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opinión

Los imprudentes embarran el campo

26/09/2019 - 

VALÈNCIA. Las teorías sobre en qué momento se jodió el Perú o, en nuestro caso, cuando comenzó a tomarse el Valencia como munición particular, son variadas: la conversión en SAD, el surgimiento de la bicoca urbanística, la llegada de Lim… O, ya puestos, y en versión más fidedigna, desde el propio big bang que dio lugar al club. 

El problema no reside en el Valencia, más bien en todo aquello que rodea al Valencia (aunque claro, ¿qué es quién?). En esas, embarrar el campo resulta demasiado tentador cuando el club está débil. En lugar de fortalecer a la entidad, aislandola del fuego cruzado, los imprudentes se parapetan tras ella para intentar salir indemnes de la nueva cruzada. 

Usar los canales oficiales para resolver afrentas personales demuestra la buena adaptación del presidente Anil Murthy a las condiciones de juego. Desviar la atención, generar frentismos, provoca la perversión de tener que elegir enemigos y por tanto también compañeros de viaje. Bien jugado. Señala también la necesidad que tiene Murthy de revertir la situación, su debilidad a pesar del trono pétreo en el que se sientan cada partido. No le basta con quedarse quieto.

Los imprudentes acentúan su propia supervivencia como método. Demasiadas veces ante el estallido de una crisis preguntamos: ¿pero qué quiere Meriton del Valencia? Respondamos: ¿es que te parece poco poseerlo? Poder subsistir es su propia forma de gestión, agarrarse intuitivamente a la zona en la que, aunque todo vaya mal, puedan seguir sujetos sin grandes problemas. Una protesta por aquí, unas acusaciones grandilocuentes por allá… y una trifulca pública que disperse la atención. 

Ese, por encima de todos, es el gran fracaso de Lim. Que pudiendo haber transformado el club (para bien, incluso) se conformó con dejarlo pasar, en la atonía de estar por estar, sin mayor voluntad que permanecer. Sus esbirros imprudentes, mientras tanto, hacen mal que bien el trabajo sucio. Y el club se estanca, se estanca, se estanca…

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