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OPINIÓN PD / OPINIÓN

Los siete pecados capitales de Lim

17/11/2020 - 

VALÈNCIA. Eso de que el dinero no da la felicidad es cierto, ya lo sabemos, pero tampoco te la da el no tenerlo cuando es necesario. El capitalismo tiene esas cosas: una cara positiva y otra muy negativa. En los últimos tiempos Peter Lim, máximo exponente de Meriton Holdings Propietario SDAF (Sociedad Dictatorial Anti-Futbolística) ha venido encarnando la peor y más terrible cara de ese poder malévolo y oscuro del capitalismo. Y lo ha hecho ahondando, precisamente, en los famosos siete pecados capitales que quisiera aquí desgranar.

La soberbia: hacer callar a Mestalla, burlarse de todos y todas cada vez que ellos escriben algo en redes sociales, actuar como si les debiéramos toda nuestra historia valencianista, mirarnos por encima del hombro, etc. La soberbia te vuelve poderoso en tu ceguera incontrolada, pero torpe en tu razonamiento, ya que al final crees que orinas colonia siempre, que sabes hacerlo todo bien y no necesitas escuchar a nadie. Cuando Mateu Alemany, con su gestión integral, demostró a Meriton lo que era hacer una gestión de éxito, en lo económico y en lo deportivo, entonces brotó ese carácter soberbio que hizo poner, un tiempo después, aquel mérito, tras despachar al fracasado Celades, de haber pasado a octavos en Champions. No se dieron cuenta que se convirtieron, con ello, en el hazmerreír del mundo futbolístico, máxime cuando todo el planeta sabe que el Valencia ha jugado dos finales y ha bordeado cuartos y semifinales algunas veces. Sin embargo, esa petulancia de creerse superior a todos y todas les lleva a semejantes torpezas; y lo peor de todo, les lleva a no querer escuchar. Tal es la ignorancia: devoradora de soberbios que bajan sus prestaciones por su encandilamiento personal. Y aquí no hay cultura asiática que valga.

La avaricia: la usura es un mal que venimos observando en todas las operaciones que Meriton realiza en el mercado de fichajes. Y no tengo ni idea si se lleva tal comisión o tal otra (no se pueden fiscalizar aún los números). Desde luego Mendes, su amiguísimo, se los lleva uno encima de otro. A lo mejor están asociados o a lo mejor no. Con el último supuesto préstamo que ha hecho Lim al Valencia por unos 16 millones de euros no veamos un gesto de altruismo, ya que, su avaricia, le lleva a exigir compensación bien alta: los derechos federativos de cuatro futbolistas por valor de 16 millones. Un chollo, que está a la altura de cualquier mercader shakesperiano. Pongamos a Yunus (que ya digo que es uno de esos cuatro, seguro): el Valencia no puede afrontar, porque no puede en verdad, la devolución de ese préstamo y vende al joven jugador por 30 millones. Has ganado 14 ya en la primera, así que la operación te viene redonda, porque te quedan tres más y todo son beneficios netos. Pero, además, Lim ha querido seguir comprando acciones porque su avaricia le lleva a dos puntos: el primero, cortar posibles vías de reagrupamiento y fiscalización; y segundo, luego, para vender, dentro de un pack más amplio, triplicando su valor. Lim vino al negocio, y en ello está: le importa un pimiento las cuentas del Valencia porque su gestión parasitaria así lo confirma.

La lujuria: hablemos ahora en sentido figurado, porque yo no sé nada, ni me importa, de sus cosillas personales que ni vienen ni van. La gestión de Meriton es lujuriosa, sodomizadora, vertida sobre el placebo más inmediato que les da hacer sufrir, desde la actitud más intransigente que a veces adoptan los machos alfa, al valencianismo. Solo vive para su placer, su confort, su satisfacción, insaciable y caprichosa. Bueno, si le vemos el lado más metafórico, Meriton ya se ha llevado por delante siete entrenadores, más que años lleva aquí, así que se los ha…en fin dejemos volar la terrible imaginación, pero lo cierto es que trata al valencianismo como una concubina olvidada a la que acude cuando le viene en gana y con frialdad casi irracional.

