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Dígalo conmigo: el VCF necesita un nuevo entrenador

El Valencia necesita un nuevo entrenador, y no parece que ese vaya a llamarse Nuno, porque no hay ningún trabajo táctico reconocible

6/11/2015 - 

VALENCIA. La relación del Valencia con su entrenador es ya un pleno concurso de chupitos. A cada toma mayor grado de perjuicio. Se acabó la fase correctiva donde se discutía si Nuno debía hacer esta o la otra apuesta, si Nuno debía dar una u otra imagen, si Nuno era arrogante o un cachondo mental. Fin. El debate, el nuestro y el de quien manda, ha pasado a ser otro: hasta cuándo. ¿Un mes?, ¿dos? Y si todo sigue así, ¿cuánto más?

Entiendo que cuando un proyecto se traza a la larga es deprimente tener que dar una imagen cortoplacista. Pero insisto, ¿hasta cuándo? La herencia recibida, la de un buen Nuno capaz de erigir un buen Valencia, está bajo los fondos oceánicos. La cuestión es que el Valencia se va, que la pretemporada ya quedó muy lejos y que con esta perspectiva el equipo va directo a despeñarse y a perder toda posibilidad. Un golpe demasiado duro para un proyecto demasiado verde.

Se afirma con tibieza y nervio por todo lo que supone, pero ha llegado el momento: el Valencia necesita otro entrenador. No por lo que vemos, sino por lo que no vemos: ni mejora, ni trazas de recuperación, ni proyecto, ni propuesta, ni razón. No porque sean muchos los que le tengan manía, sino porque es su propio equipo el que ha perdido la fe.

El Valencia necesita un nuevo entrenador, y no parece que ese vaya a llamarse Nuno, porque no hay ningún trabajo táctico reconocible. Los planteamientos van a espasmos. Cuadrado mágico, revoluciones que solo aguantan diez minutos, improvisación… Apenas una apuesta previamente cocinada.

Porque al entrenador le ha desbordado el problema hasta convertirse en un problemón de problemas. Si la temporada pasada los deslices deportivos los gestionaba enfurruñado (no así los éxitos, de los cuales es fenomenal anfitrión), esta temporada la abundancia de errores no forzados lo han terminado de desquiciar, impotente, sin una plan de crisis, entregado a una improvisación chapucera de donde no parece saber escapar.

Porque los mejores jugadores del Valencia ya ni lo son. Por una extraña alquimia hombres fundamentales como André Gómes o Gayà han pasado a ser piezas insustanciales, perdidas en un campo de batalla sin orden ni concierto. El termómetro, la prueba del algodón. Si ni los mejores dan el nivel…

Porque el vestuario no muestra ninguna actitud de querer hacer piña en torno a su entrenador y revertir la debacle. Claro que les viene bien parapetarse tras Nuno para espantarse las excusas, pero es significativo que no se escuche ninguna voz reivindicando al míster. No es que haya animadversión, que la hay entre algunos, es que hay desidia, incomprensión.

Porque el conflicto con Negredo, la persistencia en dejarlo fuera de la convocatoria, lo único que hace es recalcar la debilidad de un entrenador que creía que castigando la subversión se haría fuerte, prefiriendo restarle opciones a su equipo para ganar él autoridad. Casi anecdótico en cuanto que poco aportaba Negredo, pero un nuevo símbolo de que el entrenador gestiona los fuegos con las manos manchadas de gasolina. Si puede acrecentar un problema, lo hace.

Porque los mensajes en Gante dibujan a un Nuno en el epílogo. Acusar a su futbolista más caro, con el que se entusiasmó, al que llamó la bomba, por el que se le escapaba una enorme sonrisa, de no estar implicado tiene el sonido de las acusaciones postreras, de querer que el debate sea otro porque si empezamos a hablar de fútbol…

Porque no hay ni una mejora. Nada. Ninguna. Pese a victorias funcionariales (que han hecho que las costuras sigan resistiendo) el equipo empeora partido tras partido, pidiendo cambio a gritos. El entrenador les responde con más confusión.

Todos saldríamos ganando si el nuevo entrenador que necesita el Valencia fuera Nuno, un Nuno cambiado, pero la realidad, fastidiosa como ella sola, lo dice claro: Nuno no puede, o no sabe, o no puede ni sabe. El debate ya es otro: ¿Hasta cuándo?

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