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El Valencia de despedida de solteros

Ese Valencia de despedida de solteros, canalla y oportunista, es más una proyección que una constatación. ¿Pero es a dónde vamos? Con la seguridad que aporta la defensa de Murillo (y con la utopía de tener un lateral derecho solvente), con un centro del campo competitivo y una delantera poliofensiva que se reparte los goles a cuotas...

15/03/2018 - 

VALÈNCIA. Una vez demostrado que si el Valencia gana con suficiencia a un cuartofinalista de Champions debe significar que es al menos mejor que el octavo mejor equipo de Europa (eh, que es broma), parecería que la temporada ya está sellada y solo queda pulir detalles, como confirmar la presencia entre los cuatro primeros. Detallitos… 

Ese objetivo está próximo, pero hay otro paralelo del que no estamos hablando. Qué quiere ser este equipo, cómo quiere evolucionar, qué va a ser de mayor, la temporada que viene. Es recurrente y previsible compararse con el principio de la primera etapa de Ranieri, cuando calladamente asentó un modelo grupal del que bebieron todos los éxitos posteriores. No nos engañemos, apenas hay semblanzas pero sí una cierta intuición ambiental de que se puede estar ensamblando un equipo a largo plazo con un mismo estilo.

Lo que llevamos de curso no dilucida qué estilo tiene este equipo. Más bien qué estilo potencial podría tener. Se han sucedido tres fases: el Valencia vertiginoso, fulgurante y atrevido; el Valencia que, ante los problemas, se replegó sobre sí mismo hasta la castración ofensiva; y en lo más reciente el Valencia práctico que toma precauciones y castiga las debilidades ajenas, que juega a no destaparse los pies ni cubrirse demasiado la cabeza, siendo menos vistoso, más seguro, más especulador.. 

El sábado tras el trabajo apurado en el Pizjuán Antonio Agredano de El Mundo esbozó en su crónica del partido el alma pretendida del equipo. Quizá por la distancia sevillana, por la provisionalidad de un partido, elevó a categoría una tendencia. Pero su trazo afinaba: “El Valencia mastica el gol con avidez y escupe el hueso (...) El Valencia de Marcelino es chispa, granujería y gol. El Sevilla de Montella es un equipo aseado y sin malicia. El camino que va de una despedida de soltero a una Primera Comunión”, escribió. Quizá después del paso por Manchester el diagnóstico local es distinto…

Ese Valencia de despedida de solteros, canalla y oportunista, es más una proyección que una constatación. ¿Pero es a dónde vamos? Con la seguridad que aporta la defensa de Murillo (y con la utopía de tener un lateral derecho solvente), con un centro del campo competitivo y una delantera poliofensiva que se reparte los goles a cuotas, la mejor imagen que se imagina para la 18/19 es la de ese grupo seguro que es capaz de aguantar hasta que, medio agazapado, caza al rival. Discutamos si es lo que queremos o preferimos otro ejercicio de estilo, una propuesta más vistosa. 

El marcelinismo comienza a dirigir su camino. Lo que resta de temporada es un tiempo privilegiado para armar esas constantes, para acabar de dibujar un equipo de bocado rápido. Sí a esa idea. 

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