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opinión

La historia interminable

30/03/2019 - 

VALÈNCIA. Pese a que mañana en Sevilla el Valencia se juega una parte importante de sus aspiraciones ligueras y que el equipo ha venido desaprovechando algunas de las oportunidades que le han brindado sus rivales en los últimos tiempos incluyendo, por supuesto, el empate ante el Getafe en Mestalla, en las dos últimas semanas el valencianismo ha tenido la capacidad y madurez de saber aparcar por unos días la contienda deportiva para entregarse a un hito extraordinario que transciende a cuitas futboleras , a sistemas de juego y a la matemática clasificatoria. Un hito que vivió su más álgido momento en el Partido de las Leyendas. Y es que el valencianismo dio el domingo en Mestalla, como había hecho en los actos del pasado día 18, una demostración de salud sentimental difícil de igualar y más difícil de explicar.  Una demostración de músculo emocional que agiganta el significado de lo que supone ser valencianista con independencia de resultados, personas y personajes. Nadie podía imaginar… ni de lejos, la carga emocional que se iba a concentrar en Mestalla. No le falta razón a quien afirma que la verdad de la vida no se mide por las veces que respiras sino por los momentos que te dejan sin aliento y uno de esos momentos lo vivimos el domingo en Valencia. Porque todos y cada uno de los aficionados que allí se dieron cita, e incluso aquellos que lo siguieron por distintos medios, encontraron su reflejo generacional sobre el césped e identificaron inmediatamente ese jugador o esos jugadores que, en algún momento de su vida, le proporcionaron esa felicidad tan especial que el fútbol nos da a quienes nos gusta el fútbol.

Se agolpan los recuerdos… invocas a quien estuvo y ya no está… y se apodera de la grada una melancolía que casi llega a ser tristeza pero que, en realidad, es la gran felicidad que provoca el sentido de pertenencia. Luego todo se precipita: los más jóvenes se contagian de ese amor incondicional, aprenden a padecer y a disfrutar y así se acaba construyendo la Historia Interminable. Sobre el césped desfilaron estrellas rutilantes de la historia del Club y también un buen número de futbolistas que, sin ser tan relevantes, aportaron su granito de arena a un glorioso relato centenario y el domingo, todos ellos, recibieron la consideración y el respeto de tantos valencianistas que volvieron a evidenciar el amor por el Valencia.

Pero lo del domingo creo que fue más lejos que el simple hecho de un público ovacionando a los futbolistas en una tarde festiva. Fue mucho más allá… Fue algo así como una comunión eterna entre ambos conscientes de estar viviendo un momento importante en la historia de la entidad absolutamente transversal en lo referente a generaciones, a ideologías y a clases sociales. Disfrutaron los de la grada y los de abajo por igual satisfechos de formar parte de la crónica de esa gran institución que fue, es y será el Valencia Club de Fútbol. Y disfrutaron por igual porque no había diferencias: los del césped y los de la grada son la Gran Historia de este gran club: TODOS. Desde aquellos que ni sabían dónde estaba Valencia y por azares del fútbol acabaron vistiendo la elástica blanca hasta los que vieron realizado su sueño jugando en el equipo de su tierra, pasando por quienes encontraron aquí una estación de paso hacia destinos diferentes pero todos al buen cobijo de las alas del Murciélago. Y, por supuesto... todos ustedes. Los que han vivido momentos dulces y también amargos desde las gradas de Mestalla y tantos estadios de Futbol. Son historia ustedes y son historia sus antepasados que inocularon en su corazón ese ‘gen valencianista’ que disfrutan y sufren por partes iguales sabedores de que será una de las mejores herencias que dejarán a sus hijos. Ellos también tendrán su oportunidad de escribir muchas páginas de esa preciosa historia.

Somos herederos, custodios y transmisores de dicho gen y, por tanto, parte indisociable de la Historia de este Club que, fue, es y será pese a quien pese y caiga quien caiga, el grandioso contenedor de un sentimiento indestructible y eterno.

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