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opinión

¿Estamos disfrutando de una buena temporada?

Pero aunque se reconozca el mérito grupal… ¿estamos disfrutando de la buena temporada? Me da la sensación que, desde que se dio por hecho que quedar entre los cuatro primeros era un trámite gracias al arranque vertiginoso, se descuentan las semanas del calendario con desgana...

8/03/2018 - 

VALÈNCIA. Aquel partido ante el Mallorca entre sudoraciones y un alma adolescente. Los noventa se acababan y Mestalla tenía acné. El Valencia se clasificaba para la Champions, conexión mediante con Vigo. Luego vendría todo lo demás. Ranieri agitaba los brazos en un sentido epílogo a su primera etapa, obligado a marchar por los condicionantes educativos de su hija (jiji). El Piojo, con un brazo medio intervenido, insuflaba. Aquel estadio, aquel día, era un hervidero de emociones iniciáticas que sencillamente corresponden a la confluencia entre expectativas, precedentes y contexto social. 

Sería temerario comparar y esperar que, si el Valencia se clasifica para Champions, Mestalla sea esa fiesta. Hartos del revival, mirar atrás y querer experimentar lo mismo por lograr los mismos puntos es un camino sin salida, engañoso. Expectativas, precedentes, contexto social. Por eso mismo el Valencia, con Unai, no paraba de clasificarse entre los tres primeros pero estaba insatisfecho perdido. Por eso esta temporada el equipo podría sellar su puesto Champions y reconocerse con más afecto. Por expectativas, precedentes, contexto social. 

Pero aunque se reconozca el mérito grupal… ¿estamos disfrutando de la buena temporada? Me da la sensación que, desde que se dio por hecho que quedar entre los cuatro primeros era un trámite gracias al arranque vertiginoso, se descuentan las semanas del calendario con desgana. Fuera de la Copa, hay una sensación de trámite burocrático en el alma de los partidos que se juegan. 

Si para las generaciones más recientes clasificarse para Champions genera cierto efecto novedad, cierta excitación, el regusto melancólico que tenemos el resto de generaciones contagia la mirada soberbia. Contribuye un marco mediático en el que aquello que no es rutilante no existe.

Ante una entrada flojeando como la del partido del Betis se buscaban explicaciones sin encontrarlas. La falta de motivación, dar por hecha la Champions, un juego gris, el latido fallero y el no sé qué.

Mestalla es improbable que tenga esta temporada otra tarde como aquella ante el Mallorca. Somos hijos de otro tiempo. Pero sí, en cambio, deberíamos reconsiderar lo que queda de temporada. Rehacer un equipo de donde no había nada; plantear un proyecto deportivo serio, con un entrenador solvente; levantarse tras semanas vagando… son motivos suficientes como para seguir disfrutando de una temporada. 

Llegar a Champions -por expectativas, precedentes, contexto social- merece algo más que un final de trámite.

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