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OPINIÓN | PELEANDO A LA CONTRA

Sin límites

El Llevant triunfó en el Bernabeu. Con justicia. Con VAR. Fue mejor que el Madrid. Y le acompañó la suerte. No es menos cierto que también tuvo opciones para golear y humillar. Y acabó sufriendo lo indecible

21/10/2018 - 

VALÈNCIA. Tras nueve jornadas, la Liga no puede estar más igualada. El VAR se pone del lado de Paco López cuando afirma que "el talento tiene límites, pero no el esfuerzo y la fe". Y, desde luego, permite que al fin los equipos más humildes no se hundan con la tradicional balanza que, en caso de duda, siempre se inclinaba hacia el poderoso. Se acabó. El VAR mejora exponencialmente a los árbitros. Y por tanto hace más justo el fútbol y contribuye a reducir los abismos marcados por los presupuestos. Bendito VAR.

El Madrid, bien maniatado por los blaugrana, no desplegó demasiados argumentos ofensivos. Fue previsible y pese a ello pudo provocar una sangría, con su recurso más recurrente: los centros al área, especialmente a balón parado. Llegaron a convertirse en pesadilla para los de López, sobre todo en la primera mitad. En total, quince saques de esquina. Y cada uno de ellos disparaba las pulsaciones de la hinchada granota. Oier fue uno de los héroes del partido y de los artífices de la victoria. Sin duda. Hizo paradas inverosímiles y otras magníficas. Y se mostró seguro… pero con su pavor a salir de debajo del larguero para blocar o despejar balones aéreos dio alas al Madrid, que encontró ahí un filón.

Es cierto que los de Lopetegui estrellaron tres balones en la madera y que se les anularon dos goles en fuera de juego (ambos clarísimos). No lo es menos que el Llevant a la contra pudo golear. En la primera parte y en la segunda, prácticamente hasta el minuto 70, tuteó al Madrid, estuvo bien plantado sobre el césped, y puso en evidencia todas las carencias vikingas, apenas disimuladas por el empuje de Casimiro y la inteligencia de Benzemá.

Y ese pese a que los levantinos no acabaron de mostrar su mejor versión.

Bardhi, que venía tocado de su participación con Macedonia, se fajó en la presión arriba y se arromangó en defensa, pero sobre todo se convirtió en el catalizador del ataque granota; el enganche, para cuando no se optaba por el balón largo. A su lado, sin embargo, Campaña estuvo bien defensivamente, pero obtuso en la salida de balón: una pérdida inocente suya propició el 1-2 de Marcelo; otra, el balón repelido por la madera de Benzemá. Rochina, por su parte, intentó mantener la posesión y tocar con verticalidad, lo cual fue de agradecer en las fases en las que al Llevant apenas le duraba el esférico un instante, pero extravió balones en zonas de alto riesgo.

El Llevant fue el equipo grande en Chamartín. Hemos visto mil partidos en que el humilde se vuelca con todo el alma sobre el área rival, pero el poderoso marca las diferencias con unos cuantos zarpazos de calidad. Esta vez fue el Madrid quien se dedicó a bombear al área y el Llevant el que trazó un puñado de jugadas de tiralíneas. De hecho, el encuentro tuvo puntos de inflexión para la puntilla: antes del descanso se le anuló a Rochina el 0-3 por un fuera de juego dudoso hasta en la moviola; y se señaló otro erróneo a Morales, que se lanzaba a por Courtois desde campo propio. A lo largo del match los levantinos tuvieron cuatro contras más clarísimas: en dos de ellas Morales no levantó la cabeza para ver a Bardhi y a Jason, completamente solos ante el meta rival; Roger, en la suya, optó por tirar en vez de ceder a Morales o Bardhi; en otra, Morales vio a Jason que no llegó, en boca de gol, por los pelos. A Valdano, sin embargo, le parecía más poético el fútbol de zurrón y polainas del Madrid.

Fue un partido espectacular para el espectador desapasionado, con alternativas constantes. Frustrante para los madridistas e infartante para los granotes, que con el 1-2 de Marcelo temieron que la gesta se truncara. Y Morales fue el futbolista decisivo. Se convirtió, de principio a fin, en pura migraña para Ramos y Varane, marcó un golazo, generó media docena de ocasiones más y hasta hizo lo correcto en el penalti: tomó el balón con mimo de donde lo había colocado Bardhi, para el golpe franco, y se lo entregó a Roger. Si el sprint de Ballesteros ante Cristiano dio la vuelta al mundo en su día, la victoria de ayer tiene otro símbolo: Morales le rompió la cadera a Ramos tras un movimiento en carrera de puro rock and roll.

Oier (8); Cabaco (7), Postigo (9), Pier (6); Jason (7), Campaña (6), Bardhi (8), Rochina (6), Toño (7); Roger (7), Morales (9).

66' Doukoure (6) por Rochina; 74' Chema (6) por Postigo; 78' Boateng (6) por Roger.

0-1 6' Morales

0-2 12' Roger (penalti)

1-2 71' Marcelo

Paco López (8)


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