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OPINIÓN / 13 DE NOVIEMBRE

El problema cíclico de las pérdidas

22/10/2019 - 

VALÈNCIA. El semblante de Campaña era el reflejo de la frustración de un Levante que avisó, pero no golpeó. Que no se lo creyó, que no dio el paso definitivo y cuando intentó darlo por obligación ya era tarde. Que quiso proponer, pero se quedó a medio camino porque con balón aún no se siente lúcido y sigue sin desangrar al rival. Que claudicó por un mal endémico: una pérdida crucial y de vacío a Valencia. No me vale el discurso de que delante estaba el Sevilla, lo sabemos todos y es normal que cualquiera busque explotar sus virtudes para hacer daño al que tiene delante. Faltó constancia y consistencia hasta el final. Esa que sí tuvieron Ocampos y, sobre todo, Jesús Navas, que corrían con la misma intensidad del minuto 1 en el 90. Que fuera Campaña el que metiera la pata es anecdótico. Es increíble que además ese instante de apagón se produjera en un partido en el que había alcanzado un 75 por ciento de media de efectividad en la distribución del esférico. El problema es que estas situaciones se encadenan, se suceden en bucle, sin remisión, pillan al equipo descompuesto, fuera de lugar, y el rival hace estragos. Podía haber sido el ‘Metrónomo’ o cualquier otro compañero. Ante Osasuna fue Radoja y Rubén García, a lo Navas, hizo el resto aprovechándose de la permisividad defensiva. Y en el Villamarín, en esa fatídica prolongación de la primera parte, tres cuartos de lo mismo: Sergio León se encantó en campo propio y Joaquín tocó en arrebato para comenzar la reacción de un Betis que desde aquel día solamente ha sumado un punto en tres encuentros y ahora mismo es tercero por la cola. 

"Por un error en los últimos cinco minutos, un mal pase que intento dar a mi compañero se convierte en una contra y en el gol de ellos. Después del esfuerzo que ha hecho el equipo durante esos 85 minutos, tirarlo por una desconexión hace que te vayas jodido. Todo parecía que estaba para el 0-0 y se nos va el trabajo que habíamos hecho”, declaraba Campaña todavía a pie de campo de un estadio especial para el andaluz y en un día que debió ser para recordar porque cumplía 100 partidos en la máxima categoría, los 80 últimos con la camiseta granota. Su desconexión costó un punto cuando parecía que el atropello constante desde los costados había terminado. Tampoco creo que sea justo que deba asumir todas las culpas de un cara a cara que fue un dos contra uno constante. Un asedio de récord esta temporada: 49 centros ejecutaron los andaluces (15 completados). Para colmo, Luuk de Jong estrenó su cuenta en LaLiga. Fue el ansiado gol del delantero desesperado que ha necesitado 21 remates para quitarse de encima el cero de su casillero personal. 

Fue un centenario amargo para Campaña. Encima hizo de tripas corazón para dejar atrás una amigdalitis y ponerse el mono de faena en un escenario familiar y contra un rival que intentó traérselo de vuelta a casa. El interés fue real, igual que los problemas tras su renovación, que condicionaron un proyecto que sobre la bocina se repuso al yugo del fair-play para así poder inscribir a un Radoja que se ha convertido en capital en el engranaje de Paco. Demasiados remiendos a correprisas para cuadrar la hoja de ruta en tiempo y forma. Un panorama que se enquistó por tensar la cuerda y creer por adelantado en realidades que no se produjeron. Después del reciclaje, el saldo positivo es una cantidad pírrica que compromete la opción de reforzarse el próximo mes de enero si la realidad clasificatoria lo obligase (ojalá no fuese necesario), así como adecuar algún caso significativo, con los emolumentos en la mano, que dista mucho de su rol de actor protagonista. Situaciones y pérdidas al margen, Campaña es la piedra filosofal, uno de los imprescindibles junto a Aitor, Vezo, Morales o un Roger que se lo ha currado para ser el ‘9’ titular. Sus riesgos dan puntos y también emborronan resultados. Pero no hay que pasar por alto que después de la ‘cagada’ hay una acción a controlar y la lista de hipotéticos señalados no solamente se reduce al que ha propiciado el contragolpe rival. Lo de las pérdidas es un problema cíclico. El Levante lleva sumido en la imprecisión en las nueve jornadas. 

