Baloncesto

ANÁLISIS | LA CANTINA

Diakité, mi héroe de la Copa del Rey

Mamadi Diakité es el menor de cuatro hermanos de una familia de Conakry en la que su padre fue el hombre que lideró el plan nacional para erradicar el ébola en Guinea

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VALÈNCIA. Los focos de la final de la Copa del Rey apuntaron hacia Trent Forrest, elegido MVP, y Timothé Luwawu-Cabarrot, el máximo anotador. Pero el jugador del Baskonia que a mí me conquistó durante el fin de semana fue Mamadi Diakité, un pívot guineano de 2,06 metros de estatura y 29 años. Él, para mí, fue el verdadero puntal de los campeones.

Paolo Galbiati llegó a València con muchas carencias en el juego interior. Gran parte del peso en la pintura cayó sobre las espaldas de Diakité, un cuatro obligado a jugar de cinco. No le importó. Es de esos jugadores que hacen grande a un equipo por su trabajo oscuro. Un interior capaz de irse del Roig Arena con diez tapones, cinco de ellos en la final y cuatro en la semifinal. Tres de ellos pasarán a la posteridad. El primero, a dos manos, ante Toko Shengelia, apeó al Barça en las semifinales. El segundo, ante Edy Tavares, evitó que el Madrid se pusiera por delante, y el tercero, ante Mario Hezonja, Super Mario, fue providencial para ganar la Copa.

Mamadi Diakité es el menor de cuatro hermanos de una familia de Conakry en la que su padre fue el hombre que lideró el plan nacional para erradicar el ébola en Guinea. De joven, el deporte le llevó al fútbol, como centrocampista, y al atletismo, donde asegura que batió un récord nacional de salto de altura con 13 años. Lo más curioso es que su afición por el fútbol le llevó a convertirse en fan del Real Madrid, su rival en la final.

Cuando pegó el estirón casi que se vio obligado a probar debajo de las canastas. Luego vino una carambola. Su hermana le aconsejó que subiera a Facebook vídeos suyos jugando y, aunque él no tenía mucha fe en esta estratagema, al final llamó la atención de un guineano que vivía en Estados Unidos y se ofreció a ayudarle. Su padre costeó el viaje y el visado y Hassan Fofana, un guineano y exjugador universitario, le ayudó en 2013 a entrar en un internado masculino de Virginia que había a las afueras de Charlottesville.

Los inicios en Estados Unidos fueron difíciles. Diakité solo hablaba francés y varios dialectos de su tierra, en África occidental. Luego eligió la Universidad de Virginia para estudiar francés y jugar en la NCAA después de que le llamara el entrenador, Tony Bennett. Allí llegó a jugar un tiempo con el cabello teñido de rubio y allí coincidió con el jugador del Valencia Basket Braxton Key.

Los años en la universidad fueron inolvidables tanto por sus buenos resultados deportivos como por los académicos. Diakité se hizo un nombre en la cancha, el Paul Jones Arena, y se ganó una reputación en las aulas. Aunque resultó providencial la ayuda de un mentor, un guineano llamado Mamadi Diane. El momento culminante llegó cuando se proclamó campeón de la NCAA con Virginia.

Diakité, de solo 29 años, tiene un palmarés llamativo: es campeón de la NCAA, de la NBA, de la G-League y, ahora, de la Copa del Rey. Su anillo de la NBA lo alcanzó en 2021 con los Milwaukee Bucks. Aunque nunca logró echar raíces en ninguna franquicia y fue pasando por varias hasta acabar en la liga de desarrollo, desde donde dio el salto a Vitoria, la Liga ACB y la Euroliga.

La NBA fue un sueño cumplido para un admirador de Hakeem Olajuwon, un africano que salió de Nigeria para convertirse en una estrella mundial. Los aficionados de los Cleveland Cavaliers lo recuerdan porque le ganó un pulso a Joel Embiid. El entrenador, acuciado por las bajas de sus pívots, lo puso de titular a pesar de que solo mide 2,06 y apenas pesaba 102 kilos. Poca cosa frente a los 2,13 y 127 kilos de su oponente. La energía del guineano hizo el resto y solo le concedió seis canastas a su rival en todo el partido. Una minucia para un jugador de la talla de Embiid.

El ala-pívot siempre ofrece lo mismo: mates, tapones, triples, mucho trabajo y una sonrisa. Su llegada a Vitoria tampoco fue sencilla. En pretemporada empezó a dolerle el estómago y acabó ingresado en un hospital. Salió de allí después de perder más de diez kilos en cuatro días. Cuando empezó a jugar se quedó sorprendido al ver que Paolo Galbiati chillaba a los jugadores que lo hacían mal. Diakité no estaba acostumbrado a esto, pero luego aprendió que era porque el excéntrico técnico lombardo, que con las muecas de la celebración recordaba a Roberto Benigni, quería lo mejor de sus jugadores.

Diakité, que es padre desde diciembre, ya tiene un título más. Muchos pensarán que fue gracias a Forrest, Luwawu-Cabarrot, Omoruyi o Howard, pero sin este guineano que se hizo grande en el debilitado juego interior del Baskonia, nunca hubieran sido campeones de la Copa del Rey.

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