VALÈNCIA. Has alcanzado ya los 50 o los 60 y sigues con lo mismo. Erre que erre. Déjalo ya. Sé que sois legión los siervos de la iglesia maradoniana, pero ya ha dejado de tener sentido. No es el mejor de la historia. ¿Tú me quiere vender que ha sido el más estético? Te lo compro. ¿Tú dices que tuvo más carisma que Leo Messi? Te lo acepto. Pero no, Diego Armando Maradona no ha sido mejor que Messi. Y cuanto antes lo asumas, antes dejarás de ponerte en evidencia.
Porque hace mucho que lo superó. Leo Messi debutó en la élite el 16 de octubre de 2004 y hoy, 10 de julio de 2026, prácticamente 22 años después, sigue ahí arriba. Sin apenas interrupciones. Hay historias tremendas de Maradona de cómo dejaba todos sus vicios y se ponía a entrenar como un burro antes de los Mundiales, pero luego volvía, decaía y se apagaba. Messi no ha tenido una intermitencia en 22 años.
No pienso cometer el error de enfrentarlos con los números en la mano. Que si uno ha ganado la Champions y el otro no. Que si uno elevó a un Nápoles mediocre y el otro creció rodeado de genios como Xavi, Iniesta o Busquets. Todo eso no vale de nada. Del mismo modo que tampoco tiene sentido comparar dos épocas. Antes se jugaba más duro, se pegaba mucho más a los delanteros, argumentan los fans de Maradona. Pero ninguno de ellos reconoce que ahora los futbolistas son mejores físicamente que antes. Así que, ya digo, no lleva a ningún lado comparar sus proezas.
Creo más en defender los años que lleva Messi siendo importante, el más importante, que los que estuvo Maradona en primerísima línea. También habrá quien piense que detrás del ordenador está un periodista joven que apenas vivió los años del Pelusa. Y es todo lo contrario. Yo me enamoré de él. Yo no había disfrutado tanto viendo a un futbolista como los años que él estuvo en primera línea, sobre todo en los Mundiales de México 86 e Italia 90, y los siete años que se hizo leyenda en Nápoles, donde aún se le recuerda en cada rincón de la ciudad.
Pero Messi ha sido igual de brillante y más constante. Han sido más años en la cima. Y, además, hemos visto una evolución que yo no conocía. Del jugador volcánico, tremendamente veloz, que no paraba de correr de sus inicios, al futbolista más sabio y reposado de los dos últimos Mundiales. Messi está siendo la estrella de esta Copa del Mundo con 39 años. No hay otro caso así. Decide los partidos por ese cóctel de oficio y talento que sigue siendo letal. Radiografía los partidos a la velocidad de un perezoso y luego los destripa porque, aunque sus piernas ya no son igual de veloces, su cabeza sigue siendo supersónica. Todo está en su cabeza.
Desde el último partido de la fase de grupos, le miro siendo muy consciente de que puede ser la última vez. Y me emociona ver que sigue deseando hacer campeona a Argentina. Él, al que llamaron pecho frío durante años en su país, sigue emocionándose hasta las lágrimas con la albiceleste puesta.
A su lado, dejándole hacer, cómo si no, Lionel Scaloni. El seleccionador es el personaje que más me atrae del Mundial. Educado, honesto, emotivo y, claramente, estratega. El algoritmo lo sabe y me acribilla a vídeos suyos llorando en el banquillo, o saludando a un excompañero en la sala de prensa, o mirando a Messi como lo miramos todos, embelesados. Porque no ha habido otro como él y debemos ser muy conscientes de que está a punto de extinguirse. Disfrutémoslo. Apurémoslo. Luego ya, si quieren, seguimos hablando de Maradona, con más literatura que fútbol. Y mira que tuvo fútbol.