Esos patinazos están agudizando las evidentes fugas y convirtiendo a Aitor Fernández, cuya merecida ampliación de contrato está a punto de oficializarse, en el mejor prácticamente todos los encuentros. Junto al protagonismo del guardameta, al estilo de lo que sucedía con Keylor Navas, la derrota en el Pizjuán dejó más realidades como la facilidad en la que el Sevilla convertía la banda de Toño en la Feria de Abril en octubre o la comodidad que tuvo De Jong ante Cabaco para dejar atrás su gafe. A la postre, por mucho que Paco López afirmara que “es una pena que el trabajo, el esfuerzo y la concentración del equipo durante todo el partido no se haya plasmado en algo positivo", su Levante volvió a sucumbir contra un rival que la temporada pasada le propinó un 11-2. Este 1-0 aumentó a 22 partidos seguidos como visitante encajando gol (20 de Liga y un par de Copa). Y repito, siendo Aitor el mejor de este arranque con 11 puntos y en mitad de la tabla. No puedes depender tanto de sus paradas milagrosas.

El Levante volvió a transitar por polos opuestos y compitiendo hasta que le llegó. Con resistir no es suficiente y más contra un Sevilla que va a fogonazos y tiene argumentos determinantes para poner en jaque las debilidades granotas más evidentes. De instantes de sufrimiento a treguas de tranquilidad. De acariciar un punto a perderlo por uno de esos despistes en la medular, de desconexión. El castillo de naipes desencajado, dos o tres toques en transición para que Navas, constante, descarado, con piernas frescas, cabeza despejada y consagrado como uno de los mejores laterales derechos del planeta, hiciera más profunda la autopista. Cuando el 0-0, como en la 12/13, 13/14 o 17/18, parecía el desenlace y el Sevilla se había cansado de poner en jaque desde las alas, el error de turno y el golpe mortal. Me resisto a reconocer que las pérdidas forman parte de la esencia de Paco; un factor que incide en que los partidos del Levante son una ruleta rusa y eso hace que la imprevisibilidad envuelva cada batalla. Mal vamos si es así. 

El déficit de extremos

La del domingo fue una muerte en la orilla y apenas sin tiempo para dar un paso al frente tras la estocada definitiva. Que me perdone Paco, pero no encuentro esa valentía que pregonó en rueda de prensa. En la intentona final para no volver de vacío, que Campaña y Bardhi acabaran de extremos, sin serlo ni parecerlo, también es llamativo. Un ejemplo más de la deficitaria planificación en esa demarcación. Todavía no hay un esquema base, no hay un once definido, aunque creo que no es tan importante el dibujo sino saber ejecutarlo en el verde. El preferido va más enfocado a jugar con alas y ahí solamente hay dos naturales, Morales y Hernani, que se pasan más tiempo intentando defender que atacando. El ‘Comandante’ sigue sin romper el cascarón y al portugués, diferente en ataque, se le ven las costuras atrás y además al descanso ya iba justito de fuerzas ante un oponente que exige tanto con sus hombres de banda. Llevo grabado a fuego el día que Manolo Salvador expuso en la presentación del ex del Oporto que el Levante se preparaba para jugar con un 4-3-3. Sin relevo para Jason Remeseiro ni Moses Simon, no me salen las cuentas. O reconviertes a Campaña, Bardhi, Melero o Rochina, uno de los cuatro descartes en Sevilla, y minimizas sus virtudes, obligándose a defender, una cualidad que no llevan en la sangre; o tanto el mencionado 4-3-3 o el sistema fetiche de Paco (4-4-2) se queda en un brindis al sol porque con lo que hay, con roles excesivamente repetidos, no alcanzas el equilibrio. 


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