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/ OPINIÓN

Bordalás y los mariachis

18/01/2022 - 

VALÈNCIA. Quien olvida la historia se condena a repetirla. Prandelli propuso refuerzos. Agua. Un día insinuó el famoso “aporta o aparta” y le pusieron en la frontera con la misma rapidez que le contrataron: “Fuori”. Los mariachis mediáticos le cantaron “Las mañanitas” a Peter Lim y a otra cosa, mariposa. Marcelino propuso refuerzos, cuando se los trajeron dio gloria al club y cuando pidió que no se debilitara al equipo, cuando osó querer hacer grande lo que la propiedad quería hacer pequeño, le echaron de manera sibilina. Los mariachis mediáticos volvieron a cantarle “Las mañanitas” a Peter Lim y a otra cosa, mariposa.

Celades puso nombres sobre la mesa. Para qué. Le despacharon. Los mariachis mediáticos volvieron a sacar la guitarra para cantarle “Las mañanitas” a Peter Lim y encantados de haberse conocido, a otra cosa, mariposa. Javi Gracia pidió refuerzos, se sintió engañado, se quiso ir y cuando levantó la cabeza, se dio cuenta de que la política del máximo accionista es cambiar todo para que nada cambie. Volvieron a sonar los acordes y las guitarras de los mariachis y nadie le dijo a Peter Lim aquello de “cuate, aquí hay tomate”. José Bordalás asumió el reto, pidió refuerzos en verano, los sigue pidiendo en invierno porque al equipo no le alcanza y viendo que los fichajes son cero al cociente y bajando la cifra al siguiente, harto de estar harto, ha dado un paso al costado. Y claro, los mariachis, felices por comer perdices, han vuelto a cantarle “Las mañanitas” al máximo accionista. “Dejen trabajar”, dicen. Propietario, Meriton Holdings. Y a otra cosa, mariposa. Cabe preguntarse si en la fiesta de Blas, cuando la propiedad se canse de Bordalás, habrá otro inquilino disponible para un banquillo tan inestable como indefenso, porque se llame como se llame el siguiente, heredará los mismos “marrones” que se han tenido que comer sus predecesores. Palabras huecas, discursos vacíos y promesas que no valen nada, porque el modelo es el que es: cambiar todo para que nada cambie. No hay mal que cien años dure, ni valencianista que los resista, pero cómo se puede articular un proyecto medianamente serio y no algo que limita con los tebeos de “13 Rue del Percebe”, cuando la propiedad es incapaz de asumir que los entrenadores no están para hacerle el caldo gordo a la propiedad, sino para mejorar al equipo, clasificar para Europa y representar lo mejor posible un escudo en el que Meriton no piensa, porque el máximo accionista se ha cansado de un capricho al que ha abandonado en un rincón, como si fuera un juguete roto. 

Un día, quizá no muy lejano, Bordalás se cansará y se irá con la música a otra parte. Nadie se sorprenderá. Será pura inercia. Fruto del desgaste. Producto del hastío de un profesional que se exige alcanzar los objetivos deportivos que, por historia y masa social, debe pelear un club grande en España y en Europa. Bordalás se irá y cuando eso pase, serán legión los que se tiren a su yugular para culparle hasta de la muerte de Chanquete. Entonces, volverá a sucederse el bucle infinito de mediocridad y miseria donde algunos son más felices que un marrano en una charca. Aparecerán los mariachis mediáticos, le cantarán por enésima vez “Las Mañanitas” a Peter Lim, rebuznarán aquello de “ponlos tú” y las redes sociales se alimentarán con el manido, sobado y estomagante “dejen trabajar”. No es triste la verdad. Lo que no tiene, es remedio. Aquí paz y después, gloria.

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