OPINIÓN 13 DE NOVIEMBRE

Un cierre de 2019 para ilusionarse

24/12/2019 - 

VALÈNCIA. Paco López y su pizarra, Roger, Borja Mayoral y Morales acapararon los focos de una victoria que dispara la ilusión. El mejor final posible a un 2019 con subidas y bajadas, con brotes de éxtasis y desesperación, pero con una premisa necesaria que aúna esos sentimientos antagónicos y que fue clave para voltear el zarpazo de Iago Aspas: que este Levante aglutina carácter, valentía y gen competitivo. Ese es el camino. “La ilusión no hay que perderla nunca, que la tenga todo el mundo, pero no hay que obviar la perspectiva”, declaraba Paco después de un triunfo que dispara a los suyos a la novena plaza, con 26 puntos y con una brecha suficiente con la zona de peligro para dejarse de mínimos y ambicionar. No me cansaré de repetir que hay mimbres suficientes para desafiar a los que tienen la obligación de pelear por cotas mayores que la permanencia. No exijo ir a Europa, pero sí luchar partido tras partido a pecho descubierto y sin mirar el DNI del rival, por mucho presupuesto que tenga y luego el balón dictará sentencia. Y en estos parámetros no concibo un entrenador mejor que Paco, con un ADN atrevido rozando el extremo, pero al que le salen las cuentas: ocho victorias, dos empates y ocho derrotas. No me bajo de su montaña rusa de emociones aunque me lleve algún disgusto que otro. Cuando alcance el equilibrio absoluto, sobre todo cuando se corrija la fragilidad en las acciones a balón parado, será la repera. Este Levante 19/20 del técnico de Silla es el tercero en Ligas de Primera a estas alturas de la competición por detrás de los de Juan Ignacio en la 2011/2012 y 2012/2013, ambos con 30 puntos.

Los dos últimos triunfos llevan el sello de Paco López, el único entrenador con más victorias (27) que derrotas (26) como granota en la élite nacional. Curioso que el peor equipo de 2019 era el que más daño había hecho al Levante en su historia en la máxima categoría con sus seis victorias y un empate en siete visitas. Y el octavo cara a cara iba camino a aumentar el maleficio, pero al descanso cambió el discurso y la entrada de Borja Mayoral desatascó el embudo que había planteado el Celta con una presión ordenada, equilibrada y haciendo daño con la movilidad en ataque de Santi Mina y, sobre todo, Aspas. Un movimiento de piezas crucial: un socio para Roger y Morales fijando al lateral y haciendo estragos desde la banda derecha. Cuando es generoso, su rendimiento se multiplica. Con la cabeza arriba, el capitán es imparable. Le faltó el gol, lo mereció, pero le pasaron factura esas ganas de poner firmes a todos con su inconfundible saludo. Una celebración que se resiste desde el 30 de agosto en Orriols contra el Valladolid. Suyo fue el primer tanto de 2019 y cierra el año siendo uno de los que ha participado en las 39 jornadas de Primera junto al guardameta Diego López (Espanyol), Oyarzabal (Real Sociedad) y Williams (Athletic). 13 triunfos, 9 empates y 17 derrotas son los guarismos totales del colectivo en la competición doméstica. El ‘Comandante’ está peleado con el regate, pero lo deja todo. Hay que reconocer una vez más lo que representa. Es un ejemplo. Fue cambiado por Coke y aún le quedó gasolina para salir disparado desde el banquillo a festejar la sentencia de Mayoral.

