Polideportivo

ANÁLISIS | LA CANTINA

València y la inigualable trilogía del asfalto

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VALÈNCIA. El día de la carrera, del 10K Valencia Ibercaja by Kiprun, Álex Aparicio se levanta a las cuatro y media, en plena madrugada. El hotel está en silencio. Algunos años no le ha hecho falta ni el despertador. Un poco antes de la hora ha abierto los ojos y el cerebro se ha puesto en marcha. No hay propina posible en la cama. Una ducha y al lío. Al organizador de la prueba le gusta llegar bien temprano, antes de que salga el sol, dar una vuelta por la Alameda y así revisar la zona de la salida y la meta. Durante el recorrido saluda a la gente de seguridad y le pregunta si ha habido algún incidente.

A sus pasos los guía la liturgia del momento más que un interés real por qué ha pasado con los noctámbulos. Son minutos de calma, de disfrutar de los últimos coletazos del conticinio, la palabra que define la hora de la noche en que todo queda en silencio. En nada llegará la gente a trabajar, a levantar los arcos, a poner en marcha los equipos para la retransmisión, y hasta Chimo Bayo aparecerá, con su fama a cuestas, para pinchar su música inmortal en una especie de púlpito desde el que acelerará el corazón de los runners.

Los primeros de todos no saben quién es este DJ de los tiempos de la Ruta del Bakalao. Andreas Almgren, el atleta sueco que ha venido a batir por segunda vez el récord de Europa de 10K, no había nacido cuando los valencianos enfilaban la carretera del Saler en dirección a Barraca, Spook, Chocolate…Una ristra de discotecas que atrajo a fiesteros de toda Europa. De Escocia vino, aunque no para entregarse a un baile sincopado, sino para correr, Eilish McColgan. Una mujer que, a sus 35 años, recuperó el récord para la familia. Su madre, Liz McColgan, ya batió la plusmarca europea de diez kilómetros en 1989 y la mantuvo hasta 2003.

La carrera ha adquirido tal dimensión que Aparicio dio la salida junto a la alcaldesa de València. María José Catalá entendió que un evento con cerca de 15.000 corredores y algunos de los mejores fondistas de Europa y de España merecía su presencia. Así es la Ciudad del Running. Y el 10K, que ha aprovechado muy bien sus oportunidades y una fecha en la que es imposible encontrar una mañana soleada y plácida en toda Europa, se ha beneficiado de la fama del maratón y el medio maratón.

Juntos, aunque no revueltos, han formado la trilogía del asfalto. Tres carreras que son consideradas de las más rápidas del mundo. El 10K y el medio maratón lo demuestran con números, con las mejores marcas, y el maratón se queda muy cerca. Las tres han servido para alimentar la fama de una ciudad como no hay otra para correr deprisa, en un circuito sin cuestas y al nivel del mar.

Todos los atletas que quieren mejorar sus registros se sacan un billete con destino el aeropuerto de Manises, por donde ya han desfilado casi todas las estrellas mundiales. Ahora, superada ya esta trilogía, es tiempo de volver a construir y corregir los errores que siempre se comente en toda organización. Los demás se dedicarán a entrenar y a esperar que empiece otra vez el baile. Bendita ciudad.

El martes, Aparicio acompañó a McColgan y a su marido al aeropuerto. El organizador se despidió con palabras de cariño. “Eilish, ya eres la princesa del 10K Valencia”. La atleta se giró y le preguntó por qué la princesa y no la reina. Aparicio la miró y le dijo: “Lo siento, pero la reina es Agnes Ngetich (la mujer que batió el récord del mundo en València”. La escocesa sonrió y encajó el golpe cariñoso. “Buena respuesta”, soltó antes de marcharse.

 

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