obituario

Le falló el motor del corazón a Adrián Campos Suñer

29/01/2021 - 

Qué pena... precisamente cuando comenzaba una de sus últimas etapas en las carreras, con toda la ilusión del mundo, y con su hijo mayor a su lado, se le ha parado el motor del corazón.

He estado muchas horas pensando si debía escribir un obituario (con lo que los odio) a mi amigo Adrián, precisamente por lo que nos apreciábamos y por nuestra relación, especialmente en estos últimos tiempos.

Lo conocí cuando tenía unos 16 años. Fui a Alzira a contarle que me dedicaba a correr en coches y a pedirle ayuda para poder contactar con la gran empresa de su abuelo Luis Suñer, Avidesa. Sabía que era un apasionado de las motos (ya ayudaba a pilotos locales con su equipo propio) y estaba seguro que el mundillo de las carreras de coches le volverían loco tarde o temprano. Me encontré con un niño caprichoso ojito derecho del empresario más rico de España. A partir de ahí ya mantuvimos una relación que ha durado hasta su muerte, unos momentos más cerca y otros más alejados, pero siempre con un gran cariño y complicidad. Debo destacar que desde el primer momento y pese a su juventud, vi en él una virtud muy rara entre la gente millonaria, su generosidad. Era feliz ayudando a los demás.

No voy a entrar en detalles de las múltiples acciones, que yo conozca, porque se haría interminable, pero puedo asegurar que muchos las conocen. El dinero para él era un medio para poder estar en el mundo del motor, no para hacerse más rico.

La parte ingrata siempre le ha acompañado de la mano de todos aquellos pilotos que no se veían seleccionados para sus equipos, pero el tiempo le daba la razón. Sin ir más lejos, he visto las muestras de cariño y reconocimiento de Fernando Alonso a su figura. Toda España sabe hoy, precisamente cuando ya no está, de esos años duros que pasaron desde que Fernando y Adrián rompieron su relación por motivos económicos, a pesar de que él lo puso fácil (me consta), y que si no hubiera sido por él seguramente no hubiera llegado a donde está.

Fue el artífice de que hubiera en Valencia Fórmula Uno; convenció a su amigo Bernie Ecclestone, pero también le costó un gran disgusto por la mezquindad de políticos y demás que lo apartaron rápido, llegando a la osadía de no invitarlo a la presentación a todo trapo en el Hemisfèric. Sé que aquello le dolió mucho, pero, como siempre, le quitó importancia.

Con lo tímido que era, se habría puesto muy rojo de ver la despedida que le ha hecho todo el mundo del automovilismo y cómo se le reconoce hoy.

Empezó a correr a principios de los 80 con un Formula que le vendí, tras probarlo y convencerlo de que lo podía hacer bien dentro del mundo de las carreras. A partir de ahí, ya no paró hasta llegar a la Formula Uno, experiencia y conocimientos que le sirvieron para después montarse su equipo y promocionar a jóvenes pilotos. Lo más sonado sin duda alguna, fue la fe que puso en el gran Fernando Alonso.

Adrián se empeñó en ser piloto y lo consiguió , se empeñó en ser empresario y también lo consiguió; siempre todos sus negocios estuvieron relacionados con el mundo del motor que le apasionaba desde niño.

Estoy seguro de que muchos han descubierto ahora la gran figura de Adrián, precisamente porque nunca se las dio de nada. Para él no existía más mundo que sus coches y sus tres hijos, a los que adoraba.

Descanse en paz.

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