/ OPINIÓN

Llorad, llorad un poco

1/03/2022 - 

VALÈNCIA. Nos estamos acostumbrando a demasiadas cosas negativas: ya sabemos que la gestión de Meriton tiene, entre su hoja de ruta (si la tiene, porque la impresión es que se va a la deriva) cortar cualquier vía de comunicación si no es a medios extranjeros, donde dicen lo que les da la gana, o vía Twitter, donde se sienten los dueños de la verdad. El hecho de no tener a nadie, dentro de la gestión directa del club, dando la cara, facilita que cualquiera se sienta con cierta autoridad para atacar al club, a su juego, a su fútbol y a sus activos.

Con el cabreo de Bordalás solo puedo hacer un ejercicio de comprensión, pero no de aceptación: mal vamos si entendemos que la prensa es la culpable de todo. Ahí, el bueno del míster se equivoca, aunque comprenda, como dije, ese enfado de ver que siempre tiene que ser él el que tenga que hablar de todo lo que rodea al club. Las palabras altisonantes en rueda de prensa denotan hartazgo, cabreo, incomodidad: y es normal, pero es también equivocar el tiro, ya que la prensa solo pregunta ante evidencias que nadie responde. Los periodistas son más aliados que enemigos y, sobre todo, creo que son bastante educados, así que punto negativo para Bordalás al que, por otro lado, siempre se le ha cuidado por parte de todos los medios. El otro día no correspondió adecuadamente y tampoco es lo habitual.

Ciertamente, el juego del Valencia CF deja mucho que desear, no lo podemos negar. Bordalás hace lo que puede con lo que tiene, aunque también me planteo lo siguiente: si jugando a nada (bueno sí, al choque, a la brega, al intercambio de golpes y a destruir el juego) estamos recibiendo muchos goles y estamos en la novena posición ¿realmente nos está dando resultados este modelo? A lo mejor cabría planteárselo de otra manera, pues tampoco es que los resultados estén avalando esta apuesta de fútbol que plantea Bordalás, aunque me encante (y eso lo digo desde hace tiempo) nuestro calificativo más emblemático en la historia del club: “bronco y copero”.

Las palabras de Sergio Rico se suman a la lacrimógena corriente que vienen protagonizando todos los rivales contra los que el Valencia CF les ha tejido una efectiva red de juego. Se ha puesto de moda, y ciertamente, cansa leer o escuchar tanto llanto. Uno hace lo que puede y no recuerdo a tanto llorón cuando el Cholo hizo de su Atlético un equipo ganador a base de cortar el juego rival. Incluso con Raúl García en sus filas, aunque ahora llore un poco. Y Marcelino lo recuerdo apelando a la madurez de su platilla para saber frenar con faltas bien realizadas el juego rival ante sus acometidas. Ahora no le encaja, ¡vaya tú qué casualidad!

El domingo vi el derbi sevillano y el Sevilla repartió, con y sin balón, lo que no estaba escrito…pero ahí nadie habla de parar el partido, de ser marrulleros, de juego sucio y trabado…lo que pasa es que el Sevilla compite arriba y aquí parece que si estás arriba todo se justifica, por eso a aquel Atlético al que me refería nadie le decía nada. Pero en cambio fue el Betis, el fino y elegante equipo hispalense, el que cometió más faltas (16) y solo le mostraron tres amarillas. Y sí, el Valencia hizo 21 faltas, pero el Mallorca no se quedó corto, con 14. Y es ahí cuando a mí me llama la atención lo siguiente: el Valencia tuvo más duelos ganados, más remates a portería, perdió menos balones y recuperó más balones. La supuesta superioridad del Mallorca, de la que Sergio Rico hizo gala, era que el Mallorca remató más veces, pero con escaso acierto (es decir, a lo loco), sacó un carro de córneres, con poca efectividad, dio más del doble de pases que el Valencia (como si el fútbol consistiese en eso) e hizo menos faltas, pero con el mismo número de tarjetas amarillas que el combinado valencianista ¿Dónde está la superioridad del Mallorca como para que Rico atente contra el juego del Valencia CF?

Me cansa, porque Raúl García hizo lo mismo con números muy similares. Y el lateral de la Real Sociedad, Rico también (curiosa casualidad), cayó en esta retahíla de llantos. Marcelino, al que seguimos agradeciendo lo que hizo aquí, está ya bordeando el vaso y su presidente ya se ha pegado un buen chapuzón, calentando y condicionando el partido. Están en su derecho, eso sí. Para mí, el Atleti Club, equipo que me merece un respeto y una admiración fuera de toda duda, está bajando a un barro que no le honra ni hace justicia a su grandeza. Y sin embargo, envidio que tenga gente al frente para defender sus intereses. Aquí enviamos al gran Ricardo Arias, que es alguien en la historia y en el fútbol, excepto para los ignorantes del deporte que practican y que pasarán sin pena ni gloria. Pero a nuestro emisario lo enviamos sin muchas armas para defender el bastión valencianista y así es difícil.

Pido que haya fútbol el próximo miércoles: que no haya tánganas, que no haya broncas, que se juegue con intensidad y que vibre Mestalla: que los aplausos ensordezcan todo ese ruido que nos intenta crear desde fuera. Porque una vez en la final nos la traerá al pairo todo el arsenal de llantos de todo el mundo. Ojalá tuviéramos gente lanzando este mensaje en lugar de ir filtrando idioteces de reuniones con representantes para fichar a jugadores que nunca vendrán ni se tiene intención de que lo hagan. Eso sí me entristece y me hace llorar, de rabia, de impotencia: ver que aquí no se está en lo que se tiene que estar. Los demás solo dejar caer sus lágrimas de cocodrilo, porque algún bocado quieren pegar a tanto desgobierno de esta casa.

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