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opinión

Puerta grande

El Valencia tiene un gran entrenador que podría, en cualquier momento, ubicarse en el punto de mira de uno de esos Clubes todopoderosos que compran lo que quieren, cuando quieren y para ello son capaces de atropellar a quien se ponga por delante...

2/06/2018 - 

VALÈNCIA. Andaba el jueves media España pendiente del ‘afeitado’ que le preparaban a Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados cuando saltó una noticia digna de competir por la apertura de los noticieros televisivos. Zinedine Zidane anunciaba su marcha del Real Madrid. Lo hace tras ganar tres Copas de Europa y por la Puerta Grande. Sin que lo tire Florentino y sin que sus sabuesos –los de Florentino- arremetan contra el entrenador como están acostumbrados a hacer en cuanto el Jefe les lanza un hueso que roer.  

Zidane era, sin duda alguna, lo mejor que tenía la ‘Casa Blanca’, de ahí que lo sucedido el jueves pueda leerse como una muy buena noticia para los que no tenemos muchas simpatías hacia el Club cuyo entorno ha convertido en una de las entidades más antipáticas del Mundo. Pero no me interesa gran cosa ese asunto y sí centrarme en la importancia de la lección del, hasta el jueves, entrenador madridista. En primer lugar es una muestra de inteligencia inequívoca, como el inversor que sabe vender sus acciones en el momento que más alto cotizan sin esperar al comienzo de la curva descendente. Zidane ha sido futbolista, un gran futbolista, y seguramente ha detectado síntomas en su vestuario que le hacen intuir que su ascendencia está cerca de caducar. Algo que en una entidad en la que mandan las ‘estrellitas’ significa el preludio del final. Pero, más allá de glosar la inteligencia y la capacidad de renuncia del francés, quisiera llamar la atención por la elegancia de sus formas. Pocos días antes asistimos, no sin vergüeza ajena, a la pataleta del niñato de siempre que no asumía no ser la portada de los Diarios. Había disputado una final mediocre y –como acostumbra a hacer- antepuso su inmenso ego a la celebración del madridismo. Cris no podía permitir que se hablase de la chilena de Bale más que de su inmensidad como futbolista y… como guapo oficial de la ‘Central Lechera’. Zidane ha hecho todo lo contrario: dar un pasito atrás, dar tiempo a la alegría justificada del madridismo y, una vez la espuma se había desvanecido, decir adiós con su habitual tono sosegado.

Los madridistas de bien. Aquellos no contaminados por ese entorno corrosivo, que obviamente los hay, saben diferenciar entre la palabra de ZZ y la de CR7. Saben que cuando ZZ dice adiós es adiós y que cuando CR7 dice adiós significa ‘quiero más dinero’. Esa certeza coloca a Zidane por encima de cualquier controversia y al otro... en su sitio. Y ante tal demostración de inteligencia y elegancia, tengas muchas, pocas o ninguna simpatía con todo aquello que tenga que ver con el Real Madrid, invita sí o sí al reconocimiento y –por qué no- al aplauso.

Y habrá quien se pregunte: ¿qué coño hace este escribiendo sobre el Real Madrid? … Muy sencillo. Me preocupan hoy mismo y creo que debe servir para ocasiones futuras las acometidas de la bestia herida. El Valencia tiene un gran entrenador que podría, en cualquier momento, ubicarse en el punto de mira de uno de esos Clubes todopoderosos que compran lo que quieren, cuando quieren y para ello son capaces de atropellar a quien se ponga por delante. Es evidente que cuando la bestia herida arremete con virulencia es poco lo que se puede hacer para detenerla pero sí hay algo que se puede hacer para que la herida no sea tan profunda. A quien corresponda: amplíen el contrato de Marcelino y protejan al Valencia CF con una cláusula de rescisión. Antes de que sea tarde.

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