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se pone por sexta vez al frente de un vestuario fracturado, esta vez con el objetivo más ambicioso de sus experiencias como técnico

Enésimo servicio de Voro

30/06/2020 - 

VALÈNCIA. Contra su voluntad y tras otra decisión fulminante llegada desde Singapur, Salvador González Voro volverá a coger el volante del Valencia para que el club no se estrelle en las próximas seis jornadas de Liga. Eso sí, esta vez es distinta a las otras seis ocasiones en las que el de L'Alcúdia se ha tenido que sentar en el banquillo de Mestalla: no será para -solo- hacer de parche salvavidas, sino que el equipo está a tiempo de, si firma buenos resultados, clasificarse para competición europea la próxima temporada y que el torbellino en el que vive inmerso el club sea un poco menos destructor. 

Su primera etapa como entrenador en Primera División fue tras el cese de Ronald Koeman el 27 de abril de 2008, once días después de proclamarse campeón de Copa en el Vicente Calderón. Voro era en ese momento y desde 2005 -después de entrenar al Mestalla durante temporada y media- el delegado del primer equipo y accedió a salvar al Valencia del descenso tras la negra etapa del holandés en la ciudad. Entonces restaban cinco jornadas para el final del campeonato y el Valencia, tras perder 5-1 en San Mamés, vivía a dos puntos del pozo de la Segunda División. 

Voro cumplió con creces su labor de 'apagafuegos' mientras el club, en medio de cambios en la presidencia, rastreaba los pasos de Unai Emery para coger al equipo la siguiente campaña. Debutó con un 3-0 ante Osasuna y, pese a salir goleado del Camp Nou en su segunda experiencia, consiguió ganar los tres últimos choques para colocar a los valencianistas décimos con suspiros de alivio por evitar un descenso dramático. 

Cuatro cursos más tarde, precisamente tras la salida de Unai Emery del Valencia y el fin de la era Mauricio Pellegrino, el de L'Alcúdia volvió a dejar el cargo de delegado para asumir el papel esta vez de temporero puro y duro: dirigió el último encuentro de fase de grupos de Champions League ante el Lille (ganó 0-1 con gol de Jonas). Fue un triunfo intrascendente para la clasificación, pues los octavos ya estaban amarrados, y depsués volvió a echarse a un lado para dejar hueco a Ernesto Valverde.

La siguiente experiencia fue la primera vez que Meriton echó mano del delegado para sustituir momentáneamente un cese fulminante. Fue el de Nuno Espirito Santo tras perder en Sevilla, en noviembre de 2015. Entonces Voro agarró el timón un par de partidos, uno de Copa ante el Barakaldo y otro de Liga, pero en este caso muy importante: la visita del Barça a Mestalla. No perdió ninguno: ganó ante los vascos y empató ante los catalanes con un tanto de Santi Mina en el 86'. Se plantó así con 8 partidos dirigidos y solo una derrota, firmando pronto uno de los mejores balances de un técnico con el murciélago en el pecho. 

Y continuó esa racha en el cuarto de sus servicios. En aquel diciembre de 2015 llegó Gary Neville que, tras firmar otra etapa negra de la historia valencianista, dio lugar a Pako Ayestarán. Un oscuro inicio de Liga 2016/2017, con cuatro derrotas en cuatro partidos, llevó a Voro a levantar a un equipo hundido: perdió ante el Atlético en Mestalla (aquel encuentro en el que Diego Alves paró dos penaltis a Griezmann) y triunfó ante Alavés y Leganés antes de la llegada de Prandelli. Esa misma temporada, esta vez después de la dimisión del italiano, firma su quinta etapa -y última hasta ayer- con 25 encuentros en los que mantiene al Valencia a cierta distancia del descenso y lo deja 12º al fin de campaña para dar paso al proyecto de Marcelino García Toral de la mano de Mateu Alemany e incorporarse a los despachos como Director de Organización del primer equipo.

El objetivo más ambicioso de su carrera en los banquillos

En las cinco anteriores etapas como director de orquesta, nunca antes Voro había tenido un objetivo tan claro y ambicioso: clasificar al equipo para Europa. Sus etapas se han contado hasta ahora por parches a cortísimo plazo o como finales abruptos de curso para achicar agua con el barco a medio hundir. 

El nuevo entrenador del Valencia ha cumplido con creces siempre que se ha puesto al frente de la plantilla valencianista. 36 encuentros y 13 derrotas. Especialmente su último servicio fue el menos jugoso en cuanto a resultados y sensaciones: se sucedieron derrotas durísimas como el 0-4 del Eibar o el 1-4 ante el Celta en Copa del Rey precisamente en su debut ese ciclo. Eso sí, lo hizo con uno de los vestuarios más complicados en Mestalla. De hecho, el inicio del proyecto de Marcelino se llevó por delante figuras como Diego Alves, Enzo Pérez o Fabián Orellana, que también salieron del club con la opinión de Voro tenida en cuenta por los conductores de la nave.

Voro era entrenador en el 0-4 del Eibar en Mestalla 

En esta ocasión el Valencia está a tiempo, matemáticamente incluso, de alcanzar la Champions League, aunque es algo que se antoja harto complicado. La Europa League, de hecho, también se ha puesto cruda y gran parte de las opciones pasan este miércoles por Mestalla en el choque ante el Athletic. En cualquier caso, ahora ese es el objetivo deportivo que tiene el salvador del Valencia, de nuevo con un vestuario en el que los problemas con Celades, el desastre de resultados y el constante tambaleo en la dirección 'multiubicación' de la entidad han dejado una huella visible. 

Carlos Soler vuelve a las órdenes de su primer tutor en el Valencia

Pese a que fue con Prandelli con quien el actual '8' del Valencia dio sus primeros pasos en la primera plantilla blanquinegra, no fue hasta la prolongada llegada de Voro en esa (hasta hoy) última etapa cuando el valenciano tuvo un protagonismo potente en un centro del campo donde Mario Suárez, Álvaro Medrán y Enzo Pérez no terminaban de carburar a la vera de Parejo. 

Con Voro en el banco se produjo uno de los momentos más míticos de Carlos Soler con la camiseta che: el golazo de vaselina contra el Celta en Mestalla (3-2) tras una gran jugada individual y pase al hueco de Enzo Pérez. Antes también había abierto la lata ante el Villarreal en La Cerámica y, más allá de ver portería, se empezó a fraguar el futbolista al que después Marcelino dio continuidad. 


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