La ira: Meriton actúa siempre por venganza, porque se deja llevar por bajas pasiones que desata incontrolablemente. Si tú dices cangrejo, te tiro y busco coartadas paralelas, en boca de lacayos como Tebas, para que justifiquen tales actos. Si te niegas a pasar por el aro como César, te hago la vida imposible. Si decides qué es lo mejor para el Valencia y no lo mejor para Lim, te arrincono y te devalúo progresivamente, como a Mateu Alemany; si no aceptas sus políticas de contratación de personal médico o de técnicos, pues te echamos, como a Parejo, Coquelin, Garay y tantos y otros. Si me exiges fichajes en público, pues te dejo el equipo en cuadro y sin incorporaciones. Porque es así la ira: poderosa en su ejecución, pero poderosa también a la hora de crearse enemigos. Quien a espada mata, a espada muere, que diría el famoso refranero popular español, del que tan poco sabe el manufacturador meritoniano llamado Murthy.

La gula: tengo la impresión de que buena parte de los que vienen de ese insignificante país llamado Singapur, donde las libertades de prensa están tan entredicho, vienen para ponerse morado a la hora del almuerzo. Eso no es comer, es procesar alimentos para convertirlos, más tarde en gestión del club. Ya todas y todos sabemos el resultado, entonces. Creo que actúa el boca a boca entre ellos y hacen lista de espera allí para poder venirse a aquí a liquidar, a castigar y a disfrutar comiendo, porque para eso parece que no somos muy racistas los valencianistas. Qué tonterías de sobremesa alcoholizada se dicen por ahí, la verdad. La propensión al vino caro y a la comida copiosa hace que buena parte del valencianismo estuviera llorando la pérdida de Juan Cruz Sol, mientras otros, quizá los más próximos en lo laboral e institucional, entendían que los pecados de la carne, su satisfacción más inmediata, no podían dejarse apartada ni un solo día. Terrible: a veces la colitis viene también a hacer justicia divina.

La envidia: ya sabemos que este es uno de los grandes males de Lim y su terrible holding. Aquel que se cree el más listo del corral se sube por las paredes cuando le demuestran su poca pericia y la escasa destreza en todo lo emprendido. Es un mal general, pues Murthy es envidioso por patología congénita, compulsivo, airado, engañador incluso para llevar a cabo el plan de su corrosiva envidia. Lo es Lim, también, que sigue sin superar lo de Alemany. Que no se esfuerce mucho, porque nunca llegará  a ser un tercio de buen gestor que el balear. Murthy, por su parte, ahora mismo (y creo que ya de manera oficial) está, junto a Juan Soler, en el pódium de los peores presidentes de la historia del Valencia CF, si no el peor. Es triste envidiar a quien solo te da cariño y dedicación: no hay ser humano bueno que pueda justificarse así.

Y finalmente, la pereza: resulta obvio que, desde las más altas esferas del club, hay un absentismo laboral importante, al menos en pensamiento, porque ir, van (a almorzar básicamente, ya lo sabemos). No les preocupa ni ocupa, como buenas cigarras, el futuro realmente, ya que entienden que es el momento de que la cosa caiga. Lo poco bueno que se ha hecho en estos dos años es herencia de la gestión anterior y ahora mismo son incapaces de buscar soluciones económicas, más allá de las mentiras a la plantilla y de los despidos. Al Valencia CF le vendría muy bien gente que trabajase, al menos con la misma eficacia y pasión que a aquellos que ha despedido recientemente y que eran los que realmente aún seguían tirando de este carro, y quedan pocos ahí dentro, pero quedan. Frente a esto (pues supongo que ya habrán hecho de la siesta su propio arte y así va el equipo) hay la sensación de que trabajar está hasta mal visto o, al menos, mal recompensado: claro, si dejo que trabaje el de al lado se evidencian mis carencias y eso no me conviene. Así de mezquina es la condición humana. Al final, acabarán tirando a Gracia no por sus palabras, sino por trabajar el doble: a ver si van a pensar que está haciendo una huelga a la japonesa…Cualquier pensamiento estrambótico es posible, porque la pereza anula la voluntad y la somete a la inacción.

Entiendo que la gestión de Lim le hará ir, de cabeza, al infierno. O no, quizá su gestión es ya nuestro propio infierno, pero los pecados los ha cometido él y solo él: no queremos convertirnos en mártires solo porque pensemos que ni él ni los suyos son nuestros dioses.

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