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opinión / Peleando a la contra

Revolución y victoria balsámica

1/10/2018 - 

VALÈNCIA. Había que ganar o ganar, conseguir la primera victoria en casa y sumar de tres antes de las visitas a Getafe y al Bernabeu, con parón liguero de por medio. Lo sabía el levantinismo, desde el presidente al último hincha, y todos miraban de reojo a Paco López, intrigados por lo que sería capaz de sacarse de la chistera para truncar una dinámica que amenazaba con endeñarse y hundir, más aún, a un equipo muy tocado. El de Silla insistía, cada vez que le ofrecían un micrófono, en que la confianza la dan las victorias y no al revés, pero parecía un mantra más que una certeza: no ganar hubiese instalado el pánico en Orriols. Hoy todo se ve distinto. Así funciona este negocio que él conoce mejor que nadie.

López apostó por un planteamiento táctico inédito y cambió su habitual ruta a la victoria. La necesidad hace virtud, dicen. Acorralado por la fragilidad defensiva, la solución del míster mata dos pájaros de un tiro: además de fortalecer la zaga, resuelve el problema de unas bandas frágiles, agudizado por la lesión de Coke. El resultado fue que el equipo no tuvo nada que ver ni con el de Zorrilla ni con el de los cinco partidos anteriores. El cambio se anunció ya con la revolución en el once inicial, en el que sólo repitieron los intocables de Eliot López: Oier, Postigo, Campaña y Morales. 

Para frenar el aluvión de goles encajados y de ocasiones de los últimos envites, el míster apostó por tres centrales (Cabaco a la derecha, Postigo en el centro y Pier a la izquierda) y dos carrileros (Toño y Jason), con Prcic de coche escoba. En el minuto 4, cuando Sobrino remató a gol, solo en el corazón del área, parecía que el sistema fracasaría con estrépito, pero lo cierto es que sólo fue el enésimo desajuste en las marcas y el Alavés apenas volvería a merodear la portería de Oier hasta el 81', cuando Ibai estrelló el balón en la cepa del poste. El tanto hubiese hecho subir la injusticia al marcador y, desde luego, representaba un mazazo para el levantinismo. Al margen de ello, el dibujo táctico de López funcionó a la perfección: el Llevant maniató por completo a una de las sensaciones de este inicio liguero. Nada de intercambio de golpes: superioridad de principio a fin.

La revolución de López no acabó aquí: con Prcic como referencia, se suspendió el toque en la medular y se verticalizó el fútbol. Rochina y Campaña juguetearon, pero más cerca del área rival que de la propia. Así fue cómo López minimizó el riesgo de los errores que habían lastrado al equipo en los últimos partidos y aumentó la presión sobre la zaga del Alavés. En defensa, además, sólo se sacó el balón jugado si se podía trinagular con Prcic. Para el resto de situaciones se circulaba y redirigía a bandas o Cabaco buscaba el pase entre líneas o los balones largos a Boateng, con Morales merodeando e intimidando al rival con su presencia oscilante y cayendo a bandas, muy cerca de Rochina y Campaña. El saguntino estuvo eléctrico y luchador; el sevillano asumió su nuevo rol, en banda, dejando la manija en los pies de Prcic y más solidario y peleón que nunca.

El Llevant hizo 22 faltas, algunas fruto de la imaginación de Melero, que se postuló abiertamente anticasero a medida que avanzó el partido. En Zorrilla sólo le pitaron diez. La cifra delata el aumento de la intensidad y agresividad del equipo –llámenlo carácter, actitud–, algo de lo que había adolecido. Esta fue la otra gran clave del partido. Aunque Toño, Pier, Jason, Boateng, Cabaco, Rochina y Prcic recuperaban o estrenaban titularidad, este aspecto tuvo más que ver con un cambio de talante en todo el grupo que con las permutas en el once.

Sin embargo hay un nombre propio que cabe destacar, en este sentido: Cabaco estuvo expeditivo y fiable, pero sobre todo consiguió inyectar genética uruguaya, competitiva, a sus compañeros. Jason fue otro de los pilares: el gallego no es el típico futbolista guayón; no es simpático pero siempre curra de lo lindo. Su rol de falso lateral revolucionó el partido: selló la banda, atacó en desbandada y además tiene gol, siempre lo ha tenido. Y Rochina, que firmó su mejor partido como granota: funcionó como enganche, basculó por el balcón del área buscando el tiro o la asistencia y estuvo a milímetros del gol, en un lanzamiento desde la frontal, en una falta directa que raspó la madera y en un pase de la muerte de Campaña que se le marchó fuera.

Orriols, enchufado desde el minuto uno, también contribuyó al triunfo, sobre todo con la inesperada ovación que brindo al equipo tras el 0-1 de Sobrino. Finalmente, la alegría y el optimismo inundaron a la parroquia blaugrana. El Llevant fue superior al Alavés y mereció una renta mayor, aunque todo pudo ser distinto si el balón de Ibai llega a caer hacia dentro. López y sus hombres lo hubiesen hecho todo bien sin obtener premio. El reto de futuro, tras la balsámica victoria, es aprender a cerrar los partidos para evitar súbitas injusticias, sobre todo cuando se es muy superior. Pero de momento dediquemos un instante a brindar por la victoria y por el retorno del buen fútbol.

Oier (5); Cabaco (8), Postigo (7), Pier (5); Jason (8), Campaña (6), Prcic (7), Rochina (8), Toño (7); Morales (5), Boateng (7).

59' Moses (7) por Jason.

71' Chema (5) por Cabaco.

82' Doukouré (5) por Rochina.

Paco López (8)

Goles

0-1 4' Sobrino

1-1 18' Jason

2-1 35' Toño

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