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fallece españeta, un utillero covertido en santo y seña de multitud de generaciones

Un símbolo eterno

15/10/2020 - 

VALÈNCIA. Un nuevo mazazo en el corazón del valencianismo, y de los duros. La desaparición ayer de Bernardo España Edo, 'Españeta' se ha convertido en un golpe para todo el entorno del Valencia CF: incluso podríamos ir más allá y hablar de una persona querida y recordada por todo el fútbol nacional.

Desde cualquier rincón de la geografía española se han producido multitud de muestras de cariño para la figura de quien, sin proponérselo, ha ayudado a engrandecer la enorme dimensión del Valencia CF como entidad. Que la entidad de Mestalla haya tenido entre sus filas a un activo de semejante valor supone una aportación a su dimensión como sociedad de incalculable valor.

El día que, recién cumplidos los dieciséis años, aquel accidente de moto trunco la carrera de un prometedor futbolista (se rompió el tendón de Aquiles), comenzó a forjarse una leyenda de unas dimensiones que difícilmente hubiera podido alcanzar sobre el terreno de juego.

Fueron 55 años de servicio al club, y de ganarse el aprecio y la admiración de todos. Bernardo fue utillero, padre, hermano, confesor, amigo, confidente, y un referente para todos por su bonhomía. Su figura se agigantó de tal manera en el corazón de cualquier valencianista, que Españeta siempre figurará en un lugar destacado sólo reservado a grandes emblemas como Jaume Ortí.

De Españeta siempre se recordará su facilidad para estampar firmas en camisetas y balones firmados que imitaban a las originales de los futbolistas. Cuenta la anécdota que la imitación de la firma de Mario Alberto Kempes era tan perfecta que un día se propusieron ver hasta dónde llegaba. Así que Españeta acompañó a Mario hasta la puerta del banco y dentro del coche el argentino le dijo "firma estos talones y si no te ponen pegas y dan por buena tu firma como si fuera mía, te doy la mitad del dinero que vayas a cobrar". Dicho y hecho, el bueno de Bernardo firmó los talones, entró al banco y cobró los cheques como si los hubiera firmado el mismo Kempes, que entre incrédulo y divertido cumplió con su palabra de compartir la cifra retirada de la entidad bancaria.

Pero no olvidemos su faceta futbolística. Españeta era un más que prometedor proyecto de futbolista, y pese a que el ya mencionado accidente cercenó su sueño de ser jugador, no menguó su técnica. El dominio que tenía Españeta era de tal calibre que Alfredo Di Stefano le tuvo que pedir en más de una ocasión que dejara de hacer malabarismos con la pelota para no afrentar a los propios futbolistas de la primera plantilla (hasta más de 700 toques aseguraban que podía llegar a dar en un día inspirado).

Pero no se puede negar la dedicación y minuciosidad para con su faena. En la época en la que los equipos viajaban siempre por carretera (hasta finales de los 70 o principios de los 80), Españeta dormía en Mestalla para tenerlo todo preparado para a la mañana siguiente salir por carretera hacia cualquier lugar. 

Su minuciosidad y detallismo en el trabajo le proporcionó algún susto. En una ocasión en el antiguo Carlos Tartiere de Oviedo (comienzos de los 90), Españeta fue al estadio para ir distribuyendo en el vestuario la ropa de los futbolistas que esa misma tarde iban a disputar un partido contra el equipo local. Tan ensimismado estaba el bueno de Españeta en colocar todo en el orden correcto que los porteros del campo se olvidaron que se quedó dentro del estadio y él no se dio cuenta hasta pasado un buen rato de que se había quedado encerrado. Sus gritos para buscar una salida llamaron la atención de los perros guardianes que tenían en el Tartiere para vigilar el estadio y acabaron acorralando al utillero. Afortunadamente alguien escuchó sus gritos y fue en su ayuda dejándolo todo en una anécdota que contaba con su particular estilo entre chascarrillos y carcajadas del resto de futbolistas.

Su complicidad y carácter servicial queda resumido en que era el "custodio" durante los partidos de un Rolex de Pedja Mijatovic. El reloj, valorado en unos dos millones de pesetas (unos 12.000 euros actuales) fue olvidado por su dueño al salir con prisa una tarde de Mestalla. Para asegurarse tener el reloj controlado en todo momento, Españeta acabó durmiendo esa noche con el reloj puesto hasta entregárselo en persona a Pedja al día siguiente.

Genuino, trabajador, fiel, simpático, cómplice de los vestuarios y por tanto respetado por ellos. Y eso, en un mundo de tantos egos, como es el de fútbol habla de la grandeza de una persona respetada por todas las generaciones de futbolistas que han pasado por sus manos. El presidente del club, Anil Murthy afirmó ayer que era un día triste y que se estaban buscando fórmulas para homenajear a Españeta.

"La historia del Valencia se resume en la vida de Españeta", dijo en su día el exfutbolista y ex entrenador del equipo Quique Sánchez Flores, e incluso el mismo Jorge Valdano -de fugaz recorrido en la entidad de Mestalla-dijo de él que era un "especialista en seres humanos".

El valencianismo y el mundo del fútbol lloran la pérdida de un extraordinario ser humano que ha trascendido para convertirse en uno de los símbolos más potentes del club al que sirvió toda su vida. "Yo he nacido para vivir y morir por el Valencia CF", llegó a decir en una entrevista. Descanse en paz.

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