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Llamémosle temor, Lay

La maldición de poseer un cuerpo lleno de tralla de viejas batallas, es temer, por tan salvajes semblanzas, que el pasado se reedite ante estos malos hábitos. Por ello, todo esto. Lim asume el riesgo, de seguir impertérrito por esta línea, de quedar en un Soler asiático

24/02/2016 - 

VALENCIA. Cada vez que las orejas del lobo asoman, Meriton saca a la palestra a su mejor baza. LayHoon. Una mujer capaz de enamorar a una nación entera con un speech de cinco minutos. Quedando ésta aturdida durante días, relamiéndose por tan bellas palabras y firme actitud de su lideresa.

La ejecutiva domina el lenguaje de una forma artística, sabe poner los acentos y colar el discurso de la empresa con maestría. Aunque le pregunten por el tiempo, y empiece su réplica comentando las sorprendentes temperaturas primaverales del invierno mediterráneo, a la tercera frase, ya te ha dicho lo que tenía pensado decirte desde que salió del hotel.

Lástima que ya empecemos a conocernos todos. No puede pretender Meriton, ni sus mantenedores, vivir eternamente 'de que los otros eran muy malos'. Dos años después, esa actitud no se sostiene, además de empezar a sonar a sainete; no necesitan recurrir a esas simplezas argumentales. Con normalidad y mesura, es momento de fiscalizar a la propiedad como se ha fiscalizado a todos y cada uno de los dueños o presidentes de los últimos 30 años. Pues desastres bajo la alfombra ya tienen para ello.

Pero hay algo en la tourné madrileña de Lay que la presidenta recalca, una vez más. Y es aquello de que les veremos siempre como extranjeros. Y nada más lejos de la realidad. Puede que el problema sea que les vemos demasiado valencianos para nuestro gusto; reclamábamos de ellos actitudes forasteras que nos civilizaran. Pero en 24 meses, han ido a incurrir en los mismos pecados que aquellos antepasados que esgrimen como el coco para apaciguar cada vez que yerran. Amiguismo, decisiones incoherentes, saltos de mata, intervencionismo, vetos, témpanos de hielo entre grada y club... y un largo etcétera.

En lugar de ser un gobierno de los mejores, y más cualificados profesionales, se ha ido asemejando a una mala copia de lo antiguo. Y es eso lo que os pasa, Lay, nada que ver con el lugar de procedencia.

Ante tal torrente de sinsentidos, Meriton ha perdido a ojos de muchos, por la vía del goteo, gran parte de su credibilidad. LayHoon lo sabe, y lo reconoce abiertamente. No se puede esperar otra cosa tras advertir que el nuevo entrenador sería un hombre de gran liderazgo y trayectoria, ajeno a Mendes - todo lo que quería oír el populacho -, y presentar a un tipo que trabajaba en una tele, no había entrenado nunca, y cuyo único mérito para ocupar tal sillón es ser socio y amigo del dueño.

«¡Qué ha puesto 200 millones, tío!», se escucha de fondo. Gracias por avisar, colega. Pero pretendemos ir más allá. La maldición de poseer un cuerpo lleno de tralla de viejas batallas, es temer, por tan salvajes semblanzas, que el pasado se reedite ante estos malos hábitos. Por ello, todo esto. Lim asume el riesgo, de seguir impertérrito por esta línea, de quedar en un Soler asiático. De tirar a la basura el dinero y que ni un céntimo haya servido para nada. Además de convertirse en enemigo de la grada.

Es lo del verde aquello que hará que la maquinaria funcione. Si la pelota no rueda porque nadie la sabe chutar, ni dirigir, la empresa, máxime ante un plan de negocio basado en el rendimiento, tarde o temprano se hundirá. Este verano Meriton se juega mucho del crédito que todavía le queda.

Por eso deben ser conscientes de lo mal que lo han hecho. Hay indicios que invitan a pensar que lo son. Pero ahora existe el temor. Tal vez, todo sea fruto de tener los oídos cansados de buenas palabras y los ojos poco acostumbrados a verlas convertidas en realidad. Pero nadie pretende decir lo que tenéis que hacer, sino que aquello que hagáis, lo hagáis mejor. Con eso, como si venís de Marte.

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