/ OPINIÓN

En una galaxia muy muy lejana

8/05/2022 - 

VALÈNCIA. Me invitaron mis compañeros de la Cadena Ser y del diario As a un emotivo acto para recordar los veinte años que se cumplen de aquella irrepetible Liga de la temporada 2001-2002. Ese curso, y los cinco siguientes, disfrute del privilegio de poder relatar en las páginas de El Mercantil todo lo que aconteció alrededor del Valencia más laureado de su centenaria historia. Hablar de aquella histórica conquista me parece algo así como adentrarse en los pasillos del Museo de la Prehistoria. Me da la sensación que ha pasado mucho más tiempo de lo que refleja el calendario. Son veinte años, sí. Pero lo recuerdo como algo demasiado lejano. La distancia entre ambas realidades del Valencia es galáctica, como aquel Madrid de los Zidane, Ronaldo, Raúl, Beckham, Casillas o Roberto Carlos, que dobló la rodilla ante un equipo excelso como lo era el nuestro.

El Valencia ganó la Liga y le sobraron jornadas. Casi nada. Han pasado veinte años y no parece que fue ayer. Insisto en que el tiempo que ha pasado me parece una eternidad. Hablar de la Liga de 2002 es como si habláramos de otro fútbol. Es como si recordáramos al Valencia de la Delantera Eléctrica, del mítico gol de Forment o de la Recopa de Heysel. Han pasado demasiadas cosas después de aquella tan esperada Liga que se nos resistió durante 31 años. La delicada situación que a día de hoy atraviesa la entidad amplía más si cabe la distancia temporal. Es como si ahora viviéramos en un otro lado futbolístico. En una realidad paralela con gente incomprensible al mando que desde su llegada a Mestalla ha traído el caos bajo el brazo.

¡Que gesta la de aquella Liga de 2022! No solo competimos contra el Madrid, sino también ante un Deportivo pletórico que quedó subcampeón y contra un Barça con una mezcla holandesa-brasileña. En Europa, nos batimos el cobre contra un Inter de Milán que nos eliminó de manera injusta con Farinós jugando de portero y pidiendo la hora en Mestalla. Aquel Valencia cuyo proyecto fue diseñado por Javier Subirats y ejecutado con maestría por Rafa Benítez podía ganar o perder. Pero siempre competía. Desde un partido jugado un 17 de marzo en Vallecas, en un encuentro en el que el Rayo remontó un tempranero gol de Angulo, el Valencia ya no volvió a perder ninguno de los siguientes ocho encuentros del campeonato. Al día siguiente a aquella derrota, Benítez escribió la siguiente palabra en la pizarra del vestuario: “¿Queremos?” Y el Valencia quiso pelear por todo.

Ahora, por desgracia, no estamos para competir ni para pelear por nada. Solo el gran trabajo de Pepe Bordalás y el sacrificio de un grupo de currantes que ha hecho piña nos ha permitido llegar hasta una nueva final de Copa. Pero las fuerzas, y la calidad, llegaron hasta donde llegaron. Ahora, por desgracia, no estamos para ganar la Liga. Ni siquiera para pelearla y perderla en la orilla. No estamos para ganar nada. Solo estamos para preservar lo poco que nos queda. Se llame Gayà o Carlos Soler. Solo podemos fomentar la cultura de club, recordar con rabia y nostalgia los grandes que fuimos, y maldecir en hebreo por lo pequeños que nos quieren hacer estos impostores de Singapur.

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