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opinión / 13 de noviembre

Que el esfuerzo valga la pena

14/01/2020 - 

VALÈNCIA. Ni el guionista más retorcido hubiera escrito una película tan taquicárdica como la que se vivió en Jaén. Demasiados peajes que convirtieron una eliminatoria ante un rival de Tercera División en un examen de supervivencia. El Levante resistió porque le mola la Copa, porque es un formato que le ilusiona, aunque sea una competición plagada de factores externos que generan desacuerdos. Es complicado encontrar más adversidades y salir indemne: dos expulsiones, la lesión prematura de Oier entre palos por un terreno de juego impropio que no se cobró más víctimas de milagro y 120 minutos que pasaron factura en las piernas, pero solamente se podían hacer tres cambios y el de regalo en el tiempo extra. Paco López dijo que era casi imposible mantenerse en pie y que todos hubieran preferido jugar en sintético. Con sus palabras no quiso ofender a nadie y menos a un equipo que compitió como un jabato y se olvidó del DNI del que tenía delante, sino alzar la voz por un terreno de juego indigno para una competición que acapara más interés que nunca. Con ese escenario más parecido a la playa de la Patacona o la huerta de Alboraya, sin un espíritu competitivo hubiera sido imposible lograr el pase a la tercera ronda. Esa es además la mayor señal de respeto hacia un adversario de inferior categoría que acarició la posibilidad de eliminar a un segundo equipo de LaLiga y tener el premio de vérselas contra uno de los más poderosos, los de la Supercopa de España de la discordia, que ya entran en acción. 

Que delante estuviera un oponente del cuarto escalón no debe minimizar una clasificación a prueba de bombas. Lo reconozco, suena a tregua, se aleja de ese discurso de exigencia que reclamo en la competición de la regularidad, pero creo que es justo aplaudir el compromiso colectivo y la perfección en la tanda de penaltis después superar un encuentro con demasiados incendios que apagar, con más o menos precisión, y que hicieron que la imagen de preocupación de Paco apareciera más de lo debido en pantalla. Quizás todo hubiera cambiado si Morales no hubiera perdonado el 0-2. Sin embargo, la realidad fue que desde la expulsión de Nikola Vukcevic no quedó otra que apretarse los machos más todavía ya que la relevancia entre escudos se había reducido considerablemente. Tanto el Alavés, que había sucumbido contra el Jaén en la primera ronda, como el Getafe frente al Badalona en la pasada, no se sobrepusieron a sendas expulsiones y son los únicos de Primera que se han quedado por el camino. Celebré la clasificación porque, como el equipo, siento que se pueden dar más pasos en un torneo que ha ganado en alicientes, que a partido único hasta semifinales depara emociones fuertes y que sirve para reflotar a futbolistas menos habituales, echar mano de la variedad de recursos y evitar riesgos, más ahora que el calendario se envenena con tanto partido. Hay fondo de armario y el vestuario está mentalizado en ir a más. Ojalá que el sacrificio en Jaén valga la pena y no haya que lamentar el sobreesfuerzo. 

