/ OPINIÓN

Palancas

23/07/2022 - 

VALÈNCIA. Los dos partidos que ha jugado el Valencia hasta el momento, fundamentalmente el disputado ante el Borussia Dortmund, unidos a la epidérmica puesta en escena de Gennaro Gattuso, han causado en un buen número de aficionados el efecto que cualquier club desearía a estas alturas del verano: una ilusión renovada tras varios años de decepciones y otro largo verano para soñar en un futuro de Champions. Nada criticable, por otra parte, porque… ¿Qué es el fútbol si no eso?. Sin esa sobredosis de esperanza el fútbol se convierte en un sufrimiento y la gran mayoría de los aficionados si se acercan al fútbol y se identifican con unos colores lo hacen básicamente para disfrutar aunque después terminen sufriendo. El momento de la verdad tiene su punto de inicio mediado el mes de agosto y, sobre todo, cuando se cierre el mercado que será cuando haya que hacerle una ‘photo finish a la plantilla pero… ilusionarse no solo es lícito sino que además resulta saludable para una afición que viene de sufrir más de la cuenta en los últimos años. No cabe duda que Genaro Gattuso, por ese temperamento ‘mediterráneamente’ sureño que tanto ha agradado siempre al valencianista, ha venido a convertirse en ese motor de la ilusión Veraniega: los gritos, ‘il cuore’, las collejas, los aspavientos y los saludos de ‘fratello’, le han llevado a conectar de manera inmediata con el aficionado y ha caído con el mejor pie posible como lo hizo el año pasado Pepe Bordalás, no por la puesta en escena del alicantino pero si por la seriedad que inspiraba. Además, al técnico calabrés, por su cercanía con Méndes & Lim y por la ausencia de una dirección deportiva seria en el club, le ha tocado oficiar de secretario técnico. Obviamente, siempre será más fiable el punto de vista de Gattuso a la hora de firmar que e que pueda tener Miguel Ángel Corona, Sean Bai o Teo Swee Wei aunque, sinceramente, ayer me asustó un tanto que la teoría que se ha vendido a los periodistas desplazados a Suiza venga a hablar de una línea defensiva ya completa con Paulista, Diakhaby Cömert y Mosquera. Creo que a la plantilla le falta un par de centrales y uno de ellos de jerarquía pero tampoco me inquieta en exceso, a día de hoy, puesto que la filtración cinco días antes hablaba de la necesidad de firmar un central con lo que toda estrategia, si es que en el Valencia existe, es susceptible de cambio en varias ocasiones de aquí a que se cierre el mercado. Algo similar ha sucedido con el famoso FairPlay financiero de la liga: hace cuatro días parecía claro que la liga iba a hacer la vista gorda y flexibilizar el corsé que aprieta a los clubes. Ahora resulta que no hay tal flexibilización. En cualquiera de los casos lo que sí está claro es que el Valencia necesita hallar la cuadratura del círculo. Por una parte hay que vender sí o sí para no ir asomarse peligrosamente al abismo financiero y por otra, todos coincidimos en la teoría esbozada por Samu Castillejo: el Valencia no puede desprenderse de sus futbolistas estratégicos si quiere estar en la lucha por Europa. En la búsqueda de ese Santo Grial, esa cuadratura del círculo que permita recaudar sin dejar de competir, este verano se ha acuñado el término de las ya famosas ‘palancas’.  Aunque… de nuevo sólo tenga el nombre porque dichas palancas no son otra cosa que pignorar beneficios futuros para convertirlos en liquidez presente, algo que se ha venido haciendo toda la vida en el fútbol y en lo que el Valencia Valencia tiene mucha experiencia. Una de las palancas activadas por el Barcelona tiene que ver con la firma de un convenio con un fondo extranjero en virtud del cual el club catalán cede un porcentaje de sus derechos televisivos en los próximos 25 años. Vamos…. lo mismo que ha hecho la gran mayoría de los clubes firmando con CVC con la importante diferencia de que lo que percibe el Barcelona sí puede invertirlo en la plantilla mientras que, quienes han firmado por mano de Tebas, tienen que destinar la mayor parte infraestructuras. El problema para el Valencia es que las palancas las tiene ya, prácticamente todas, activadas y gastadas incluso antes de que llegase Peter Lim. Y si llegó fue, precisamente, porque él era -en teoría- la palanca que tenía que relanzar al Valencia.
Por eso permítame que, aunque un servidor no está libre de sentirse imbuido por la ilusión reinante, mantenga los pies en el suelo y las orejas levantadas.

Al fin y al cabo tenemos al frente del club a los mismos que lo han llevado a la situación límite en la que se encuentra.

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