opinión

El fútbol en diferido

En otros años, la logística fallera se habría adaptado a la simultaneidad de los actos de la Cremà con la posibilidad de ver con el rabillo del ojo las correrías de los chicos del murciélago ante el Barcelona. Pero no. Ahora se sufre en silencio.

22/03/2017 - 

VALENCIA. Domingo, 19 de marzo. 23.30 horas. Mientras Valencia y buena parte de la Comunitat ardía controladamente como la Roma de Nerón, servidor se calzaba un café recién llegado de su voragine fallera -el menda es de Les Barraques, de Catarroja-, para meterse entre pecho y espalda en riguroso diferido el Barça-Valencia. Sorprendentemente, sin saber nada del resultado, salvo un gol de Mangala, voceado por el fallerío barraquer con la boca pequeña entre bocado y bocado de bocata de embutido con pisto. Lo que tiene una lectura bastante triste: al aficionado del Valencia le pasa como a Peret con las mujeres, ni fu ni fa. En otros años, la logística fallera se habría adaptado a la simultaneidad de los actos de la Cremà con la posibilidad de ver con el rabillo del ojo las correrías de los chicos del murciélago ante el Barcelona. Pero no. Ahora se sufre en silencio. No se siente el corazón porque los ojos hay veces que ya no ven. Y la afición se ha singapurizado. Ya no adaptan las costumbres al horario. Tebas, con su liga televisada nos va ganando. Y ya no sabemos si, en esto de la decepción, fue antes el huevo o la gallina.

Porque, nuevamente, el equipo no transmite. La perenne autogestión por parte de los jugadores, contando las jornadas que faltan para acabar este Via Crucis liguero es lo único que les mueve para saltar al campo cada semana. Una semana menos para estar en Ibiza, cuentan algunos en el vestuario. Y cada acción de talento de Soler o las galopadas de Gayá son los clavos ardiendo a los que agarrarse para que el corazón no deje de latir. Y teniendo las coartadas perfectas de la desgobernanza del club y del, dicen, palo blando de Voro, el mar en calma y el esfuerzo controlado llevarán al puerto de la mediocridad a esta plantilla. Con el pasaporte ganando polvo. Otra vez. Otro año.

Y el de la grada, sin querer, sufre. Por escaldado. Y comienza ver fantasmas por todas partes. Mostrar unos dientes, que pueda ser o no una sonrisa, como Garay, una ofensa al escudo. Intercambiarse la camiseta con los mejores jugadores del planeta, una ofensa al escudo. Todo lo que no sea mostrar sangre, rabia y patadas, una ofensa al escudo. Y ojo, que si Enzo da alguna, también es una ofensa, porque busca borrarse. El valencianista está en un punto en que solo se conforma llegando al horizonte, pidiendo imposibles para satisfacer el despecho y la tristeza de aficionado. Un doloroso haiku del balón.

Lo bien cierto es que hay parón de selecciones. Y que se acerca la enésima operación de restyling para Meriton. Han buscado un nuevo Amadeo Salvo que fue Salvo antes que el propio Salvo y que hará el camino inverso de Salvo. De Baleares a Valencia. Mateo Alemany es el nuevo Mesías encargado, cuentan las crónicas, de dotar de coherencia y trellat a la gestión de Meriton. Recomendado por todos a los que escucha Peter. Y partimos con ventaja. No es icono del valencianismo, así que si lo quemamos, nos dará un poco igual. Es colega de Tebas, por lo que se supone que automáticamente ganamos peso en La Liga, que para algo servirá. Pero enemigo de Villar, por lo que igual lo que ganamos por un sitio, lo perdemos por otro. Y, en estos casos, importa bien poco sus simpatías como aficionado y mucho menos su lugar de procedencia. Hay varios ejemplos de que eso no es garantía de nada en todos los entornos de los que se nutre el valencianismo. De hecho, hay más foráneos que de la tierra en el imaginario valencianí, empezando por la prensa y acabando por entrenadores históricos. Pero eso sí, ya ha sido matado antes de llegar. Que se acostumbre. Eso es tan valenciano como las Fallas. Su primera cornada sin pisar el albero.

Habrá que saber, o intuir, cual va a ser su función. Preguntar acertadamente cuando llegue el momento de su puesta de largo. Y comenzar a construirse una opinión por sus hechos, no por sus palabras. Las de Pako y Suso fueron buenas, pero no se llegaron a ejecutar, por ejemplo. Y si Alemany consigue la ansiada libertad de movimientos, Peter Lim puede quedarse tranquilo a los chopocientos mil quilómetros donde se encuentra y seguir viendo los partidos de su equipo en diferido, que es también como lo dirige. Ojalá sea capaz Alemany de hacerle ver y entender que la mejor manera de conservar la inversión y no devaluarla es potenciar de verdad el aspecto deportivo, sin jugar a ser Gil y Gil y usando la cabeza como no lo hace Sergio Ramos, de cráneo para adentro. Aunque para el año que viene llegue tarde.

Manda narices que la pizca de ilusión que nos queda brote por un fichaje de despachos. Odio eterno al fútbol moderno.

Maldito fútbol en diferido.