El 3-5-2 frente al Alavés

Menos mal que hay un margen de seis días desde la clasificación en La Victoria al partido que debe centrar más todavía los esfuerzos. Con la contrariedad de los dos paradones de Oblak a Bardhi en el Wanda en la memoria, el primer encuentro de 2020 en el Ciutat será ante el rival que marcó un punto de inflexión la pasada temporada. El 30 de septiembre de 2018 fue la última vez que el Alavés pisó el Ciutat. Después de arrancar con un 0-3 inolvidable en el Villamarín, no hubo continuidad y los reveses se precipitaron. Con solamente un punto de los quince siguientes, Paco le dio un giro de 180 grados a su pizarra y alineó por primera vez esa línea de tres centrales (Cabaco, Postigo y Róber Pier) y dos carrileros (Jason y Toño) que fue la seña de identidad de la resurrección. Además tocó remontar porque los vascos golpearon primero con el 0-1 del ahora valencianista Rubén Sobrino. Ese 3-5-2 tuvo continuidad y tres triunfos seguidos en Getafe, en el Bernabéu y en el Ciutat frente al Leganés. La montaña rusa de Paco en menos de tres meses: recital en casa del Betis, cuatro derrotas y un empate, y luego cuatro alegrías seguidas. Como ha sucedido este curso tras la bofetada del Espanyol, la reacción contra el Alavés, que llegaba cuarto clasificado, se produjo al tocar fondo en Pucela. La recompensa nació desde las alas. Marcaron Jason y Toño sus primeros tantos de la temporada y en el caso del ‘3’ fue su estreno realizador como profesional al aprovechar un rechace y batir a Pacheco con un zurdazo seco, raso y junto al poste. De ahí en adelante, hubo un embotellamiento de acontecimientos alrededor de estos protagonistas del último precedente. Distintos, difíciles de lidiar, pero que forman parte del pasado. El gallego firmó por el Valencia y ahora está cedido en el Getafe. El lateral de Puerto de Sagunto ha vuelto a escena con el propósito de no ceder el sitio que ahora le pertenece. Tuvo la alternativa en Granada por los problemas físicos de Clerc y ha dado un paso al frente. En el Wanda, con ambos disponibles, Paco decidió mantenerlo en el once. Sin minutos en Jaén, ahora apunta a su cuarta titularidad seguida en la competición doméstica. 

Superada la Copa del Rey, hay que volver a recuperar el discurso de exigencia y esa necesidad de no dejarse llevar y conformarse antes de tiempo con el mínimo de la permanencia. Hay que apretar el acelerador y golpear a uno de sus rivales que no acaba de enchufarse, aunque tiene argumentos, sobre todo en ataque, a tener muy en cuenta. El Levante murió en la orilla del Metropolitano, pero igualmente debe seguir mirando hacia arriba. El sábado comienza la segunda vuelta con 26 puntos, a cinco de Europa y con once de margen con respecto al pozo de la clasificación. Creer en algo más, o por lo menos luchar por ello hasta que las matemáticas digan lo contrario, pasa por no ceder en casa y sumar la sexta victoria. Postigo, Radoja y Rochina, con descanso para Jaén, recuperarían su sitio. Así como otros que no entraron en acción, aunque sí viajaron, como el propio Toño, Borja Mayoral o un Roger que entró en la prórroga. El ‘Pistolero’, que cumplirá 100 partidos de azulgrana en Primera, arranca la segunda parte del curso como el máximo goleador nacional con sus nueve tantos. La gestión de su fuego interno es crucial para soñar en grande. Su voracidad es incuestionable. Como dijo Sergio León, el ’9’ está en un nivel espectacular. Es el eje motor de la vertiente ofensiva de un Levante con menos tantos (26 como Getafe, Osasuna y Betis) solamente que Barcelona (49), Real Madrid (36), Real Sociedad (33), Villarreal (33) y Valencia (29). La doble referencia del Alavés le pisa los talones. Lucas Pérez, con ocho goles como Gerard Moreno, Loren Morón y Ángel Rodríguez, tiene en Joselu a un aliado de garantías con sus siete dianas al igual que Oyarzabal, Iago Aspas y Morata. 

¿Volverá a ser suplente Morales como frente al Atlético? Sería una imagen casi inédita en el Ciutat. Habría que remontarse al cierre de la temporada pasada en casa ante el propio conjunto colchonero y que por aquel entonces no había nada en juego porque la permanencia ya era un hecho. La de la pasada jornada fue una decisión técnica y entró nada más arrancar la segunda parte por un Mayoral que pidió el cambio porque estaba mareado y fuera de combate para poder regresar. El discurso con el capitán no varía. Jamás se esconde, lo intenta, pero no acaba de romper el cascarón. Le falta ese golpe de efecto que le rellene el depósito de confianza porque su versión más reconocible es necesaria para continuar mirando al frente y no echar un vistazo al retrovisor por si los de abajo reaccionan. 

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