“Esto es un equipo. Todo el mundo tiene que estar preparado para ayudar”. Semana tras semana, públicamente y de puertas para dentro, Paco López habla en colectivo. Suena a tópico, pero todos tendrán su momento. Que se lo digan a Toño, que lleva en sus piernas tres titularidades seguidas (una de ellas en Copa) cuando parecía imposible que pudiera rascarle minutos de protagonismo a Clerc. El éxito radica en la gestión del vestuario, en comulgar en familia con las líneas maestras del cuerpo técnico de ‘Los López’. Mayoral volteó la película y Roger lo agradeció. Mucho se debatió la temporada pasada sobre esta pareja, que si encajaban o no, incluso hasta se hablaba de una relación con más sombras que luces. Ahora la conexión es incuestionable y se deshacen en elogios. Roger necesita a Mayoral y viceversa. En ese fuego interno que envuelve al ‘Pistolero’, la entrada del ariete de Parla le dio el impulso que necesitaba para firmar su segundo doblete seguido en el Ciutat y esta vez para salir por la puerta grande. En muchos momentos, su personalidad está a prueba de bombas, pero es consciente de que el equipo está por encima de las individualidades. Nadie le puede negar que es un prodigio de compromiso, entrega y esfuerzo. Batalló en solitario en la primera parte contra los tres centrales celestes, con exceso de revoluciones porque tenía que hacer la guerra por su parte, fue amonestado y Rubén Blanco evitó su tanto con un remate a bocajarro. Esa conversación en el túnel de vestuarios con Prieto Iglesias, con apretón de manos para ‘firmar la paz’ antes de volver a escena, le vino de perlas. Ahí comenzó su revolución. Bigoleador y ovacionado por un Ciutat entregado cuando Paco decidió reemplazarlo por Vukcevic; un cambio con 2-1 para sostener la renta, ganar músculo y no lanzarse a la desesperada a por el tercero, que además llegó con dos efectivos de perfil ofensivo menos ya que tampoco estaba Morales sobre el césped. Frente al ‘pichichi’ nacional (un año más), Roger derribó la barrera de los 50 goles con el Levante en partidos oficiales. Está a uno de Salillas, que llegó a los 52 entre 1998 y 2001. Además, ante los gallegos igualó los ocho tantos en las 18 primeras jornadas de una Liga de Primera que logró en la 2018/19.

Borja Mayoral representa la necesidad de que todo el mundo tiene que estar preparado para ayudar. El Celta obligó a darle una vuelta de tuerca a la pizarra y con ese escenario no quedaba otra que echar un vistazo al banquillo y aferrarse a los que ahora son secundarios pero que con su aliento también pueden ser determinantes. El delantero cedido por el Real Madrid participó en los dos primeros tantos, anotó el tercero y se señaló el escudo en una celebración que dejó a las claras un sentimiento: que en el Levante es feliz. Su gol fue el último de un jugador nacional de los 1.025 en los 391 encuentros de Primera disputados en 2019. Entiendo, pero no comparto, que jugadores como Sergio León o Hernani puedan percibir que esta fiesta para poner el cierre al año no va con ellos. De ahí que apareciera de inmediato el míster para no solamente ensalzar el partidazo de los Roger, Morales y el revulsivo Mayoral sino también para suavizar la contrariedad y recordar los minutos en la recta final de León que dieron pie al definitivo 1-2 de Bardhi en Granada. Seguramente no sirva de consuelo para el ex del Betis, pero la realidad es la que es. Este nivelazo en ataque invita a despojarse de las ataduras y enterrar el sufrimiento de un final de curso pasado dramático.

Paco no firma nada y yo tampoco. Lo que también tengo claro es que no voy a mirar hacia abajo. No es nada nuevo porque llevo tiempo exponiendo este discurso. No me planteo otra cosa, aunque no olvido que el equipo arrancó 2019 en una cómoda décima plaza y terminó el curso pidiendo la hora en Montilivi ante un Girona que descendió y que en ese primer encuentro del año (justo ante los granotas) estaba incluso por delante en la clasificación. Hay muchos que seguro pensarán que hay más puntos que sensaciones y que los rivales hacen excesivo daño con errores que se repiten. En parte no les quito razón, pero también les recordaría que el cuerpo técnico trabaja a destajo no solamente para marcar diferencias en ataque sino también para encontrar esa solidez en la estructura defensiva y con ello el deseado equilibrio. Paco ha dado con la tecla, con ese once con matices según el escenario del cara a cara, con un bloque que se recicla y ha aprendido a recomponerse y no caer si recibe un golpe. Lo mejor es que hay todavía tanto margen de mejora que invita a soñar en estas fiestas y a arrancar la cuenta atrás a la vuelta a la competición en el Wanda Metropolitano del 4 de enero con la ilusión desbordada: a doce puntos del descenso y a cuatro de Europa.

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