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13 de noviembre / OPINIÓN

Alessio me representa

15/03/2022 - 

VALÈNCIA. Uno podrá estar de acuerdo o no con las decisiones de Alessio Lisci, con su análisis después de cada partido, con que si es el entrenador idóneo para revertir esta situación y obrar el milagro de los milagros. Lo que no admite debate y es de sombrerazo es su transparencia delante de un micrófono y su defensa del escudo a pecho descubierto, que otros suavizan o incluso se les olvida y dan por asumida esta realidad porque sí. Su discurso tras el último resultado me representa, ni una coma cambiaría, y ya he perdido la cuenta de las veces que ha demostrado su absoluto levantinismo contra todo y pese a todo. Si nos vamos a Segunda División no va a ser por el penalti del sábado, pero hay que decir las cosas claras y no pasar por alto una acción que a estas alturas de la competición hace muchísimo daño. Es injusto no haber tenido la posibilidad de lanzarlo. Y por supuesto luego había que meterlo. Es otra piedra más en una mochila pesadísima, aunque también pienso que aferrarse a esta acción y tapar los muchísimos horrores que se han cometido es esconder la realidad. No justifica que llevemos 19 puntos de 84, 14 jornadas como colistas y 20 en puestos de descenso.

De posible penalti, nada de nada; fue como una casa. Reconozco que en el estadio me dio la sensación de que era una simple disputa y que fruto de la necesidad de ganar sí o sí, Dani Gómez hizo más por caerse. Cabrera llegó tarde y atropelló al ‘21’. Es imposible que el colegiado pudiera ver el contacto en la posición en la que se encontraba. Por tanto, ahí es cuando el VAR debe entrar y es injustificable que a Díaz de Mera no le dijeran por el pinganillo que fuera a la pantalla y rectificara un error tan gordo porque estos dos puntos ya no vuelven y condicionan. Si esto le sucede al vecino ardería Troya. Y es que no es la primera vez que la tecnología hace estragos en momentos clave. Por ejemplo, no me olvido de la roja que debió ver el valencianista Rubén Iranzo por una entrada desproporcionada a De Frutos que precedió al 2-4. Igualmente insisto en que un hipotético descenso tendría motivos mucho más determinantes que las decisiones arbitrales en contra de los intereses granotas. Pero, ojo, que no nos traten por bobos.

Si esta es la mejor generación de árbitros es para preocuparse y resignarse. Habrá que exigirles que demuestren ese cartel del que sacan pecho y que no concuerda con lo que se ve reflejado en el terreno de juego. Están muy protegidos y no les penalizan estas equivocaciones que pueden marcar el futuro deportivo y económico de los clubes. Es constante la sucesión de fallos por jornada y en cualquier campo. Y no me vale eso de que unas semanas te dan y otras te quitan; más ahora que esta ayuda debería emplearse para que no haya un jaleo constante y que semana tras semana no sean ellos los protagonistas como está sucediendo, sin dejar respirar a los que verdaderamente lo deberían ser. Y ya no entro en el nivel de histeria que genera entre los aficionados. Visto lo visto, es normal que se crea que un escudo o una trayectoria (jugador o entrenador) condicionen tantísimo. Es inconcebible que a Alessio le amonestaran por gritar “cambio” (el de De Frutos) porque no le dejaban hacerlo. O que Darío, su segundo, pagara los platos rotos y le expulsaran por una protesta al unísono del banquillo.

Hay dos opciones: o sentir que esto ya ha acabado como casi todos aceptábamos tras la derrota ante el Cádiz en el Ciutat o resistir y creer en lo imposible. Me quedo con la segunda opción, sin dudarlo. Igual que antes había motivos para cerrar la paraeta, ahora los hay para luchar hasta que no haya solución. Es evidente que cuesta seguir en pie. Es lo que tiene arrancar desde tan atrás por el peaje de la improvisación, la pérdida de tiempo y la autodestrucción que parecía que no tenía fin y generaba daños colaterales. Una combinación explosiva que en una realidad lógica hubiera enterrado cualquier posibilidad de permanecer en la máxima categoría. Esto es el Levante y todo es posible.

Hay que ser realistas, la distancia aún es considerable (a seis puntos del Granada y quedan 30 por disputarse), pero me resisto a cerrar antes de hora una temporada tan desesperante, porque creo que todos nos hemos ganado el derecho a soñar por mucho que el calendario que resta sea para echarse a temblar. El nulo margen de error al haber tirado tantos meses a la basura hace que empates como el último sean complicados de digerir. Después de sumar siete puntos de nueve (dos victorias ante Atlético y Elche y el 1-1 en Vigo) es un paso atrás el uno de seis al caer en San Mamés y no poder vencer al Espanyol en casa. Estamos en una situación límite y no se pueden dejar escapar tantas oportunidades, viendo a su vez que los rivales directos tampoco alzan el vuelo.

No es la primera vez que el Levante fue un querer y no poder. Hubo mejoría como estructura, en las vigilancias, también más dominio y posesión, pero en tres cuartos de campo faltó esa claridad necesaria para decantar el encuentro y recortar más la distancia con la permanencia. Con muy poquito, el rival volvió a oler la sangre y asestó un golpetazo inmerecido. Me quedo con que ahora el equipo no agacha la cabeza cuando se ve con el marcador en contra y persiste con más o menos criterio. Es verdad que el empate llegó con un regalo del guardameta suplente, que entró por la lesión de Diego López. La reacción no tuvo el premio completo y no queda otra que ir a morir a Pamplona, a sumar de tres, y esperemos que sea con Morales y De Frutos, futbolistas determinantes, protagonistas y que encuentran grietas donde no las hay cuando los partidos se enredan. Será la primera de las últimas diez jornadas que como decía Luis Aragonés marcan el futuro de todas las escuadras.

Ante Osasuna no hay cuentas que valgan: hay que ganar. De ahora en adelante será uno de los pocos adversarios sin el aliciente deportivo de Europa ni la urgencia clasificatoria. Han hecho los deberes. El Levante debe demostrar que le va la vida en esta reválida y en las nueve restantes. Aunque Miramón volverá a estar disponible después de cumplir sanción frente a los pericos, Marc Pubill demostró que está capacitado de sobra para ser el dueño del carril diestro de esa defensa de cinco que parece inamovible y que mantendría. Incansable. Energético. Es una gran noticia la explosión de la factoría. Presente y futuro que ojalá sea en Primera División: el mencionado Marc, Cárdenas, Pepelu, Cantero y los que vienen pisando fuerte desde atrás.

Y en este proceso de creer en lo imposible, la figura de Campaña es esencial. Hay que dejar a un lado todo lo que ha pasado alrededor del andaluz y estar con el ‘24’ en lo que queda de temporada. Ya tendremos tiempo para extraer conclusiones cuando esto acabe. Desde que fue convocado por Luis Enrique, no hemos vuelto a ver esa versión que le hacía ser un jugador diferencial. Las lesiones le han minado y el equipo lo ha notado. Así como esos detalles fuera de los terrenos de juego que le han desacreditado de cara a una afición que le perdona muy poco y lo entiendo. Tengo ganas de verlo de aquí al final formando dupla en la medular con Pepelu. Sé que cuesta, pero hay que enterrar el orgullo y aglutinar esfuerzos por ambas partes. Porque al final, el destino pondrá a cada uno en su sitio y quedará claro quiénes estarán en el barco o se bajarán incluso sin despedirse si el desenlace deportivo acaba siendo el que no queremos.

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