Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Política de Cookies Aceptar

Hoy es 12 de agosto y se habla de valencia cf DANI PAREJO francis coquelin gabriel paulista
GRUPO PLAZA

opinión / OPINIÓN

Expertocracia

8/05/2020 - 

VALÈNCIA. Estaban en nuestras vidas, aunque no nos diéramos cuenta. Estaban en las tertulias televisivas, exhibiendo sin pudor sus extensos conocimientos sobre cualquier tema que saliera a colación; en las grandes empresas, como consejeros que, a través de las puertas giratorias, trabajaban como asesores; en las redes sociales, vestidos con el disfraz del cuñado, dando consejos y pontificando sobre cuestiones banales o trascendentes, y, sobre todo, en los medios de comunicación, como testimonio implacable de su existencia. Si no, hagan la prueba. Escriban en el buscador de Valencia Plaza la palabra “expertos”. Salen más de 13.000 titulares protagonizados por esa extraña raza.

Lo que nunca imaginamos es que los expertos acabarían tomando el poder. Ha tenido que ser un virus letal el que ascendiera al poder a los expertos, el que les diera la voz definitiva, antes reservada a foros en los que podían tener seguidores y oyentes, en los que proclamaban su peculiar sabiduría pero sin mando en plaza. El COVID-19 ha llenado nuestras vidas de expertos, ha despertado la expertocracia. Todo el mundo tiene unos cuantos, gente por la que se deja influir y que lleva a tomar decisiones o posicionarse de una forma u otra. Expertos de toda clase, ideología o forma de actuar, expertos científicos, bacteriológicos, biológicos, médicos y de cualquier rama de la ciencia. Expertos políticos, económicos o sociales. Expertos, al fin y al cabo, que acaban tomando decisiones, aunque sea por boca de otros.

El fútbol también tiene sus expertos, por supuesto. Y se han puesto a trabajar para reiniciar las competiciones, le pese a quien le pese. Bueno, en realidad, los expertos solo trabajan en el fútbol masculino porque, en el femenino, o no hay expertos o han aconsejado que lo mejor es acabar la liga, nombrar un campeón y eximir del descenso a los clubes que se lo habían ganado a pulso, entre ellos el Valencia CF. Pero volvamos a los varones, que son, por lo que parece, los únicos que importan a los expertos. Tebas se ha buscado unos expertos que le han diseñado un plan para retomar la liga a corto plazo, por medio de unas medidas preventivas que incluyen tests a tutiplén, limpiezas exhaustivas de las instalaciones y una especie de pretemporada que se aplicará por fases, como la desescalada que proponen los expertos del gobierno. Pero resulta que la opinión de esos expertos difiere de la que tienen los expertos de la sanidad pública, de la asociación de jugadores e incluso de algunos futbolistas, transformados ellos mismos en expertos por miedo a contagiar a sus familias, amigos y amantes. Esto de convertirse uno mismo en experto no es nuevo. Trump o Bolsonaro han despedido a sus expertos para convertirse en adalides de la lucha contra la infección en sus países, con una filosofía que no se diferencia mucho de la que utilizan muchos otros: si lo que te aconseja un experto no te gusta, hazte tú un experto y resuelves el problema, ya tendrás tiempo para echarle la culpa a alguien si la cosa sale mal. Nadie sabe cómo acabará esta guerra de los expertos, porque el virus, que no tiene expertos que le aconsejen, va por libre y, por ejemplo, ha hecho tambalear a los expertos de la Bundesliga desvelando diez positivos en sus plantillas después de unos días de entrenamientos.

Hace doce años, la selección francesa de balonmano, ganadora de dos medallas de oro olímpicas, cuatro campeonatos del mundo y dos europeos en menos de un decenio, adoptó el nombre de “Les Experts” (“Los expertos”, para quienes no estén familiarizados con la lengua de Molière), siguiendo el ejemplo de otros conjuntos para identificar  a sus componentes (como hizo España con “Los Hispanos”). Aquella denominación no reconocía ningún saber científico ni ningún ardid para tomar decisiones, y de hecho provenía de la traducción del título de la serie 'CSI' en su país. Eran expertos en ganar, no en pensar tonterías para favorecer a otros.  

Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email