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OPINIÓN PD / OPINIÓN

Lo que el viento se llevó

25/02/2020 - 

Ahora que ya no saben en Meriton qué película contar al mundo para hacer de su gestión un modelo a seguir, le estaba dando vueltas a su posible título: Esta casa es una ruina, con sus largos proyectos a diez años vista; Sin salida, porque no veo que esto mejore a corto y medio plazo; Demolition man, porque Meriton ha tenido la virtud de estropearlo todo; y así un largo etcétera que me llevaría hasta Bob Esponja y su jefe, el explotador Cangrejo. Pero lo cierto es que, de todos los títulos, me quedo con Lo que el viento se llevó, porque es esa sensación la que tengo: dentro de un proyecto más o menos estable (y que tuvo cosas muy malas también, no lo podemos negar), más allá de los vaivenes de un caprichoso dueño, el Valencia CF consiguió un punto de equilibrio institucional que, a su vez, posibilitó el rendimiento en el campo, tanto cuando las cosas iban bien como cuando iban mal. La idea es que todos sabían a qué jugaba el Valencia CF, y criticábamos la carencia de alternativas cuando veías que todos los equipos te iban cogiendo la matrícula y te cerraban el pase a Parejo. Criticábamos también algunos fichajes de muy pobre rendimiento y que, a fecha de hoy, sigo sin ver: a mí, el legado de Longoria me parece mísero en rendimiento, con un rotundo cero en la planificación de esos fichajes que, supuestamente, iban a comerse Europa en poco tiempo. La realidad es que el equipo no lo hizo bien en este punto y Alemany tampoco lo supo ver, quizá también porque Marcelino hizo de paraguas ante un Longoria que vino de su mano. Sea como fuere, y a pesar de este deficiente resultado en política de fichajes y planificación, lo cierto es que todos estábamos más tranquilos al saber que el club lo llevaban profesionales de esto del fútbol. Y eso se ha ido con el viento.

Las promesas de Peter Lim también se han ido con el viento: se deja deslumbrar por la pantomima que rodea al fútbol, pero que no representa la autenticidad de este deporte profesional: los focos le encantan, el glamour a lo Cristiano Ronaldo, la alfombra roja de los ex-Reds del United, los palcos lujosos cuando se juega en un campo cinco estrellas, etc. Todo lo que tú quieras, pero lo vives lejos de tu casa, porque aquí ni acabas el campo (mejor: ni lo empiezas), ni te dejas ver con o sin focos, ni traes futbolistas de renombre (quizá, ahora, ellos tampoco quieran venir a este gallinero) para jugar, ni te das cuenta, aún, que Valencia ya tiene más de cien años y que se basta y se sobra para recurrir a un pasado muy lúcido y glorioso, encarnado en varios exjugadores que sí nos representan. Me da rabia y sensación de impotencia ver cómo se desprecia a la entidad de esta manera, poniendo a un presidente que desconoce absolutamente todo del mundo del fútbol y cuyas acciones son muy discutibles: pero parece que da igual, porque ellos han venido aquí a hacer negocio y al mismo tiempo a hacer un gran proyecto y, sobre todo, a salvar al club. Y yo me pregunto: ¿y quién nos salva de vosotros, de vuestro extraño negocio y de vuestro proyecto? La idea no es saber quién es el vencedor y quién el vencido en esta película, sino en intentar unir fuerzas partiendo del respeto mutuo que las dos partes merecen, pero si una de esas partes reclama su soberanía con tono despótico, poco podemos armonizar.

Ahora mismo, la sensación que reina en la plantilla y en la afición es la misma: esta nave va a la deriva y cuando los jugadores (que tienen su cuota de culpa) han dejado de tapar, con resultados, la caótica planificación del club, entonces todo esto se ha ido cayendo. A Celades le culpo de complicidad, pero no de honestidad ni de conocimientos: sin embargo, no puedo negar que se ha cargado todo lo que había heredado, bien porque su planificación física ha sido muy deficiente o bien porque quiere dejar su huella allá donde no puede hacerlo y por eso no deja de meterse en charcos. Podemos hablar de bajas por lesión, sí, pero la mayoría de equipos de primera división que, hoy por hoy están por delante de ti, firmarían contar con un once inicial como el que sacaste contra el Atalanta, el Mallorca, el Osasuna o el Getafe y todos ellos te marcaron tres o cuatro goles. Es cierto que la defensa del sábado resume lo peor de lo heredado de Mateu y lo ejecutado por Lim: en banda derecha un parche (Daniel Wass), que ha tenido que adaptar su juego a una posición porque cuando firmaste un lateral derecho por doce millones de euros te encontraste con un futbolista de nefasto nivel; en banda izquierda Jaume Costa, cuyo rendimiento sigue cayendo en picado y que creó ciertas disputas con el propietario (es otro de esos fichajes Marcelino que ni fu ni fa); en el centro de la defensa el todopoderoso molino de viento Diakhaby, de la factoría Longoria, que costó quince millones de euros y es un despropósito: sus actuaciones, en general, le sigue restando más al equipo que otra cosa. No comprendo llegara una oferta de cuarenta millones y no se vendiera a este sobrevalorado futbolista y, en cambio, para cuadrar números se deba vender a Rodrigo por algo más de cincuenta millones. Y por último, Mangala, que ya es casi exfutbolista y cuya ficha ronda el top salarial. Así, como dijo Parejo, no se va a ninguna parte y si se va, es donde el viento quiera llevarnos. También te digo una cosa: a Dios pongo por testigo que no volveré a pasar una noche más de vergüenza, así que cuando llevemos tres goles en contra a falta de cuarenta minutos para el final del partido, me iré a ver otra cosa hasta que este club entienda, cuide y respete lo que significa el Valencia CF.

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