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opinión pd / OPINIÓN

La verdad de Gracia

14/10/2020 - 

VALÈNCIA. Decía Antonio Machado que “La verdad es lo que es, y sigue siendo la verdad aunque se piense al revés”. Y es cierto que, aunque existan diferentes puntos de vista para analizar la realidad, en psicología cognitiva se entiende el concepto de “verdad” como aquél que pretende ver lo que ocurre desde la objetividad, sin sesgos cognitivos (o “errores de pensamiento” que buscan verla como se quiere que sea y no como es). En este sentido y en esta línea, la Real Academia Española de la Lengua entiende “verdad” como la “conformidad de las cosas con lo que a ellas se refiere”, “conformidad de lo que se dice con lo que se siente y se piensa” o “juicio o proposición que no se puede negar racionalmente”. Es decir, es la que es y no como queremos que sea, tal y como se plantea desde la psicología.

De esta forma, hay personas que quieren “poner los pies en el suelo” (“verdad”) para a partir de ahí hacer todo lo posible en busca de optimizar el funcionamiento, y otras que, en lugar de hacer todo lo que esté en sus manos desde esa visión objetiva de la realidad, pretenden “ver las cosas según les interesa” justificando un hecho a través de una interpretación sesgada o parcial, ciertamente alejada de esa realidad objetiva y, por tanto, actuando (y haciendo que actúen otros) en función de distorsiones cognitivas, sesgos o creencias irracionales (“mentiras” podríamos decir). Resumiendo, si se actúa en función de esa verdad o ideas potenciadoras, se funciona mejor y si se hace en relación a estos sesgos cognitivos, ocurre lo contrario.

En el deporte, sobre todo en el alto rendimiento, no valen las mentiras. Se enfrenta un deportista contra otro. O un equipo contra otro. Y en un deporte colectivo como el fútbol, se tiene que gestionar una plantilla que tiene que dar su máximo para poder estar en las mejores condiciones para que, cuando compita, ser mejor que su rival y así tener más opciones de ganar: juegan once contra once donde ganará el que lo haga mejor, sin más.

En psicología del alto rendimiento buscamos la manera en que los deportistas (y las personas relacionadas directamente con ellos) funcionen a través de esas ideas potenciadoras, basadas en esa verdad objetiva, porque eso favorecerá que alcancen su estado óptimo de funcionamiento psicológico rindiendo mejor.

El (en el momento que escribo estas líneas) actual entrenador del Valencia CF, Javi Gracia, parece que esto lo tiene muy claro. Desde un primer momento, puso los pies en el suelo, es decir, ha dicho las cosas tal y como realmente cree que son (buscando seguramente esa verdad objetiva), diferenciando su opinión de los hechos. Por ejemplo, lo hizo el once de septiembre cuando explicaba cuáles eran las sensaciones suyas y del equipo antes del inicio de liga. O cuando el equipo salió derrotado después del partido contra el Betis en Mestalla. O cuando escribió esa famosa carta después de poner su cargo a disposición del club. Parece que es su forma habitual de actuar.

Cuando una persona quiere ser honesta, sincera, buscando esa verdad objetiva (que, repito sabemos beneficia el rendimiento) y lo hace con “toda su alma”, se le nota. Se nota por ejemplo si está a gusto o a disgusto. Y seguramente lo transmite por algún lado (¿Recuerdan “El lenguaje corporal de Javi Gracia comunica disgusto”?). Y eso también lo perciben unos futbolistas que, si se combina bien esta estrategia con el manejo de otros aspectos, por ejemplo, genera una implicación por parte de todos los que pertenecen a ese equipo.

Probablemente esta es una de esas grandes claves de que el Valencia CF ahora mismo tenga siete puntos en Liga de cinco partidos disputados, y los jugadores hayan manifestado que el entrenador siga “dirigiendo el barco”.

Lo ideal sería que todo el club, todos los que tienen una incidencia en el equipo, vayan en la misma línea, porque sabemos que “el equipo de éxito se construye desde arriba”. Desde luego, a todo esto no ayuda que, por ejemplo, el entrenador de un equipo de fútbol sienta que “le ponen zancadillas desde dentro” (lo que perjudica la estabilidad y genera un agotamiento innecesario) y pueda centrarse en lo que es realmente importante desde su verdad, con total honestidad. Pero claro, una cosa es el ideal, y otra lo que realmente ocurre.

Pies en el suelo. Valorando todas las opciones. Buscando soluciones útiles. Implicando a los futbolistas. Plantear expectativas ajustadas. Todo ello son aspectos necesarios para que un equipo funcione. Son cosas, que se perciben en Javi Gracia.

¿A partir de ahora? Quiero pensar (porque lo ha demostrado con hechos) que el actual entrenador del Valencia CF (esperemos que lo siga siendo al acabar de escribir estas líneas), seguirá actuando mostrando esa honestidad, poniendo “las cartas encima de la mesa” y buscando soluciones útiles en función de las circunstancias, a pesar de los pesares. Porque la verdad es la que es y, aunque se lo pongan difícil a Gracia, sigue siendo la verdad. Vorem.

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