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opinión pd / OPINIÓN

Season Finale

31/07/2020 - 

VALÈNCIA. Desde hace poco más de 20 años, cuando se estrenó 'Los Soprano', vivimos en la llamada “tercera edad de oro de las series televisivas”. Nuestra forma de consumir material audiovisual ha cambiado y somos capaces de ver series que duran diez horas casi de un tirón pero nos mostramos indignados porque Scorsese hace una película de tres horas y media en la que no sabemos cuándo tenemos que levantarnos del sofá para echar un pis. Son los tiempos que nos ha tocado vivir. Tiempos en los que hemos adoptado términos propios de las series, como cliffhanger o season finale, que hace dos decenios nos hubieran dejado fríos.

Este artículo que estáis leyendo es el season finale de mis colaboraciones para Plaza Deportiva en esta temporada, el último capítulo de un serial que comenzó en septiembre, se complicó un par de semanas después y ha derivado en una de las campañas más interesantes del culebrón Meriton. Y es que, si en las cinco temporadas anteriores, asistimos a un montón de vaivenes, cambios de criterio y decisiones arbitrarias por parte de la propiedad del club, en esta se ha producido el hecho definitivo que ha enseñado la verdadera cara de los gestores de la entidad. Para explicarlo gráficamente, es como el quinto capítulo de la primera temporada de 'Los Soprano', cuando Tony, que hasta entonces nos ha parecido un personaje simpático, que se limitaba a dar órdenes pero que miraba para otro lado cuando la muerte se cruzaba en su camino, acude con su hija Meadow a visitar universidades en el estado de Maine con el fin de que buscar un centro educativo para la chica el año siguiente; por casualidad, en su camino se cruza un viejo socio que se ha acogido al programa de protección de testigos, un delator de los chanchullos de la mafia, y, después de decirle a su hija que tiene que atender unos negocios, se “encarga” personalmente de resolver el problema.

El desmantelamiento de la estructura deportiva que comandaban Mateu Alemany y Marcelino es, siguiendo la comparación audiovisual, algo parecido a ese capítulo de 'Los Soprano', el momento cumbre de la temporada y, por extensión, de la serie. Si, hasta entonces, la política deportiva de Meriton era errática pero parecía haberse reconducido con la contratación de un director general y un entrenador con recorrido, su destitución puso las cartas sobre la mesa para adivinar las intenciones de los personajes que rigen el Valencia. Hasta ese momento, confiábamos en que Lim y los suyos eran simplemente millonarios que habían comprado un club a más 10.000 kilómetros de distancia de donde residen y que estaban en proceso de adaptación a la particular idiosincrasia del Valencia CF. Ahora sabemos que su único plan es ganar dinero a toda costa, vendiendo jugadores y comprando otros de su cuerda, para generar comisiones y que el negocio rule, sin importarles los éxitos deportivos, eso solo queda para las promesas de un futuro mejor que nunca llega. El Valencia les importa un bledo si no les genera beneficios con sus operaciones.

Una regla de oro en toda season finale que se precie es que ha de tener un cliffhanger para que el espectador no abandone el serial, un hecho que lo enganche para que siga la siguiente temporada. Como marca la regla, este se ha dado en los minutos finales, con el fichaje de un nuevo entrenador que, en cierta manera, ilusiona por razones tan peregrinas como que no está representado por Mendes y ha sacado petróleo de algunos equipos mediocres a los que ha entrenado. Pero los guionistas del culebrón Meriton son imprevisibles y, en unos meses, podemos ver cómo Gracia les ha dejado de hacer gracia, por razones tan inescrutables como su escasa predisposición para el funcionariado, y aparecen como salvadores los Karanka, Rui Faria, Tiago Mendes o cualquier otro técnico portugués de la órbita del amigo del dueño.

 La sexta temporada se presentaría apasionante si no estuviera en juego el futuro del club. Felices vacaciones.

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