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opinión

Parejo, así en el césped como en la grada

18/04/2019 - 

VALÈNCIA. Parejo calmó el grito furtivo en Mestalla de unos fulanos deseando la caída del Levante. Cantarle al Levante el a Segunda es una garrulada de cuidado cuando vas ganando 3 a 1 y tienes a tu rival sometido con los morros sobre la lona. La sensatez de Parejo, paradójicamente, les dio más voz. Fue la munición idónea para quienes toman una mínima parte por la inmensidad del todo para concluir que Mestalla-desea-el-descenso-del-Levante. 

Pero la cuestión noticiable no era el grito al rival de un puñado de hinchas. Lo que fue una (buena) señal tuvo que ver con que el resto de la afición reprendió la acometida. Por vergüenza ajena y tedio, básicamente. Cuando la partida está igualada uno reprende con lo que puede, pero cuando tiene resuelta la noche cebarse con el que pierde es desparramar las fuerzas.

Sigamos con lo importante. Parejo, un día, terminará durante el partido comisariando la megafonía de Mestalla. Y controlando que las proyecciones en el videomarcador son las correctas. E indicando en el descanso qué arreglos hay que hacerle al césped. A Parejo es como que le salen extremidades adicionales que le permiten atender a otras cuestiones mientras juega. Cuando Parejo veía a Vialli de entrenador-jugador del Chelsea a finales de los noventa, debió decirle a la tele: yo, igual… pero más. 

Ha alcanzado tal grado de misticismo su presencia atolondrada que cuando falla un penalti en realidad está asistiendo a Guedes. Tengo miedo de que en un momento del partido, pasmado en la pantalla del móvil, Parejo se gire y me suelte un: haz el favor de mirar el partido, idiota.

Cuando desaparece del juego ahora ya sabemos que debe estar vigilando alguna otra tarea más allá del césped. Temimos que Parejo fuera tan frágil que el exceso de crítica lo agrietara hasta lo irreversible. El decaimiento tenía que ver con un rol insuficiente. Necesitaba sentirse tan importante, tan seguro, como para llevar la batuta ambiental.

Hace un par de días se afanaba en promocionar el partido de las mujeres del Valencia. “Elles som tots”. Quienes creían que la relación Valencia-Parejo, por el bien de todos, merecía cerrarse, estaban (¡estábamos!) en la parra. Se trataba de darle las llaves de Mestalla y pedirle que se hiciese cargo de todo. Dejarle ser adulto y emanciparse de sí mismo. 

Parejo, en el césped como en la grada, nos ha hecho callar a lo grande.

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