Análisis

Baloncesto

LA CANTINA

A Esteban Albert le viene grande el traje

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Después de varias temporadas, desde que estaban en la Liga 2, pegándome grandes atracones del Valencia Basket femenino, ha llegado el año en el que me he desenganchado. No ha sido algo premeditado. Simplemente no me apetece ir a verlas jugar. No es solo que el equipo sea peor. Es algo más profundo, algo que tiene que ver con las emociones, con la identidad, con el amor propio.

Es como la novia a la que solo le ves virtudes y un día empieza a molestarte esa risita aguda que de repente no soportas. El día que empiezas a pensar que igual estás dejando de estar enamorado, ya has dejado de estarlo. Algo así me ha pasado con el equipo de Rubén Burgos: ya no estoy enamorado. Aquel grupo aguerrido que jamás se descolgaba de los partidos, ahora es una formación que ha dejado ir en los últimos minutos varios choques que tenía dominados. Esas derrotas han sido su risita aguda.

La plantilla es un desastre. Las decisiones tomadas el último verano han sido erróneas, pero lo peor es que este equipo es la consecuencia de una pésima planificación a medio plazo por parte de este profesional al que alguien tuvo la ocurrencia de llamarle el arquitecto: Esteban Albert. El director deportivo, a punto de cumplir 62 años, no ha sabido ser el arquitecto de un proyecto en el que el mecenas, Juan Roig, ha sido muy generoso. Albert ha demostrado que le viene grande el traje. Su primer error, crucial, fue que le pasara por delante el Perfumerías Avenida en el fichaje de Iyana Martín. El equipo charro, una sombra de lo que fue, fuera incluso de la Euroliga, le birló a la base con más futuro del baloncesto español y probablemente europeo. Una jugadora que, además, es íntima amiga de Awa Fam, la perla de l’Alqueria. Iyana y Awa, al lado de Raquel Carrera y Elena Buenavida, deberían haber sido los pilares del Valencia Basket para los próximos diez años.

Ahora, un parche encima de otro, el equipo tiene a cuatro bases que no contentan a nadie. Leti Romero era la mejor segunda base de España y debería haber seguido siéndolo. Pero Albert, el único que parece no ver sus limitaciones físicas, decidió que debía ser el timón de este equipo y la reforzó con una segunda base, Marija Lekovic -a quien parece ser que ahora quieren cortar-, que debería haber sido la tercera. Con Cris Ouviña, más allá de la maternidad, están recogiendo la apuesta de hacerle contratos muy largos a dos jugadoras en su ocaso: la base y Queralt Casas, hoy convertida en un problema grave en el vestuario porque considera que sigue siendo la jugadora que se convirtió en el alma de este Valencia Basket pero ya no lo es. Queralt Casas es un problema gordo y el club ha permitido que lo sea. 

Albert también decidió seguir dándole cuerda a Alina Iagupova, una jugadora que acabó haciendo lo que le daba la gana. Acabó cortada. Pero tarde y mal. Ahora todo el peso en esa posición recae en un jugadora como Leo Fiebich, que está lesionada y deja un vacío gigantesco en los próximos partidos.

Y en la pintura Albert decidió prescindir de Nadia Fingall, en contra de lo que quería el entrenador, para traerse a la española María Araújo. La comparación, ahora mismo, es demoledora. En Zaragoza, un rival directo, aún están brindando por el regalo.

Rubén Burgos también tiene su parte de culpa en la deriva de este equipo. El técnico valenciano, que siempre ha reforzado públicamente esa imagen de hombre de club, de empleado servil, que ahora se le viene en contra, salvó la temporada pasada al ganar la Liga. Ese éxito es lo peor que le pudo pasar al equipo. Esa victoria, notable, está claro, retrasó la limpieza y la reestructuración de una plantilla que a partir de la Copa de la Reina dio síntomas de estar en las últimas. La Liga, muy probablemente, se celebró porque la precariedad económica del Spar Girona le obligó a firmar una cláusula que permitía a sus estrellas marcharse a la WNBA a pesar de que el equipo tenía los playoffs por delante después de haber ganado la liga regular.

Ahora, unos meses más tarde, el Valencia ha dado un paso atrás y el Girona y el Zaragoza, uno adelante. En la Liga Femenina van varias victorias por delante en la clasificación, y en la Euroliga, el Valencia se ha quedado fuera de la lucha por el título mientras sus rivales siguen en pie. El conjunto de Carlos Cantero tendrá que disputar el play-in. Roberto Íñiguez, el mejor entrenador de Europa, ha alcanzado su décima Final Four (ahora Six) con siete equipos diferentes. Eso sí, aquí siguen odiándole y hablando mal de él.

Albert, en vista del desastre, ha entrado en modo supervivencia. El director deportivo le habla mal al entrenador cuando pierden fuera de casa. Para que todo el mundo lo vea. Y una vez hasta se metió en un extremo del banquillo para darle indicaciones a unas jugadoras. Una forma sensacional de desacreditar a Rubén Burgos, al que ya ha sentenciado después de culparle de todos los males del equipo. Mientras el técnico intenta enderezar la temporada, el club ya le busca sustituto y pregunta por Bernat Canut y otros.

Burgos se sabe sentenciado y esa es una noticia pésima cuando el equipo aún tiene por delante dos retos como son la Copa de la Reina y los playoffs de la Liga. Es una pena que el año de la mudanza al Roig Arena, que ha sido un estímulo para el equipo masculino, no lo haya sido también para el femenino, que aún está a tiempo de salvar la temporada, pero no tiene pinta, la verdad. ¿A quién enamora este Valencia Basket?

Recibe toda la actualidad
Plaza Deportiva

Recibe toda la actualidad de Plaza Deportiva en tu correo