opinión

Meriton y los renglones torcidos de Dios

Trabajo hay, para todos. Comenzando por el presidente Murthy, que esperemos que lo sea ya in pectore. Así que, Anil, empieza a escribir tu historia. Y que sea recta...

12/04/2017 - 

VALENCIA. Ya ven. Estamos cerca de comernos la mona y darle un buen bocado a la longaniza de pascua con nueve de nueve puntos en el zurrón. Que ya ni nos acordábamos de esa sensación. Y vemos la vacación como lo que es, esbozando una sonrisa. Porque, aunque queramos que no se nos note, cuando el equipo no da el nivel, se nos tuerce el morro. Aunque sea un poco.

Y claro, ahora con los números en la mano y con la fecha de tomar decisiones cercana, dudas mil ante todo. Miren si hay dudas que la supuesta liberación de Layhoon Chan de su cargo de presidenta no se sabe si va a ser buena o no. O si va a ser una cosa de esas de cambiarlo todo para no cambiar nada. Porque sí, la gestión deportiva, lo que interesa al de a pie, ha sido un desastre. Pero, ¿sabemos la independencia que ha tenido Chan en este tipo de decisiones? En teoría, ninguna. Recuerden sus palabras sobre Alcácer antes que el dueño le pusiera un lacito con dirección Barcelona. No creo que se inmolase públicamente por gusto. Lo que si que es la decisión, es rara. Dimite el 30 de junio. No se entiende decirlo ahora. Debe ser otra muestra más, la enésima, de la cultura empresarial oriental. Aunque bien pensado, Luis Enrique dijo que se piraba el 30 de junio y remontó un cuatro a cero en Champions. Ojo con eso.

Y el nuevo presidente es Murthy, Anil. Que me recuerda al científico de The Big Bang Theory, que quieren que les diga. Despistado y diplomático, dicen que sondea, que pregunta. Pero parece que solo hacía un lado. Porque creo que ustedes, a los que les concedo que tienen sobrada inteligencia y capacidad de raciocinio, ya saben a estas alturas que esto es cuestión de dos lados. Los roles de buenos y malos ya los dejo a su elección. Aunque existe una amplia gama de grises. Como en todo en la vida. Espero que Anil comience a hablar con Mateo y Talín sobre el tema del entrenador, aunque no tome posesión del cargo hasta julio. Esa decisión será la piedra angular del proyecto y va a ser clave para saber el camino que tomará Meriton en cuanto a gestión deportiva. El año pasado nos ilusionamos con Pellegrini y nos quedamos a Pako. Y ya saben lo que está pasando. Que ha tenido que salir Voro a rescatar, dos veces, y coser a un grupo que se autogestiona de manera fantástica para sus propios intereses y que vive instalado en la comodidad de la baja exigencia al no haber nadie con autoridad real para cantarles las verdades del barquero ¿O es esta racha de resultados y esta nueva actitud síntoma de la llegada de Mateo Alemany, el nuevo sheriff de Valenciastán?

Porque una cosa parece clara que no genera mucho debate: el grupo decide como y ante quien meter la pierna. O por lo menos lo decidía. El entorno les chupa un huevo. Pero, a diferencia del creador de la mítica frase, ninguno de los que ahora visten la camiseta disponen de autoridad moral ni de curriculum para quejarse de la afición y su trato. Y mucho menos para burlarse, como aquella foto de vestuario simulando silbidos tras la victoria contra el Celta. Viven en su mundo, bunkerizado y con la sobreprotección de las nuevas maneras de comunicación del club, sin ruedas de prensa de jugadores y con los canales oficiales como único camino. Y eso hace fuertes e impunes a los mediocres. Pero está más que demostrado que el sudor de verdad convierte los pitos en aplausos. Que le pregunten al sufridor del caso más reciente, Joao Cancelo. Y tal y como pasó por estas mismas fechas hace doce meses, los jugadores que venían de fuera, mostraban un punto más de ambición frente a los que cubrían el expediente cada domingo. Ayer era Cheryshev, hoy son Zaza y las irrupciones de Soler, una realidad, y Lato, una esperanza.

Y quizá para acabar con eso solo exista el camino de la exigencia. Empezando por la de Mateo Alemany y Talín Alexanco a la hora de decidir quien será el entrenador para el año próximo. A Voro hay que agradecer lo que ha conseguido rearmar. Nos ha hecho sonreír en esta temporada nefasta. Y eso ya es mucho. Ha conseguido, o se ha visto forzado, a darle galones a chavales imberbes y descarados. Pero sus excesivos lazos con los jugadores, motivados por un buen hacer fuera de duda en su labor como delegado, hacen prácticamente imposible su continuidad en la dirección técnica. Otros jugadores entenderían el cambio de rol y lo asumirían con profesionalidad. Pero estos no están curtidos para ello. Se necesita abrir puertas y ventanas. Definir sin tapujos las jerarquías. Integrar a un entrenador contrastado y solvente que tenga el respaldo total de la directiva y que si dice blanco, sea blanco. Prandelli tenía estos mimbres, pero falló el club y él por no saber gestionar su arenga del fuori sin cerciorarse antes. Berizzo y Marcelino pueden ser ese técnico que aporte, que haga crecer a una plantilla libre de toxicidades y que, presumiblemente, estará compuesta por jugadores de perfil bajo y con hambre de éxito.

Trabajo hay, para todos. Comenzando por el presidente Murthy, que esperemos que lo sea ya in pectore. Así que, Anil, empieza a escribir tu historia. Y que sea recta.