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ANÁLISIS | LA CANTINA

¿San Silvestre o Cabalgata del Ninot?

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VALÈNCIA. La San Silvestre de València siempre ha sido mi carrera favorita del año. Desde el principio, cuando aún era un chaval, me sedujo su carácter festivo. Solo unos pocos, como Pablo Alba y Soukaina El Khayami, los ganadores en 2025, salen realmente a correr rápido. Los demás, los miles y miles de corredores que aguardan detrás pacientemente a que se dé la salida en la calle Xàtiva, van a pasar un buen rato el 30 de diciembre. Yo, también.

He corrido esta carrera desde que era un jovencito, hace lustros, y he escrito la crónica durante otro buen puñado de años. No habrá mucha gente que conozca la San Silvestre mejor que yo. Siempre he visto, y esa es la gracia de este día, a corredores disfrazados, falleros que se reúnen por última vez en el año, y gente que se coloca atrás del todo y va al trote. Pero creo que se le ha dado la vuelta a la historia y ahora, en vez de una carrera, la San Silvestre se ha convertido en una segunda Cabalgata del Ninot.

Que nadie busque en mí a un motivado al que le molesta que la gente vaya únicamente a pasárselo bien. Yo he corrido esta carrera con mi mujer a ocho minutos el kilómetro. No es ese el problema. Solo es que a mí me parece que ser traiciona al espíritu de esta carrera -insisto, una carrera, no un pasacalles ni una caminata- si la gente va a la San Silvestre a darse un paseo con unos cuernos de reno en la cabeza.

Yo corrí el martes con una careta de conejo. La liebre a la que nadie sigue. Y, la verdad, fue realmente complicado ir al trote. Por el camino me cruce a gente que iba vestida y calzada con zapatos. Ni siquiera se molestaron en ponerse unas zapatillas. Vi a familias que se cogían de la mano y, unos unidos a los de al lado, ocupaban todo el ancho de la calzada. Vi a padres temerosos que formaban un círculo de seguridad alrededor de sus hijos pequeños. Vi a demasiadas personas sin el más mínimo interés por correr 10 metros en una carrera realmente asequible con cerca de cinco kilómetros.

Yo ya sé que esto es irreversible. Que ni el Ayuntamiento ni nadie va a ponerse a hacer diferentes cajones para respetar a los que sí queremos correr, aunque sea vergonzosamente despacio, pero creo que no tiene ningún sentido que alguien vaya a una carrera y no pueda correr en todo el circuito si no es subiéndose a la acera.

Otras carreras ofrecen una solución muy sensata y cuando te inscribes te preguntan: ¿Vas a correr o a caminar? Respetan las dos opciones. Sí, respetan a los que quieren hacer el recorrido paseando. Pero también respetan al que se apunta a una carrera a correr. Creo que los dos mundos pueden convivir y que no tiene por qué imperar el que va a una fiesta de disfraces.

Insisto: yo voy a una fiesta de disfraces, pero también a una carrera. Es decir, a correr. A despedir el año corriendo.

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