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OPINIÓN

¿Queremos?

22/12/2019 - 

LaLiga está abierta. Para el que la quiera. Al Barça y al Madrid les cuesta ganar. Y el resto de aspirantes lo saben. Este es el año de un outsider. La última semana nos dejó un Madrid terrenal en Mestalla y un Barça agotado que fue superado en casa por su eterno rival. Pese a las bajas, la sensación es que el Valencia CF está al nivel de los más grandes. Y que puede competir con ellos. Independientemente de los resultados ante el Alavés y el Valladolid de la jornada de ayer, sigo pensando de esta manera. Porque hacía mucho tiempo que la distancia futbolística entre la aristocracia y la clase media no era tan corta. Hay que remontarse a la primera Liga de Rafa Benítez, la 2001-2002, para encontrar a un líder con una puntuación tan baja como la actual. Ese año, una segunda vuelta impecable permitió al Valencia CF conquistar el título de forma inesperada.

Entre aquella temporada y la actual encuentro muchas similitudes. Es cuestión de sensaciones. La más importante, la ambición del equipo. La profesionalidad y el compromiso del vestuario de Rafa Benítez y el de Albert Celades está fuera de toda duda.

Los futbolistas tienen hambre. Lo demostraron en partidos tan señalados y de máxima dificultad como ante el Chelsea, Ajax, Levante, Villarreal o Real Madrid. El grupo se sobrepuso a las numerosas bajas y multiplicó esfuerzos. A día de hoy, los más jóvenes están dando el salto de calidad. Y los canteranos saben la responsabilidad y el significado de lucir ese escudo en el pecho. También han dado un paso adelante y han cogido la bandera. Por todo ello, los cien días de Celades en el banquillo han sido una invitación al optimismo. El buen momento deportivo ha permitido trasladar el foco de la actualidad al césped pese a que Anil Murthy se empeñara en ser (a fe que lo logra) portada de numerosos periódicos y revistas.

Mucho se ha hablado de aquella Liga 2001-2002. Y de partidos clave como fueron la remontada de Montjuic ante el Espanyol, con Rafa Benítez cuestionado, o la de Mestalla en el mes de abril contra ese mismo rival. Aquel partido, y tras la expulsión de Carboni, apareció un Baraja colosal para decir: “La Liga ya no se nos escapa”. Pero para mi hay un momento clave en esa temporada. Fue el partido ante el Rayo Vallecano. En marzo. El Valencia llegaba a Vallecas tras un empate ante el Inter (1-1) en San Siro, en la ida de los cuartos de final de la Copa de la UEFA. Angulo marcó pronto pero el Rayo remontó con un gol de Pellegrino en propia puerta y otro de Korino. El enfado de Benítez tras aquel encuentro fue monumental. Sobre todo porque el Valencia era completamente superior a su rival pero bajó los brazos, se dejó ir, y lo pagó muy caro.

Al día siguiente, en el entrenamiento de Paterna, Benítez escribió lo siguiente en la pizarra del vestuario: “¿Queremos?”. Faltaban ocho jornadas para acabar el campeonato y el entrenador sabía que el Valencia estaba en disposición de disputarlo. La respuesta del equipo fue contundente. Salvo la derrota ante el Inter en Mestalla en el partido de vuelta de los cuartos europeos, ese encuentro que acabó (0-1) con gol de Valencia y Farinós de portero debido a la expulsión de Toldo, el Valencia CF ganó siete de los ocho partidos restantes, no perdió ninguno. Solo empató uno. En Mallorca. Con otro gol de Baraja. Sumó 22 de los 24 últimos puntos en litigio. Y se proclamó campeón en Málaga, una jornada antes de concluir el torneo.

Fue esa voluntad de querer la que le permitió al Valencia CF ganar la Liga. Esas mismas ganas son las que veo ahora en el equipo de Celades. Aquella recuperación de Baraja en la segunda vuelta tras estar lesionado, sus goles fueron decisivos, es la que espero ahora de Guedes. O del regreso de Cancelo en este mercado de invierno si se produce. Pensar en una remontada épica en la segunda vuelta del torneo para asestar el arreón definitivo en los últimos diez encuentros de Liga.

Aquella desafortunada acogida de un consejero del club al torero Benítez es inversamente proporcional al crédito que ahora gana Celades partido a partido. Tras conseguir el respeto del vestuario, tirar de meritocracia (que jueguen los que se lo merecen), y aportar ciertas dosis de mejora táctica (sobre todo en lo ofensivo y en las acciones a balón parado), el Valencia ha ido recuperando en el campo el protagonismo que asumieron sus malos gestores. “¿Queremos?”, habría que preguntarse.

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