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opinión

Sí, se puede

6/03/2019 - 

VALÈNCIA. No. El Valencia CF no cambió de caballo en mitad del río. A pesar de que
muchas voces exigían que saliera en globo, de que a algunos aficionados las
tripas les pedían una destitución e incluso cuando existía debate en la
propiedad acerca de la continuidad del técnico, Marcelino García Toral
siguió. El club, por primera vez en varios años, impuso el sentido común a
la popularidad, tuvo coherencia en momentos de debilidad extrema y desdeñó
unos resultados famélicos para mantener a su líder. Y el caballo, que
parecía varado en mitad de un río que amenazaba con llevárselo por delante
gracias a unas fuertes corrientes, logró alcanzar el Rubicón de la Copa. La
estabilidad reforzó la unidad, la unidad redireccionó la voluntad del
vestuario, el grupo demostró que podía defender al entrenador con hechos y
no sólo con palabras,
los resultados fueron llegando y con ellos, la
confianza y el fin de la ansiedad. De tal manera que los que querían
“quemar la falla” antes de tiempo y dibujaban un futuro apocalíptico
tuvieron que reconocer que, a pesar de todos los errores cometidos, el
equipo aún podía alcanzar los objetivos. El terreno cedido se ha ido
recuperando, las sensaciones ya no son tétricas y el pesimismo atávico se
ha ido transformando en energía y dinámica positiva. Fútbol.

Toda vez que el valencianismo parece haber asumido que cambiar de caballo
en mitad del río no es siempre la mejor solución, el panorama se ha
aclarado. El equipo está, once años después, en una final de Copa. Ideal
para poner un broche de oro al Centenario y para alentar la ilusión de la
grada. Primer objetivo, cumplido. Ahora faltan dos por perseguir, con
tenacidad y sin desmayo: escalar en la tabla hasta la cuarta plaza, que por
presupuesto, plantilla e inversión es el lugar que corresponde al club, y
seguir avanzando rondas en Europa, donde dinero y prestigio van de la mano.
Marcelino ha dado un paso al frente, el vestuario dos y la grada, como
siempre, tres.
Club, cuerpo técnico, grupo y aficionados están condenados a
remar, todos juntos, en la misma dirección. Si es así, el final de este
cuento va a ser feliz. Hay síntomas de evidente mejoría. Más empaque en
defensa – el fichaje de Roncaglia parece una bendición-, el centro del
campo zapa como nunca – Kondogbia parece por fin ese pulpo del curso
pasado-, la delantera empieza a carburar – Rodrigo parece más liberado y
Kevin Gameiro empieza a facturar, porque nunca es tarde si la dicha es
buena- y la moral es óptima.

Dicen que los equipos que sobreviven a la adversidad suelen acabar las
temporadas como un tiro. Vienen de la nada, de pasarlo mal, de sufrir en
silencio y claro,
cuando encuentran la senda del triunfo después de las
críticas – fundadas algunas y otras no tanto-, se aferran a ella con
fuerza. Siempre es mejor pasar de la nada al todo que del todo a la nada. Y
el VCF, que estaba enfermo, ha salido de la cama, ya no tiene fiebre y se
ha puesto de pie. ¿Y ahora, qué? Pues ahora toca ir todos a una, como en
Fuenteovejuna, para dar lo mejor que tenga el grupo hasta el final. En Liga
y Europa. Neto está que se sale, Jaume cumplió en Copa, Gayà está haciendo
un temporadón, Paulista es fiable, Roncaglia está deslumbrando, Parejo
sigue sobresaliente, Kondogbia está volviendo, Gameiro empieza a ver puerta
y a Rodrigo se le está empezando a poner cara del Rodrigo del año pasado.
Si Gonçalo Guedes consigue ponerse a punto, si por fin consigue que su moto
vuelva a ser capaz de ponerse de 0 a 100 en cuestión de segundos,
el
Valencia va a seguir escalando con pie firme. Guedes, que hizo lo posible y
lo imposible por jugar en el Valencia, ya está sano y ahora tiene que ser
el jugador que marque las diferencias. Aún no puede ganar los partidos él
sólo, pero sí puede empezar a desnivelar en favor del grupo. Vino para eso
y Marcelino lo sabe. No hay nadie en el vestuario que no crea que esta
temporada puede terminar con final feliz. Ahora falta la recta final. Las
notas llegan en mayo. Y aunque parezca mentira, este VCF está a tiempo de
rubricar uno de los mejores capítulos de su historia contemporánea.
Desde
la humildad y el trabajo, todo es posible. Hay licencia para soñar, hay
voluntad para crecer y lo más importante, hay un grupo unido. Sí, se puede.

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