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OPINIÓN

Mateu, no me toques las copas

15/01/2019 - 

VALÈNCIA. Considero que Mateu Alemany es un hombre cabal y preparado: forjado en el mundo del fútbol y muy conocedor de sus entresijos, pero el otro día, en su rueda de prensa (o tirita o gasa o paño caliente) dijo algo que me dejó descolocado y decepcionado. No se puede decir que la copa no tiene importancia y que sirve, principalmente, para rodar futbolistas, pero ¿en qué club estamos? ¿es este el mensaje que se le da al técnico y a la plantilla?

Y yo que pensaba que el Valencia CF era un equipo importante porque salía a disputar todas las competiciones… se ve que no. Pero por si acaso a Mateu se le ha olvidado, quisiera hacer una pequeña reconstrucción de los hechos: cuando Paco Roig construyó aquel Valencia Campeó tuvo como su punto climático aquella fatídica final de Copa del Rey de Madrid, con el agua ahogando las aspiraciones de un equipo que merecía llevarse aquel título. La magia de aquella tarde no nos la quita nadie, aunque llegáramos a naufragar con tanta agua. Aquel fue un primer paso que, sin embargo, se vio cortado con problemas fuera de los terrenos de juego. Con un equipo en constante reconstrucción (y tras el desierto que vino con la ausencia de Luis Aragonés), dimos con un técnico que conectó con la esencia valencianista, que supo rascarnos la emoción hasta hacerla salir por los poros: Claudio Ranieri tejió, con sus victorias en la Copa, la base de un gen ganador en este equipo.

Por tanto, la dinámica de un equipo errático se estabilizó y conectó con la afición a partir de una memorable final en Sevilla, con un Mendieta y un Piojo López estelares. Para entonces hasta nos clasificamos, en la última jornada, para la Champions, pues todo era compatible a la altura de 1999. La sexta copa dio paso al mejor lustro dentro de la historia valencianista, porque llegó Cúper y nos hizo subcampeones de Europa (es cierto: en copa hizo más bien poco) dos veces y ganamos la Supercopa de España contra el Barcelona. No vinieron estos éxitos de la nada, pues había sido la copa quien abrió el camino del éxito y de la exigencia: lástima que Rivaldo hiciera aquella diablura y nos dejara sin Champions al final.

Luego vino Rafa Benítez, como sabemos, y nos hizo campeones de liga por partida doble y campeones de la UEFA League. Es cierto que la copa fue un desastre en sus manos, pero es que el equipo competía al máximo en otras competiciones, así que podría ser lógico que en algunas hubiera algún que otro descalabro. Más tarde, salvo el espejismo de la Supercopa de Europa, volvimos al desierto de los títulos, justo cuando los repartos televisivos se fueron extremando cada vez más, con la idea de convertir la liga española en la fiel imagen de la escocesa: una cuestión de dos. 

Tampoco ayudó mucho el desastre continuado de la gestión de Soler, pero aun así durante estos años el equipo dio la cara en copa, a pesar de algunas decisiones arbitrales que lastraron al equipo en esas eliminatorias. Una lástima fue que, con esa sombra del descenso, el equipo no pudiera (o no quisiera o no supiera) disfrutar del éxito de la copa, a pesar de Koeman en aquella temporada 2007-2008. Ahora echamos de menos volver a vivir aquellas noches mágicas, de un colorido inigualable, pero en aquel momento necesitábamos asimilar todas las locuras que se habían ido llevando a cabo en el club y la más evidente consecuencia de aquello es esto que hoy tenemos, no sé si para bien o para mal. A partir de ahí, como mucho, llegabas a semifinales de copa, sin convicción y sin convencimiento, quizá porque siempre se nos cruzaba el campeón por el camino y no teníamos ya ese gen ganador que tanto costó equilibrar en el club.

Si lo vemos bien, el equipo dio un paso adelante gracias a un copa que nos puso en la senda de la ilusión, de la exigencia y de la confianza. Y hoy, que estamos atravesando el más duro de los desiertos, decimos que la copa no vale: ¡sí vale! ¡Ya lo creo que vale! Primero, porque la historia ha demostrado que luchar por un título como la copa y por una clasificación más o menos buena (cuarto puesto) es compatible. Tal vez esta sea la única aspiración realista del club, aunque no lo digan. Segundo, porque en algún momento necesitaremos ya, de una vez, vivir una noche bonita de fútbol y revertir esta dinámica errática en la que se vende como el éxito de todos los éxitos el quedar cuarto en liga. Sí, claro, como si el cuarto presupuesto de la liga española no tuviese la obligación de quedar entre los cuatro primeros y de alcanzar las semifinales de copa. Eso va con la exigencia de un club bronco y copero y con la generosidad de las nóminas de sus integrantes. Tercero, porque no veo mejor motivo de celebración centenaria que llegar a esa final y disputarla. Cuarto, porque viendo el glorioso paso del equipo y su dinámica, considero que podemos pasar eliminatorias solo empatando, visto lo visto. Quinto, porque estás a cinco partidos de clasificarte para Europa y de ganar un título y, hasta donde yo sé, el propio técnico ya ha descartado jugar la Champions.

Sin duda, darle la espalda a esta competición sería desleal para la afición y para el ADN de este club tan dañado y tan a la deriva de todo. Mateu, en esto has metido la pata, el hombro, etc. Me niego a que lances este mensaje a una plantilla muy proclive a conformarse con lo mínimo pero a ganar más de lo que haría en clubes que están a un nivel superior al actual Valencia. También me niego a aceptar un mensaje tan pobre de exigencia.

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