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OPINIÓN PD / OPINIÓN

Alumbramiento

25/07/2020 - 

La elección y posterior contratación de un entrenador es, posiblemente, la maniobra más importante en un club de fútbol. Esta debe ser pilotada por profesionales que previamente hayan marcado la filosofía de juego que pretenden para su equipo en base a las aspiraciones competitivas del mismo, a un estudio pormenorizado de los rivales con los que deberás disputar dichos objetivos y la la idiosincrasia propia de la entidad: hay aficiones que son más proclives a un equipo vistoso y lucidor mientras hay otras que se identifican más fácilmente con un grupo luchador y compacto. Una vez determinada la personalidad futbolística pretendida, la lógica invita a rastrear el mercado para tentar a un entrenador que quepa dentro de los parámetros económicos posibles y que, habiendo estudiado sus precedentes e investigado en la medida de lo posible todos aquellos detalles acerca del candidato que puedan hacerlo adecuado o no para su contratación, acometer la misma y , así, emprender un camino juntos con la intención de que sea lo más duradero posible puesto que deberá participar también  -desde similares procesos de selección profesionales- en la readaptación de una plantilla a corto, medio y largo plazo. Este sería -con muchos matices y añadidos- el proceso más o menos lógico que debería conducir al inquilino de un banquillo serio, responsable y profesional pero es justo lo contrario que está sucediendo en el Valencia CF. Lo que está apunto de producirse en este Valencia tendría más que ver con un ‘alumbramiento’ cocinado entre manos torpes de gente inexperta que puede acabar en la contratación de un entrenador más o menos competente -si aceptan el consejo de alguien responsable- o en un fichaje exótico y rocambolesco si es que termina imponiéndose la ocurrencia caprichosa del amiguete de turno.

El aficionado aguarda ansioso la fumata blanca y, aunque ya no se fía de quienes mal gobiernan el Club, lo hace con la sana esperanza de que se adopte una decisión más responsable que todas las últimas protagonizadas por Meriton. Pero, sea cual sea la decisión final que incluso puede hacerse pública mientras cualquiera lee estas líneas o incluso haberse publicado ya, es evidente que no es el fruto de un proceso profesional sino la consecuencia de un capricho más porque, lo realmente inquietante es que en Valencia de Lim... no existen los procesos y sí la concatenación incontrolada de improvisaciones que nos conducen al ‘sinsentido’.

Sea quien sea el elegido debe tener claro que no rendirá cuentas a un Director Deportivo con el que hable el mismo idioma sino que tendrá que hacerlo ante un ‘Caudillito’ que no tiene ni la más remota idea de fútbol ni de cómo se manejan egos y talentos en un vestuario. Cualquier conversación futbolística estará condenada al fracaso porque enfrente tendrá una pared en la que no penetra concepto futbolístico alguno: no saben y tampoco están dispuestos a aprender porque creen que sí saben. Sea quien sea el ‘ungido’ debe interiorizar que lo único importante en este Valencia es hacer caso al máximo accionista y reírle las gracias a su emisario en la ciudad franqueándole la puerta del vestuario para que se sienta cómodo y poderoso. Debe tener claro que, si con esa estrambótica forma de funcionar, no llegan los éxitos deportivos acarreará con el peso de la culpa pero tendrá una despedida amable por haber sido obediente. Si, atendiendo a las ocurrencias de la propiedad, se alinean todos los astros y se produce el éxito, deberá ser muy cuidadoso y esquivar cualquier elogio externo que pueda importunar el ego de los jefes porque entonces despertará una tempestad de celos que se lo llevará por delante como se llevó a otros y si decide tomar el camino de la ortodoxia profesional tratando de llevar a cabo su cometido sin atender a las excentricidades de la ‘propiedad’ ... que no se preocupe en mirar la clasificación porque el Valencia 3.0 no se ha construido para ganar partidos de fútbol sino para engordar el ego de su ‘amo’.

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