final al Benetton Treviso por un escueto 59-55.

Han pasado muchos años desde aquella Copas de Europa en blanco y negro. Una época en la que el Torneo de Navidad del Real Madrid era todo un acontecimiento. Y después de todas estas décadas, de ver tantísimo baloncesto, de escribir penurias y alegrías del Valencia Basket, ahora, en 2026, ya con el pelo cano y muchas arrugas, el equipo valenciano ha llegado a una Final Four. Yo no creo que ganen la Euroliga, sería una proeza, pero conozco de dónde viene este equipo, sé muy bien qué es la Copa de Europa y por eso valoro tantísimo hasta dónde ha llegado este grupo magnifico liderado por Pedro Martínez. Los niños de ahora no tendrán que esperar tanto. Espero que todo el mundo lo sepa disfrutar. Yo lo haré.

 

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