Dios salve a Pedro Martínez

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ANÁLISIS | LA CANTINA
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VALÈNCIA. Anda revuelta la València baloncestística. Parte de la hinchada del Valencia Basket parece que quiere colgar de un palo a Pedro Martínez donde se planta la falla de la Plaza del Ayuntamiento. Su delito, irse a otro equipo. El agravante, sospechar que pudo decir unas palabras inapropiadas el día de la celebración del título de Liga. El lunes se supo que se marcha al Real Madrid y desde entonces he leído una serie de barbaridades que producen más vergüenza que indignación.

¿Mintió el día que habló de unidad y continuidad porque ya sabia que se iba? No lo sé, pero vamos a suponer que fuera así. ¿Y? No me parece tan grave. Es un error, sí, pero no es más que un punto negativo que apenas afea todo lo que le ha dado a este club en las dos etapas en las que ha estado en València.

Pedro Martínez no es un traidor, ni un Judas, ni se parece a Pedja Mijatovic. Pedro Martínez es, probablemente, la mayor leyenda de la historia del Valencia Basket. El catalán es el técnico que le ha dado al club y a su afición dos títulos de Liga, una Supercopa y una Final Four. El nuevo entrenador del Real Madrid es también el responsable de que la gente, primero de València y después de toda Europa, haya disfrutado con un juego espectacular que nos ha enamorado a todos. Y Pedro Martínez, por último, es la figura clave que ha salvado la transición, compleja y arriesgada, de la Fonteta al Roig Arena.

La primera pregunta que le hice al entrenador cuando fue presentado hace dos años fue si no le imponía respeto tener el desafío de pasar de un pabellón a otro con casi el doble de localidades y que le ha costado un dineral al propietario del club. No hace tanto que el Valencia Basket era una medianía de equipo con Álex Mumbrú y entradas muy discretas, con muchas butacas vacías, en el pabellón de la Fuente de San Luis. Pedro Martínez le dio la vuelta, recuperó la ilusión por los ‘taronja’ y llenó el nuevo Arena con ese juego fantasioso. Tiene mucho mérito.

Pedro Martínez ha ganado dos Ligas. Las dos únicas que tiene este club. Me parece aval de sobra para hacer lo que considere y mantener la gratitud durante el resto de nuestras vidas. A mí, que no soy un forofo, me da igual que se vaya al Madrid. Es más, lo veo normal. Mucho ha tardado en llegarle la oportunidad. Qué se le puede reprochar a un profesional que te ha dado tus dos únicas Ligas en una competición en la que los dos grandes apenas han dejado escapar una docena de títulos. Ahora solo espero que los gestores estén a la altura y construyan otro gran equipo.

Su salida podría haber sido más elegante y, sobre todo, más inteligente. El día de la celebración podría haber elegido unas palabras que ahora no sonaran a una falsedad sonrojante, también es cierto. Y hasta podría haber dado una entrevista para explicar por qué ha hecho lo que ha hecho. O haber abierto una nueva cuenta de X y dejar escritas unas palabras de agradecimiento para el club y su afición. Pero qué es todo eso, pecados veniales, al lado de la magnitud de sus éxitos y su legado. Minucias. Yo no necesito explicaciones. Creo que no ha hecho otra cosa que, a sus 65 años, al borde de la edad de jubilación, coger el tren, quién sabe si el último, que le puede llevar a conquistar la Euroliga por primera vez. No es tan grave. Quizá solo falta empatía.

Pedro Martínez ha sido el mejor entrenador de la historia del Valencia Basket. Y punto. Quien quiera darle más vueltas que se las dé. Quién quiera insultarle, que le insulte. Allá él. Y quién quiera abuchearle el día que vuelva al Roig Arena, que lo haga. Pero nada de eso cambiara la realidad: Pedro Martínez es el hombre que les ha dado sus dos únicas Ligas.

Por mi parte, gratitud eterna. Gracias por este viaje tan apasionante.

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