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opinión pd / OPINIÓN

Viudas y exnovias

20/01/2021 - 

VALÈNCIA. Me voy a meter en un terreno pantanoso, pero aquí hemos venido a jugar: hoy voy a hablar de las exnovias. Estos días he tenido que aconsejar a un amigo que está destrozado porque lo ha dejado con su chica, y no sabía qué hacer. El pobre chaval no sabe si continuar siguiéndola en Instagram; bloquearla, odiarla o seguir siendo amigos como si nada. Mi consejo fue rotundo: si eres del Valencia, sabrás lo que debes hacer.

Porque en el valencianismo tenemos un master en exnovias y relaciones amorosas finiquitadas de diferente índole. Desde las rupturas más dolorosas por engaño como la de Mijatovic; pasando por las de buen rollo como la de Silva o Villa; para acabar por las inexplicables como la de Benítez o Marcelino.

Pero, siguiendo con mi amigo, no sabía muy bien a qué me refería porque él es del Valencia CF pero tiene la mente un poco nublada con todo ese dolor de corazón. La quería mucho, estaba enamoradísimo de ella pero, por desgracia, sus caminos se separan. Se nos rompió el amor de tanto usarlo.

Y es que en el valencianismo, cuando los caminos se han separado, lo hemos pasado todos mal pero no todos hemos reaccionado igual ante ello, le dije.

Están los que siguen llorando a moco tendido y acordándose cada día de lo que pudo ser y no fue. Este fin de semana lo hemos comprobado con Marcelino (aunque los periodistas hemos tenido gran culpa de ello, la verdad). Mucha gente ha alabado el buen hacer del técnico asturiano –a quien reitero mi felicitación tal y como hice también en privado- y como plañideras el seguir rememorando lo bonito que fue mientras duró. A esta gente se le denomina viudas. Lloran, lloran y lloran sin consuelo de algo que ya no está ni se repetirá. Todos hemos sido un poco viudas en algún momento con una novia del tipo que sea, pero de ahí, a aplaudir cada polvo que pega tu expareja…pues no. Yo me alegré con la Champions de Benítez, la liga de Ranieri o la Supercopa de Marcelino, lo reconozco pero ya está; igual que me puedo alegrar de que una exnovia de la que guardo buen recuerdo tenga un hijo, supere un problema de salud o le toque la lotería (bueno de esto último no tanto). Por mucho que la quisieras y por muy idiota que fueras por dejarla escapar o viceversa, en ningún caso hay que dar la brasa cada vez que le sale algo bien a la tía o se liga a un tío que conozco. Me alegro por ella, no por mí, porque mío ya no es nada. ¿Qué somos leones o huevones?

Luego están los que no quieren saber nada, se encierran en su mundo y hacen de su vida una burbuja. Desde el día en que se acaba la relación dejan de tener interés en todo lo que haga esa persona, sea bueno o malo ya que no les incumbe y, probablemente, sea perjudicial para su salud mental. Estos podían ser los pasotas. Los que bloquean en redes a sus exnovias e intentan salirse de los grupos en los que ella está, además de silenciarla en Facebook (los que tengan a estas alturas). Esto es un arte porque no es nada fácil ya que no saben si van o vienen, si suben o bajan, si ganan o pierden. Son negacionistas del desamor en estado puro. En el Valencia CF lo hemos visto muy a menudo, pues normalmente se abstraen de cualquier cosa que no sea del conjunto de Mestalla hasta el punto de perder la pista a jugadores que han sido importantes. Es una actitud de autocontrol importante, sobre todo teniendo en cuenta que en los medios bombardeamos con noticias sobre exjugadores, extécnicos o exdirectivos. Lo vimos esta semana con las palabras de Parejo o con la candidatura de Laporta con Mateu Alemany. Cosas que duelen, dejan de existir. En el fútbol así como en el amor, el “bon vent i barca nova” es un lema para este grupo.  Yo conozco gente en el VCF que ha silenciado palabras en twitter como Marcelino, Mateu Alemany o similares por abstraerse de su película. El “no me interesa no juega en el Valencia CF” o “si no es de mi equipo me da igual” son frases también recurrentes al más puro estilo “ya se apañará” o “ni lo sé ni me importa”.

Y luego están los haters. A este grupo de gente le pega mal todo. Si la exnovia adelgaza dice que la ve mal; si engorda que se está dejando; si se cambia el coche es que tiene que darse un capricho para salir adelante; y si no se lo cambia, que vive del recuerdo….acaba siendo agotador seguirles el rollo. Lo mismo que en el Valencia CF, cuando sale un jugador o técnico del equipo y lo único que quiere es que les vaya como el culo –a él o al equipo en cuestión-.  Estos son los que te fríen el whatsapp con capturas de sus enemigos cada vez que meten la gamba, y que solo siguen a la exnovia, examigo, expareja o ex de tu equipo en cuestión para rajar. Tengo que reconocer que es una postura fácil al principio, pero a larga te desquicia por completo ya que tanto odio no puede llevar a buen puerto. Lo hemos vivido con Ferran, Paco Alcácer o con la situación social del Valencia CF, donde la batalla campal y la salpicadura de mierda está a la orden del día.

Sea como fuere, le dije a mi bro que lo importante es que, tomara la actitud que tomara con su ex, la vida seguía y no sabíamos si hoy, mañana o dentro de varios años encontraría a esa persona que le volvería a hacer feliz. Que, en el mejor de los casos, quizás ya la conocía y solo debía darse el momento para que eso fructificara (como me pasó a mí). Justo como en el Valencia CF, que lloramos a Ranieri, Benítez y Marcelino; nos desilusionamos con Mendieta; y odiamos a rabiar a Mijatovic tras su salida. Pero siempre, siempre, siempre ha aparecido alguien para recordarnos que el Valencia CF está por encima de todo, que hay vida, podemos levantarnos y  somos un equipo grande. Sobre todo –y con más motivo- si hay alguien que ya ocupa tu corazón, tu banquillo o tu centro del campo. Porque ¿qué pensará esa nueva persona que aparece en tu vida de que le estés comparando continuamente con la anterior?

Dicho todo esto, mi amigo sonrió, me dijo que tenía razón en todo lo que concernía a mirar al futuro pero que estaba equivocado en una cosa: Todos pertenecíamos de alguna manera a alguno de los grupos dependiendo del momento, de la persona o de la forma en que hubiera acabado.

Asentí, sonreí y los dos nos miramos ilusionados con el único objetivo de darnos un abrazo de la mejor forma que supimos y sin tocarnos….

Alzando un maravilloso ¡AMUNT VALENCIA!


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