la Folgatinha / OPINIÓN

Un salto de fe

7/04/2023 - 

VALÈNCIA. Aviso de spoiler. En una de las escenas finales de la película Indiana Jones y La Última Cruzada el famoso arqueólogo se enfrenta a la tercera de las pruebas que debe superar para llegar al Santo Grial. Indi tiene que cruzar un precipicio dentro de una cueva, pero al llegar al borde observa que no hay ningún puente y que entre él y el escondite de la copa sólo hay vacío. “Aquel que salte de la Cabeza del León probará su valía”, lee el aventurero en el libro que le guía durante su travesía. Atrapado, Indiana, que necesita el grial para salvar a su padre malherido, llega a la conclusión de que ha de dar un salto de fe. Reúne fuerzas, sopla, resopla, suspira, se lleva la mano izquierda al pecho y da un primer paso con su pie izquierdo. Entonces, en lugar de precipitarse al vacío, su pie se queda suspendido sobre una estrecha pasarela que se hace visible en ese momento. Indi avanza y llega hasta donde un viejo templario custodia el cáliz. El final ya lo conocéis.

Cuando Edinson Cavani firmó por el Valencia CF no sé porqué me vino esta escena a la cabeza. Su fichaje albergaba muchas dudas: edad, salario, dos temporadas de contrato, última lesión, preparación física, ritmo de competición... y, por encima de todo, la certeza de que el uruguayo buscaba un club que lo preparara para disputar su último Mundial y la incógnita sobre qué sucedería con su rendimiento posterior en Mestalla una vez finalizase su última aventura mundialista en Catar. Ese era el precipicio que había que cruzar.

Había más argumentos para negar su fichaje que para aplaudirlo, más allá de la brillante hoja de servicios del Matador de Salto y de la escandalera de las redes sociales, tan entusiastas como irreflexivas.

Y me acordé de Indiana Jones porque creer en Cavani era, exactamente, un salto de fe. Y decidí darlo. Con todo en contra. Pero su trayectoria, sus goles, su honestidad y sus reflexiones, que repasé antes de que firmara por el Valencia, me convencieron. Me pareció un tipo sencillo que reflexionaba sobre el fútbol y la vida mejor que lo hacen el 80% de los jugadores. Repasad la última entrevista para LaLiga. Llegaba un pistolero crepuscular a un club lleno de telarañas, como William Munny en Sin perdón entrando en Big Whiskey, ya que nos hemos puesto cinéfilos.

Su vuelta tras el Mundial no ha sido la esperada. Frente al Rayo no amenazó a Dimitrievski. Su sustituto, Hugo Duro, tuvo más presencia y Kluivert junior ya lo ha alcanzado como máximo goleador en liga. El debate sobre si convenía su fichaje, vistos sus números, y la comparativa con Hugo Duro me parecen oportunos. En cambio, yo lo disculpo.

Porque Cavani jugó lejos del área. Según las estadísticas de DAZN, al descanso era el tercer jugador del equipo más retrasado. Sólo Cenk y Diakhaby jugaron por detrás del uruguayo, que participó más en campo propio que en el del contrario. Intervino en 14 ocasiones, pero sólo una dentro del área. Cuando el equipo cargó el área contraria, Cavani ya no estaba en el campo. Y un '9' alejado del área no puede ejercer de '9'. No sé si es responsabilidad del jugador o de su entrenador.

Si frente al Almería, Baraja mantiene el sistema y alinea al combativo Hugo Duro por delante de Cavani, lo entenderé. Pero, como ya escribí por aquí en alguna ocasión, yo los mezclaría en la punta de ataque. Cabalgando juntos. El buldócer de Getafe y el pistolero de Salto, como Munny en Sin perdón, con problemas de vista, dificultades para subirse a la grupa de su caballo, viejo y lleno de achaques, pero, finalmente, temible. Y el equipo juega en Almería, cerca del desierto de Tabernas, capital del spaghetti western... Desenfunda Cavani. Es ahora o nunca. Yo, mientras, saltaré al vacío.