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opinión / peleando a la contra

San Oblak

5/01/2020 - 

VALÈNCIA. El icono del partido, sin duda, fue Oblak y sus dos paradones trascendentales a Bardhi, en el 82' y en el 93', que impidieron el empate (o la victoria, ¿quién sabe?) del Llevant en el Metropolitano.

La primera intervención fue inverosímil. Bardhi inventó un eslalon que parecía no llevar a ninguna parte, ante el creciente acoso de peones rojiblancos. Ya en torno al corazón del área, con la jugada a punto de desleirse, dibujó un latigazo de genio con la puntera, sin tiempos académicos ni postura de tiro. Sólo Oblak imaginó una resolución así y sacó una palma de la nada para desviar lo justo un balón que se colaba junto al palo.

La segunda fue menos espectacular: Hernani la colgó al área como sus colegas de banda no habían sabido hacer en 90 minutos, negados en esta faceta: una pelota abierta para llegar a ella a la carrera e inalcanzable para el meta. Lo que viene a ser un centro canónico. Irrumpió el macedonio como Eolo, pero no supo amorrarla con la cabeza y la puso justo allí donde un portero de balonmano intercepta balones con los brazos no se sabe muy bien cómo. La imagen de Bardhi, ovillado junto al palo, tras marrar el empate en el último suspiro, es el otro icono del partido: el de un futbolista humilde, comprometido y brillante, que viene firmando un crecimiento espectacular. El mejor ayer, otra vez. 

Pero, ¿qué sucedió antes? El Llevant desperdició la ocasión de meter mano a un Atlético ramplón. La defensa granota se mostró frágil, muy vulnerable; y sus laterales, incapaces de levantar un balón con intención hasta el área. Se fallaron demasiado pases fáciles y los revulsivos no lo fueron: Morales, maniatado, no tocó balón; Hernani apareció apenas un poco más.

La primera parte fue, para el espectador neutral, un regalo: juego intenso y vertical, con idas y venidas, y opciones de gol. Seguro que ambos entrenadores no lo vieron igual: ese fútbol alegre estuvo propiciado por un sinfín de defectos defensivos en ambas áreas, sobre todo la granota. A los 40 segundos de partido el Atlético ya dispuso de una triple ocasión de gol. Y hasta el minuto 20 los colchoneros abusaron de los zagueros granota: aprovechaban las pérdidas medulares de siempre para lanzar contras rápidas a la espalda de Postigo y evidenciar que la defensa de ayer es una temeridad en Primera. No faltó actitud, sino capacidad; lo cual es más preocupante, si cabe. Sólo se salvó Cabaco, por su juventud, que le ofrece un margen de mejora considerable, y porque estuvo rápido para enmedar errores y despistes de sus compañeros.

Otra cosa es el sistema defensivo, más allá de los cuatro de atrás. El Llevant ofrece a menudo el clásico 3-2-5 de hace un siglo, con el consiguiente agujero en el centro que Radoja, por más que se multiplique, no es capaz de taponar. López confía en Campaña-Rochina-Bardhi, con la cobertura del serbio, y los laterales avanzados para contrarrestar las virtudes del rival, con toque y posesión. Detentar el balón garantiza, sin duda, que no lo tiene el rival, para crear peligro, pero también aumentan (cuando no se tiene a Xavi-Iniesta-Busquets) las posibilidades de perderlo y propiciar contragolpes que devienen drama cuando el sistema defensivo es incapaz de ser eficaz sin balón. La gran pregunta es la misma, desde hace meses: ¿no tendría más equilibrio el equipo, sin perder demasiada capacidad de toque, con Vukcevic por uno de los jugones, como ya se demostró al final del curso pasado? Ayer, por ejemplo, la posesión se sumó prácticamente sin la participación de un Rochina desaparecido y fallón. 

Con todo, la primera parte estuvo igualada y, tras el 2-1, la locura benefició al Llevant que contó con un sinfín de incursiones y acercamientos mal resueltos y de balones parados inocuos, incluída la enésima falta al borde del área que Campaña arrebató a Bardhi para desperdiciarla. No hace tanto, el macedonio hacía temblar a los guardametas rivales, en esas tesituras, como si se tratara de Messi. La falta de confianza ha aniquilado esta opción ofensiva. Cuando el árbitro pita a favor, en el balcón del área, la afición recuerda al mejor Bardhi, pero entonces el Llevant se convierte en un equipo de patio de colegio, donde prima el lucimiento personal y la estadística. Hay futbolistas que caen de pie y a los que se consiente todo. 

Todo el mundo sabía que, tras el paso por vestuarios, el empate se complicaría: la bronca de Simeone a su equipo, que se contagió del intercambio de golpes ofrecido por el Llevant, debió ser de órdago. Y tras el descanso, volvió un Atlético mucho más reconocible: sólido atrás, guardián del preciado botín, y buscando las pérdidas levantinas para urdir el contragolpe. Los blaugrana (ayer envueltos con ese infame pijama celeste, desplazando de nuevo el blanquinegro fundacional) no inquietaron en exceso a Oblak, pese al dominio y las sensaciones. Los madrileños pudieron sentenciar, pero dejaron vivo el partido para que el portero esloveno se convirtiera en el héroe.

LAS CLAVES, por Borja Bens.

La fragilidad defensiva granota es especialmente sangrante cuando se juega contra rivales que han estudiado esa limitación y son capaces de lanzar balones rápidos a la espalda de los centrales.

Al Llevant le faltó profundidad y acierto en el pase, pero Campaña, Bardhi y Radoja movieron al equipo con criterio y dejaron al Llevant con un 60% de posesión.

En el descanso, Simeone cerró las grietas que el Atlético mostró atrás en la primera mitad.

Ni Morales ni Hernani fueron el revulsivo que López esperaba.

Atlético 2-1 Llevant Metropolitano 59.000 espectadores

UNO A UNO: Aitor (7); Coke (4), Postigo (4), Cabaco (6), Toño (3); Radoja (7) (Vukcevic (sc) 85'); Bardhi (8), Campaña (7), Rochina (4) (Hernani (5) 72'); Mayoral (5) (Morales (3) 46'), Roger (7).

Paco López (6)


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