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opinión

Tocomocho

29/10/2019 - 

VALÈNCIA. Decía mi admirado Chente Oliver que lo del sistema 4-4-2 no era solo cosa de Marcelino, ya que el Valencia CF ha jugado, excepto en muy contadas ocasiones, siempre con ese sistema desde la década de los setenta. No es que se adapte mejor a ello: es que lo lleva en su ADN. Por eso, incluso a pesar de la consecución de objetivos (como le ocurrió a Emery, por ejemplo), hay algo de sabor amargo en la boca cuando se toca esta idea de juego, como si, de manera puntual, se pudiera variar, pero poco más, porque tenemos muy asumido qué nos lleva más directamente a la victoria y qué no. No le quito razón a Chente, porque la tiene toda. Y digo más: ojalá vuelva la monotonía y el aburrimiento, pero ganemos allá donde vayamos, con solidez atrás, ímpetu arriba y garra en todo el campo, porque yo ya echo de menos todo esto. A esto se le llama identidad, que es lo que ahora mismo ya no tenemos. O mejor aún: es la que tienen los proyectos de Meriton, anclados en la medianía de la tabla (como estamos), en la trivial propuesta de juego (el que tenemos) y en la mediocridad de soluciones (las que siempre suelen perjudicar al equipo en lugar de beneficiarlo).

A mí me da la sensación de que me están timando por algún lado y digo esto cuando falta muchísimo de campeonato pero las sensaciones no son muy buenas que digamos: ¿qué premio tenía este proyecto? ¿A quién se le ocurrió la idea de que desbaratándolo se alcanzarían mejor las metas de este club? Es más ¿cuáles son las metas reales de este club? No me han engañado nunca, pero me siento tan estafado que no puedo reprimir mi tristeza ante los hechos: no sé a qué jugamos, ni qué se pretende con todo este caótico modelo de continua y permanente transición hacia ninguna parte. De tanta deriva ya no sabemos muy bien quiénes somos, a pesar de haber hecho un importante esfuerzo de memoria con el centenario. Meriton quiere dejar bien claro que aquí la historia la construyen ellos y que hay un antes y un después de su paso. Y lo hay, como lo hubo tras Paco Roig o tras Juan Soler. Siempre lo hay: caminar hacia el futuro por otro camino no implica tener que borrar las huellas que te preceden y aquí parece que  se tiene más interés en resetearnos el pasado que en ilusionarnos con el futuro. Pese a todo, qué mal se está haciendo en el presente cuando nos sigue provocando más ilusión ese mismo pasado (que ya no tenemos) que el futuro que nos quieren vender como boleto premiado.

Pero la estafa emocional va más allá: el domingo por la noche fui testigo de cómo le birlaban muchas cosas al Valencia CF: la dignidad, el respeto y el dinero. El arbitraje fue indigno, malicioso: llevaba el Valencia tres faltas en la primera parte y se repartían en una tarjeta roja, una tarjeta amarilla y una falta inexistente de Kondogbia en la frontal del área. Ese bagaje era insuperable y difícil de aceptar. Servía de perfecto reflejo del vacío institucional que vivimos, queramos o no. El respeto, además del que ya no nos tienen en los despachos, es el que perdieron los jugadores del Osasuna hacia el Valencia, al cenárselos en entrega, empuje, intensidad y garra, como si tú, equipo grande, no necesitaras nada de esto para ganar. Pues nos equivocamos de nuevo. Y dinero, el que nos acaban de arrancar de las manos con Correia, al que le podíamos haber puesto en la espalda un Aderllan Santos, Abdennour, Bakkali y muchos otros nombres ilustres de la galería de los horrores de Meriton & Company. Mendes, de nuevo, sirviendo a Peter Lim de un modo muy confuso. ¿de verdad en Meriton creen que Correia es un boleto ganador? ¿no será que otros están ganando con Correia? Yo, como valencianista, me llevo el billete de mentira, por lo que veo. Los billetes de verdad ¿quién se los ha llevado? Todos y todas sabemos la respuesta, pero ¿por qué el Valencia debe sufrir estas cosas? ¿por qué usar al Valencia para estos negocios? Me da tanta pena que no puedo levantar el dedo acusador ni lo pretendo: ahora solo quiero que lo reflexionen los que compraron una parte de mi sentimiento aunque nunca lo puse a la venta y que también lo piensen quienes lo pusieron a la venta en su día, porque esta alma ya la tiene el diablo y nada se le puede reclamar: ni el 4-4-2 ni el 4-3-3 ni el sentiment, ni el sentido común, ni nada. Yo que creía que nos había tocado la lotería con Lim y cuando me vine a dar cuenta, estaba con billetes del Monopoly ¿quién estará contando los auténticos? ¿quién se estará frotando las manos con todo esto? Y si la respuesta es “nadie” ¿por qué tengo esta sensación? ¿por qué el club no se hace más transparente?

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