VILA-REAL. El atacante tinerfeño no está de dulce esta temporada en LaLiga. Las comparaciones son odiosas, pero la realidad de los números muestra a Ayoze completamente alejado de la temporada pasada, en la cual sumó un nuevo récord personal como goleador (19), que le hizo merecedor del Premio Zarra.
Después de ser el máximo goleador español de LaLiga, el delantero "groguet" contó con varias convocatorias con la selección, además de dar el salto a nivel profesional, ya que pudo explotar como delantero tras haberlo intentado durante nueve temporadas en la Premier League, además de otras dos en el Real Betis.
El delantero del Submarino sufrió una lesión en la presente temporada que lo inhabilitó desde la jornada uno hasta la novena, en la que pudo empezar a salir desde el banquillo en varias ocasiones, y no fue hasta la jornada 13, ante el Mallorca, cuando se le vio en el once inicial.
A nivel estadístico acumula dos goles y tres asistencias en Liga, además de dos tantos en la Copa del Rey, unos registros muy alejados de aquellos 19 de la temporada pasada. Pero, ¿por qué se ha producido este cambio tan radical? Las respuestas son varias: la lesión, el acompañamiento y el nivel individual.

- Ayoze Pérez, después de recibir el Premio Zarra 24/25, en la Cerámica. Foto: CARME RIPOLLÉS
Pero, ¿este contraste a que se debe?
La primera cuestión son los minutos que ha tenido debido a su lesión de aductor, la cual registró una recaída tras el intento de reinserción en la jornada 4, ante el Atlético de Madrid. Por ende, Marcelino fue muy precavido con él, dándole entre 20 y 30 minutos en cuatro partidos, para que pudiera aclimatarse.
Por un momento pareció que ese plan había funcionado: en su primer partido como titular sumó una asistencia, en el siguiente firmó un gol y otra asistencia y, en el contiguo, en la jornada 17, volvió a asistir. A pesar de ello, no termina de estar conectado al 100 %, y esa desconexión puede explicarse por su relación con los otros jugadores sobre el campo.
La temporada pasada, Ayoze Pérez funcionó muy bien con el rol de delantero ágil y escurridizo, pero siempre acompañado de un ariete encargado de bajar balones, luchar los espacios y arrastrar a los defensores lejos de él. De esa forma pudo sacar su mejor versión desde que está en la élite, acompañado de delanteros como Barry o Etta Eyong, los cuales rindieron a un nivel alto en ese trabajo oscuro, permitiéndole recibir en ventaja, atacar los espacios con mayor libertad y encontrar situaciones más favorables de cara a portería.
Esta temporada se encuentra con otro jugador de características muy similares a las suyas: Mikautadze. En varios partidos comparten terreno de juego y parecen futbolistas calcados, realizando las mismas tareas y los mismos movimientos. Sin embargo, ambos han rendido mejor siempre que Tani ha estado sobre el verde. El canadiense cumple a rajatabla esas características que tenían Eyong y Thierno Barry. Por ello, el delantero que acompaña a Ayoze en la estrategia de Marcelino parece ser mucho más fundamental de lo que en un primer momento podía parecer.
Definitivamente, la recuperación del mejor Ayoze Pérez pasa por un contexto muy concreto: la confianza plena del cuerpo técnico tras una lesión que condicionó su continuidad, la constancia para encadenar minutos y sensaciones sobre el césped y, sobre todo, la presencia de un delantero grande que le libere espacios y potencie sus virtudes. Cuando esas tres piezas encajan, el atacante tinerfeño vuelve a ser determinante; cuando falta alguna de ellas, su impacto se diluye, lejos de la versión que le llevó a firmar la mejor temporada de su carrera.