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OPINIÓN PD / OPINIÓN

Confesiones de un valencianista

18/02/2020 - 

Tengo la sensación de que, en parte, debido a muchas decisiones caprichosas y muy poco justificables, vivo en un permanente inconformismo, como si nada de lo que hiciera este equipo me pudiera satisfacer del todo: me cuesta valorar algunas victorias, por ejemplo. No sé si es la falta de consistencia del bloque del equipo, la facilidad con la que nos hacen daño, la debilidad defensiva que me lleva a esperar siempre el peor de los resultados en cualquier situación, etc. No acabo de ver contundencia en la victoria, ni acabo de darle todo el valor que merece aquello que esta plantilla hace y consigue.

Debe ser, como decía, quizá porque hay cierta tristeza de fondo en muchas cosas: por ejemplo, tener la sensación de que ha venido un señor de Singapur, que ha puesto un dinero, pero que no ha cumplido, a fecha de hoy, con casi nada de lo prometido cuando se le vendió el club; o ser testigo de ciertas decisiones dolorosas y dañinas para la economía del Valencia CF; o la elección de algunos técnicos, los vaivenes con los médicos, las renovaciones tardías o demasiado tempranas en casos pretéritos, la condescendencia con los negocios de Mendes y tanta y tantas cosas que ya, de tan sabidas, suenan como una astilla daña el dedo que perfora. A mí hay algo de este Valencia CF que me duele profundamente y no sé bien qué es, porque tampoco quiero culpar a quienes, a fecha de hoy, gobiernan el club: siento distancia, lejanía, como si la profesionalización de la institución solo hubiera ido hacia un lado (el aislamiento, el secretismo) y no en su conjunto. Entiendo la armonía de otro modo y quizá, por eso, no soy capaz de sentirme plenamente. Por eso, también, aplaudo cuando salta el equipo al campo, pero siempre me queda un punto de desconfianza, como si no creyera del todo en lo que veo. Debe ser culpa mía, ya lo sé, pero es así como me siento y quiero dejar de verme en Mestalla, sentado ante el imponente tapete verde y no sentirme escéptico ante lo que veo: conspiraciones a parte, solo tengo silencios que, de algún modo, lleno con hipótesis y especulaciones (más o menos informadas). Por eso, también, veo ciertos fichajes con desaliento, con cierta desconfianza, como si sintiera que siempre hay truco de fondo. Y quizá no lo hay y las decisiones se han tomado con más honestidad de la que yo he creído… pero me cuesta todo un mundo, justo ese mismo mundo que han puesto, quienes dirigen el club, entre la grada y la institución.

En otro orden de cosas, el partido del viernes fue bueno por parte del Valencia y normalito por parte del Atlético de Madrid: y fíjate que no acabo de ver ese brote verde del que muchos hablan, porque tal vez me cuesta valorar a ese equipo valencianista lleno de bajas (también el colchonero) solvente en las dos áreas. No sé, quizá el hecho de que un Atlético, con registros de goles tan bajos (a menos de un gol por partido y a ti te hizo dos), te haga dos chicharros sin despeinarse… pues me inquieta un poco. Y me da cosa pensar que el Atlético solo tuvo orden, del mismo modo que pienso que tú solo tuviste voluntad, porque te fallaron los últimos pases y los remates, por eso no veo a Gameiro en este equipo, por muchas diagonales que me marque y muchos espacios que cree, porque esos espacios no son aprovechados por nadie luego y los goles del galo brillan por su ausencia. Quiero ser optimista, pero no me nace, porque tal vez estoy viendo que el Valencia CF no tiene muchos automatismos asumidos y que va a golpe de inspiración o de dosificación y así es difícil que el equipo se instale en una dinámica algo más estable y equilibrada.

Pero por mí no va a quedar y prometo seguir yendo al campo a aplaudir a esta plantilla descompensada (y meto en el saco a Marcelino, Alemany y Longoria, que se salen demasiadas veces de rositas y nos han metidos bastantes pufos en esta plantilla), desequilibrada en varias posiciones, pero llena de corazón, de honestidad y de profesionalidad. Les aplaudiré aunque siempre crea en la fatalidad como resultado final de todo y considere que los mejores son siempre los rivales, a pesar de que no sea así. Les seguiré dando todo, porque llevo este equipo en el corazón y porque no sé qué es la vida sin mi Valencia CF, aunque el equipo de hoy sea muy distinto a aquel que me hizo soñar tantas noches. Quizá eso es lo que quiero: que este equipo, sin tener que ganarlo todo, lo pelee siempre todo, que no se caiga del caballo cuando confiamos en él, porque de eso va la consistencia y la regularidad. Por mi parte, como dije, no va a quedar y aquí estaré, con mi bufanda valencianista, con la ilusión intacta y con la moral de hierro, y aplaudiendo, como quiere Murthy: creo que esta afición, si algo tiene, es la conciencia muy tranquila y eso me llena de orgullo siempre y solo nos desvela no a ver a nuestro equipo estar a la altura…o a sus dirigentes también. Hagamos, pues, todos, el esfuerzo de estar donde nos necesitan y como nos necesitan.

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