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opinión

Se te ve el pajarito

23/11/2018 - 

VALÈNCIA. Tengo Twitter desde hace casi nueve años. Ha sido siempre mi red social favorita, por su nivel de censura -mucho menor que el de los meapilas de Facebook o Instagram-, su capacidad para dar voz a quienes solo la tuvieron en la barra de los bares o en las reuniones de amigotes, y su utilidad como resumen de noticias. Odio de Twitter, como tanta gente, el carácter agresivo de muchos de sus usuarios y el cuñadismo en grado avanzado que destilan algunas polémicas, pero en el fondo es una red que me divierte. La uso como herramienta personal, rara vez me meto en charcos y retuiteo cosas que me parecen interesantes o curiosas. Casi 3.500 personas me siguen, pero nunca he buscado ganar seguidores a cualquier precio.

Sé lo que es mirar el Twitter con una copa de más y tener la tentación de soltar la burrada más grande del mundo, llevado por los efluvios del alcohol, y que dicha estupidez sea pública para siempre. Afortunadamente, conservo una neurona en mi cerebro que me lleva a pensar dos veces lo que escribo. También sé lo que es escribir un artículo contando borracheras, como un Hunter S. Thompson de tercera división, y que parezca hasta divertido ponerte pedo en un lugar en el que has de estar sobrio. Por eso, cuando la cuenta en inglés del Valencia CF optó por una catastrófica puesta en escena el pasado fin de semana, sentí una vergüenza ajena inenarrable, como cuando me tropiezo zapeando con 'Mujeres y Hombres y Viceversa' o con Tomás Roncero vestido de hooligan en televisión.

Hacerse el borracho o escribir estándolo, que es casi lo mismo, no es divertido. Es una práctica que, desde el punto de vista de quien la realiza, puede parecer desopilante, pero no tiene ni puta gracia para los que leen el resultado. Es patético. Remite a esa forma de pensar y de hacer en la que a los tontos y los borrachos se les permite todo, porque no saben lo que hacen, pero no deja de ser un ejercicio de irresponsabilidad y escaso juicio, y más si lo haces en nombre de una institución. Lo mismo se puede decir de la "ocurrencia" de hacerse pasar por un becario, como si el responsable de la cuenta fuera un presentador encocado que odia a los trabajadores en prácticas que, además, curran gratis y deja para el becario los marrones. Al CM de la cuenta en inglés del Valencia le pasa como a esos señores que salen de un urinario público con la bragueta desabrochada, que se les ve el pajarito.

Las cuentas de Twitter del Valencia son, en general, aburridas. Carecen de ese rasgo tan valenciano que es el sentido del humor, la capacidad para reírse de uno mismo y, con ello, de lo que le rodea. Pero cumplen con su propósito: una foto de un entreno por aquí, una efeméride por allá, un acto social o publicitario por acullá. Echo de menos la gracia de cuentas como la del Leganés o la del Borussia Mönchengladbach, porque, en los tiempos que corren, los aficionados también se hacen de los equipos por lo atractivas que sean sus redes sociales. Pero es lo que tenemos, por muy poco representativo que sea del espíritu del club y la sociedad que lo sustenta.

En los tiempos en los que el Valencia acumulaba problemas sin buscarlos, una página web, checheche.net, se convirtió en la cronista, desde el humor y la irreverencia, de las desdichas que acumulaba el club. Los desmanes de Banega, las broncas de Miguel Brito o Manuel Fernandes, la pistola de Carboni y hasta los goles marcados con el falo por Maduro fueron objeto de sus bromas, en un ejemplo de lo que era un blog que, por muy valencianista que fuera, sabía reírse de la forma de actuar del club. Hoy, que el único problema del Valencia es intentar reconducir a un delantero que no se adapta al esquema de juego que propone el entrenador y que en el equipo no hay futbolistas como Dembelé o Rubén Semedo (que, en otros tiempos, habrían sido valencianistas sin remisión), ni siquiera cuando queremos ser graciosos tuiteando en inglés nos sale algo que no sea penoso.

Hoy es Black Friday y el Valencia debería aprovechar para comprar a buen precio un tuitero con sentido del humor que no hiciera el ridículo. Y, si no lo encuentra, un cerebro nuevo para el iluminado que gestiona su cuenta en inglés.   

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