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/ OPINIÓN

Receta Lim

7/06/2022 - 

VALÈNCIA. Elija usted la peor de las formas para hacer las cosas. No tenga miedo: ponga su soberbia por delante y su altanería y sabrá qué hacer en cada momento. No piense en las miles de personas que pueden sentirse afectadas por sus decisiones. Con un poco de aislamiento singapurense bastará para darle un toque de sabor a despecho y a desprecio. Luego tenga bien a mano un buen número de pusilánimes, que igual llenan las gargantas de amiguitos de café, como te descuelgan el teléfono, a varios kilómetros de la víctima, para dar cualquier noticia que testifique las despóticas decisiones que usted vaya tomando, importándole bien poco (o nada) lo que impliquen. 

Cuando tenga a punto el caldo, vuelva a pagar finiquitos a técnicos, no vaya a ser que uno de ellos no acabe harto de sus políticas y/o mentiras y decida presentar su dimisión, al más puro estilo Prandelli y así, el desdén y la prepotencia que da el ir despidiendo a los empleados se le quedará clavada, como una espina, en esa lista de cuentas pendientes que tiene debajo del colchón de su cama. Ese mismo colchón que hunde y ablanda de madrugada, mientras se desvela para ver jugar a su equipo o eso dicen, que las malas lengua en escabeche, con tal de ensanchar la leyenda del tirano, son capaces hasta de afirmar que, de vez en cuando, siente compasión por esta empresa tan pequeña.

Machaque, pues, con firme voluntad y mano traicionera, en su mortero, a cualquier técnico que se sienta engañado, ninguneado y despreciado. Luego, una los dudosos trofeos de sus ceses en un espeso sofrito que, al mezclarlos con la historia del club, llegue a eliminar la identidad del mismo, pues igual suena un técnico de corte más defensivo que otro cuyo fútbol alegre y de toque en nada se ajusta a la poca calidad futbolística de una plantilla hecha de sobras de los auténticos platos de restaurante.

No le ponga “Sal”: pónganle “Te vendo” y así cualquier jugador, sea o no de la tierra, sea o no de la Academia, sea o no súbdito de Mendes, sea o no un extraño negocio, inflado en su precio y en discordancia con su calidad, acabará deseando marcharse, no por la preciosa ciudad que ustedes menosprecian, ni por la afición que ningunean, sino por el caos estructural que asola el club y te va calando en tu rendimiento como futbolista. Verá que conforme vaya vendiendo o regalando, como tantas veces ya ha ocurrido, le irá costando más hacer frente a sus millonarias deudas, porque no sabe (ni quiere) ir reponiendo correctamente las piezas vendidas, así que se quedarán las banquetas del vestuario como último recurso para poner en venta y dirás: “miren, les vendo esta, donde un tan Kempes puso sus posaderas”. Y a Kempes lo quemaste en tu infernal horno. O “aquí tiene esta otra banqueta donde Cañizares descansaba” y a Cañete le hiciste el peor de los desprecios que un padre puede sufrir. O, si no, podrás decir “o en esta otra, donde César meditaba después de los partidos”, pero César salió corriendo del club, ante la falta de seriedad, aunque se dejó por el camino algún que otro titiritero de regalo. Y así, podríamos ir vendiendo cómo los recuerdos del club se van vendiendo y mancillando, sin problema alguno, porque da lo mismo que quememos parte de nuestra historia, ya que es con ustedes, los maravillosos singapurenses venidos del cielo, con quien realmente comienza la historia de este club: bueno, en verdad comienza esa historia de una crisis, el comienzo del fin, el principio del final, o como quieran llamarlo. Si se queman los referentes, no pasa nada, porque podemos quemar muchos más o nos los inventamos.

Ponga la plantilla a remojo un tiempo limitado: en verdad, ponga a remojo a un puñado de chavales a los que les llega demasiado pronto eso de asumir, con plenos poderes, lo que implica jugar de titular en el Valencia CF. Si se reblandecen, sáquelos por la vía rápida del club o lléveselos a otros equipos donde Mendes o sus allegados tengan algún tipo de influencia. Venda esto como una correcta política de cantera y póngale etiqueta gourmet, para que todo el mundo vea qué equipazo podríamos tener con una correcta estructura de club, solo con jugadores salidos de la escuela de Paterna. Ahora, muchos triunfan en grandes clubes de Europa o de América o, por el contrario, ruedan por las extintas Segunda B o la Tercera en poco más de un año, pues la presión, la premura y la carencia de planificación deportiva con ellos, se los llevó.

Por si quisiera darle un toque más colorido al plato, piense en el Valencia Femenino y en su deambulante marcha, no por la gente que lo lleva, altamente cualificada, sino por la falta de medios que les dispone a su alcance. Lo mismo ocurre con el filial, el Mestalla, que debe ir resucitando temporada tras temporada, tras caer el año pasado el mismo infierno futbolístico. Demasiadas caídas en todos los frentes.

Pruebe a acompañar este plato enjundioso con vino, como ya hacían algunos, y con café al final, como hacen otros. No se inquiete si siente ardor estomacal, pues bien pronto comenzará a sentir una irá que le conducirá al wáter dialéctico y/o emocional, que le enfurecerá todavía más y no le quitará esa sensación de empacho meritoniano. Coma algo más y verá cómo este plato de Lim conseguirá anestesiarlo poco a poco, con bastantes mentiras, con unas dosis engatusadoras de carácter, con un listado de nombres que nunca vienen ni vendrán. Cada año esta música ameniza el desmembramiento progresivo del equipo. Habrá algunos que seguirán comiendo del plato y tendrán suficiente ración para lo que resta de verano y parte del otoño, cuando el equipo esté ya debatiéndose en su cima institucional, que es la mitad de la tabla.

Pon, sin miedo, una o dos figuras de loza en lo alto del pastel: un o una presidenta y un director deportivo. Coge una espada, siéntete Lim por un día. Recita eso de que “estoy senil, soy un aficionado y un problema”. Felicita al cocinero por semejante receta. Ríete de todos y de todo: ofrece el corte más mal hecho del pastel a la ciudad de Valencia y promete que con un par de lonas y dos remedos, todo se arregla. Por si acaso, prepara una demanda contra la Generalitat si no te cogen el plato, pero hazlo sin que nadie lo sepa, ni lo escuche, claro, porque luego ya sabemos qué pasa con los audios: que los carga el diablo. Eructa si crees que así rindes pleitesía a la copiosa comida y siéntete un magnate del fútbol, sentado en la mesa de mafiosos y poderosos de todo el mundo, aunque tú solo seas el ridículo mataclubes que no sabe qué hacer realmente con su juguete. Ponte a dos patas si esos poderosos te ofrecen unas migas sobrantes que quedaban por la mesa: hazte la cuenta de que tu plato no les interesa salvo que puedan sacar ingredientes a bajo coste. Aunque te crea lo contrario, eres motivo de su burla. Siempre el mismo menú pero con otros manteles. Tu plato Valencia CF sabe a tierra quemada.

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