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Exigencia es la palabra

14/02/2021 - 

VALÈNCIA. El Valencia dio por bueno el empate en Bilbao. Pese a que Javi Gracia aseguró que el equipo había ido a por la victoria ante el Athletic, lo bien cierto es que se pactaron las tablas. Porque en la segunda parte no vimos a un Valencia afilado. Ni con la convicción en el triunfo. Ni siquiera el hecho de enfrentarse a un rival diezmado por las bajas de sus mejores futbolistas, y que acumulaba cansancio copero, sirvió como acicate para lograr tres puntos que estaban al alcance. Gracia no agitó el partido. Y eso que estaba tierno. El entrenador no metió una quinta velocidad que hubiera resultado decisiva y solo realizó los cambios para conservar un exiguo botín. Ese empate nos dejó más o menos como estábamos. Es cierto que había riesgo de que el rival te sorprendiera a la contra. Por supuesto. Pero se puede intensificar el ataque sin perder solidez defensiva. Cada vez estoy más convencido de que se dejó escapar una oportunidad de oro para ganar el partido.

Llegados a este punto, la sensación que me dejó el Valencia fue la de un equipo conformista. Un conjunto que echó el freno de mano en un partido que pedía a gritos lanzarse a jugarlo a un ritmo endiablado. A estas alturas de la Liga, aún no he visto a ningún equipo que vaya firmando empates por los campos de fútbol. Ni siquiera esos conjuntos cuyo único objetivo es la permanencia y que celebran sumar de uno en uno. Esa actitud tan conservadora, tan pausada, solo se la he visto al Valencia. Insisto, estoy convencido que con algo más de nervio, acompañado de algún movimiento desde el banquillo, se habría regresado de San Mamés con el triunfo. Pero faltó ese mensaje ganador desde el banquillo. El entrenador solo hizo dos cambios. El tercero, el de Álex Blanco, fue para tapar la banda…. Para no perder.

No me gusta nada esa falta de exigencia. Esa especie de autocensura competitiva. Parece que en el ambiente flota el hecho de que el objetivo no es otro que eludir el descenso. Y que con eso se cumple. Pero no. Para nada. A mí no me gusta. Creo que hay que elevar el listón. Porque es algo posible. Hay mimbres para hacer un algo más de lo que vimos en Bilbao. Por lo menos, afrontar el partido con la personalidad que lo hizo el Levante de Paco López en Copa. Es cierto que el Valencia está a cuatro puntos de los puestos de descenso, pero la séptima plaza no está tan lejos. Solo está a seis puntos. Si miramos los puestos que pueden dar derecho a jugar en Europa la próxima temporada, hay menos equipos por delante que por detrás. Por este motivo, yo prefiero mirar hacia arriba antes que hacerlo hacia abajo.

¿Podemos pensar en la séptima plaza? No sé cómo acabará la temporada, pero apuesto por transmitir ahora ese mensaje un poco más ambicioso. Soy partidario de tener algo más de amor propio. Prefiero nadar y quedarme en la orilla de Europa, que ver a un Valencia afirmando en pleno febrero que el objetivo es no bajar a Segunda. Ya sé que el equipo ha perdido a sus futbolistas más importantes esta temporada, y que la plantilla está cogida con alfileres, pero acaban de llegar tres nuevos fichajes a Mestalla. Espero que los refuerzos insuflen algo de aire fresco al vestuario. Además del plus de mejora cualitativo que aportan Ferro, Cutrone y Oliva, su ilusión debe de servir para animar al colectivo a la hora de lanzarse a gestas un poco más relevantes. Empezando por salir a ganarle al Madrid.

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